Cine Joven Cubano en el Sur dedicó su última edición al audiovisual dirigido por mujeres

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Fotograma de ‘I Love Papuchi’, Rosa María Rodríguez, dir., 2017, una de las películas incluidas en la programación de Cine Joven Cubano en el Sur

Cine Joven Cubano en el Sur es una bocanada de aire fresco en medio del panorama audiovisual de la isla. No sólo porque es otro espacio enfocado en la producción de quienes ahora mismo intentan forjar nuevas estéticas y erigir nuevos discursos cinematográficos en Cuba, sino porque ofrece un encuentro sistemático más allá de las fronteras del país con propuestas de lecturas y de enfoques analíticos contemporáneos de nuestro cine.

Gestado desde Uruguay, este evento, que realizó su 4ta edición, correspondiente al año 2020, entre el 9 y el 11 del presente mes de diciembre, busca visibilizar las voces más singulares de cineastas y creadores audiovisuales con obras abiertas a realidades poco exploradas en Cuba; películas a su vez que propician debates alrededor de problemáticas imprescindibles en el espacio público actual del subcontinente: “el género, la migración, la educación, la sexualidad, la política y la noción de cine en sí mismo”, según apuntaron los organizadores del evento en la página oficial de Facebook.

Entre los objetivos fundamentales de este certamen se encuentra “propiciar el consumo, debate y aprendizaje de otras miradas sobre la cultura cubana, contada por jóvenes creadores que utilizando el audiovisual reflexionan y deconstruyen su realidad e imaginarios estereotipados sobre la isla”.

Resulta consecuente con un contexto global tendente a la transnacionalidad que los organizadores de Cine Joven Cubano en el Sur insistan justo en crear “nuevos espacios de exhibición y distribución para el cine cubano contemporáneo”; una plataforma de intercambio, de naturaleza política, que permita construir una cartografía del país diferente a la internacionalizada por la industria turística o la propaganda ideológica.

La presente edición de la muestra estuvo enfocada en el audiovisual dirigido por mujeres, con una excelente programación que reunió catorce propuestas que se movieron entre ficción, documental, animación y filmes experimentales. A cargo de la historiadora del arte y crítico María Nela Labeque, curadora y directora creativa de Cine Joven Cubano en el Sur, se orquestó una selección que evidencia la riqueza de las experiencias audiovisuales ensayadas por mujeres, la inventiva de sus ejercicios formales y la profundidad de sus acercamientos a la realidad.

Las películas exhibidas en esta ocasión están destinadas, en parte al menos, a retar las expectativas receptoras con el fin de generar un consumo intencionado que favorezca el lugar que ocupan las mujeres tanto en el campo del cine como en la sociedad en general. Juntar estos filmes ofrece una oportunidad única de constatar cómo las realizadoras –Heidi Hassan, Marta María Rodríguez, Diana Montero, Violena Ampudia, Aida Esther Bueno Sarduy, por poner algunos ejemplos– abren un terreno de reflexión que permite pensar las determinaciones y consecuencias del cuerpo sexuado, así como las marcas de representación de la femineidad instauradas por normas culturales y espacios sociales. En cada uno de los filmes mostrados encontramos un modo de intervención en los discursos de poder heteropatriarcales y una politización del lenguaje audiovisual que posibilita la deconstrucción de los signos de la diferencia sexual.

Entre los filmes que se proyectaron en esta 4ta edición de Cine Joven Cubano en el Sur vale destacar Tierra roja (2008), de Heidi Hassan, una película que sobresale ya entre las más notorias del cine cubano de este siglo, y no sólo entre las realizadas por mujeres cineastas. Aunque, ciertamente, uno de los grandes valores de Tierra roja reside en la destreza con que su directora subjetiviza la narración y el plano expresivo hasta hacerlos depender, por completo, de la voz de la protagonista. De este modo, no es sólo el drama de la emigración y sus consecuencias sobre la sensibilidad, la vida y el imaginario de una persona cuanto aflora en el discurso, sino esa experiencia desde la racionalidad y la realidad física de una mujer, madre por más señas.

Este cortometraje tiene además la virtud de ostentar una complejidad dramatúrgica y una estilización en el uso de la fotografía, el montaje y el sonido que le imprimen un tono poético al relato sumamente revelador en términos comunicativos, y que muestran a Heidi Hassan como una realizadora capaz de pulsar los códigos más renovadores del cine contemporáneo.

Otra película que cabe señalar de la muestra es I love Papuchi (2017), de Rosa María Rodríguez, también una de las voces más singulares de la creación audiovisual cubana actual, sobre todo por su creatividad para manipular los códigos del cine de género desde una sensibilidad abiertamente feminista. El suyo es un cine que hurga en las problemáticas sociales concernientes a su sexualidad y en el imaginario propio de las mujeres desde pautas formales sistematizadas por el cine clase B, el cine de terror o el gore.

Sin embargo, I love Papuchi se distancia bastante de esta gramática para ensayar un tono diferente. En este caso, Rosa María Rodríguez consigue, con total organicidad, asumir fórmulas típicas del documental, tanto en lo visual como en lo narrativo, para estructurar un relato de ficción. El naturalismo de este cortometraje debe mucho a la naturaleza argumentativa del relato, que avanza según va acumulando información y no a través de acciones dramáticas concretas. La realizadora logra extrañarnos frente a un personaje femenino que da testimonios de la relación que sostiene con su pareja. Y de este modo, expone los peligros de las ideologías culturales con que la hegemonía masculina modela a las mujeres y valoran su sexualidad.

Del terreno estrictamente documental, quisiera destacar el pase de La espera (2019), de Violena Ampudia, una película que explora el embarazo adolescente. Además de la destreza de la realizadora para manejar las convenciones del documental observacional, es importante subrayar su inteligencia para direccionar argumentalmente la temática. La organización del material filmado –sobre todo los testimonios de las muchachas, principales agentes narrativos de La espera– supone un apreciable trabajo de estructuración dramatúrgica. Este filme, además, resulta tan significativo por la sutileza con que vuelve a calar en una problemática que afecta radicalmente a la sociedad cubana y, en específico, al lugar que en ella ocupan las mujeres.

El tema del embarazo adolescente se retoma en la muestra a través del excelente documental Abecé (2013), de la realizadora recientemente fallecida Diana Montero, a quien Cine Joven Cubano en el Sur dedicó en esta ocasión una muestra retrospectiva en homenaje.

Abecé se adentra en la cotidianidad de una adolescente de la Sierra Maestra (zona montañosa del oriente de Cuba) que está casada con un hombre mayor que ella y tiene un hijo que atender en condiciones de vida bastante precarias. Desde su estreno, este filme se convirtió en una obra de referencia del cine cubano contemporáneo, no sólo por el impacto de la realidad que observa o la sagacidad antropológica con que Diana Montero indaga en la vida de esta niña, sino también por su contribución a reinventar el estilo y el lenguaje del cine documental cubano.

La joven directora logró, desde una postura radicalmente femenina, sacar a la esfera pública perfiles pocos explorados de la mujer cubana, más que nada de ciertas marginalidades sociales y emocionales que esta experimenta, lo que se aprecia también en otras películas incluidas en la retrospectiva que ofreció el evento: Milagrosa o Él eres tú. Definitivamente, esta muestra homenaje a Diana Montero volvió a direccionar la mirada sobre una creadora que, pese a su corta edad, dejó una obra sólida, de una gran creatividad audiovisual y de una profundidad discursiva impactante.

En paralelo a la muestra cinematográfica, la 4ta edición de Cine Joven Cubano en el Sur realizó una mesa-debate que tuvo como tema “Cine y perspectiva de género: mujeres y discursos disidentes desde el audiovisual contemporáneo en América Latina”. Conducida por la propia María Nela Lebeque, la integraron jóvenes creadoras latinoamericanas que reflexionaron sobre la apertura de espacios desde los cuales visibilizar la obra de las mujeres, pensar su posición en la vida cívica contemporánea, y rearticular las construcciones históricas del género femenino en la sociedad.

Inés Lage, fotógrafa uruguaya, cofundadora de FemeMina, un festival de cortometrajes hecho por mujeres, Anaeli Ibrarra, crítica e investigadora cubana, Yamila Marrero, productora cubana, coordinadora de Nuevas Miradas y productora ejecutiva de Wajiros Films, Gisette Rosas, periodista audiovisual venezolana, fundadora del podcast Negra Como Yo y Ángela López Ruiz, curadora uruguaya, investigadora y videoartista, compartieron sus experiencias personales para dejar constancia de un trabajo enfocado en rearticular las tecnologías sociales y los discursos institucionales que regulan la vida de las mujeres hoy en Latinoamérica.

La 4ta edición de Cine Joven Cubano en el Sur, que dada la actual situación sanitaria provocada por el coronavirus tuvo lugar, simultáneamente, de forma presencial y en línea, constituyó una oportunidad extraordinaria para oxigenar el espacio cultural cubano y latinoamericano, al proponer una mirada esencial que está reinventando el cine y su consumo en la contemporaneidad. La calidad del programa que presentó la muestra y la certera proyección de la temática escogida, hacen de este evento una iniciativa sustancial que consigue potenciar el cine emergente cubano.

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ÁNGEL PÉREZ
Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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