Rodolfo Livingston (FOTO Infobae)
Rodolfo Livingston (FOTO Infobae)

En marzo del 2020, ocurrió la Primera Semana de la Arquitectura Independiente Cubana, la cual organicé junto a otros arquitectos y el Colegio de Arquitectos de la Habana. Dos días antes de que la ciudad que hasta ese entonces conocíamos, declarara la cuarentena y no volviera a ser nunca la misma, afirme frente a la audiencia allí reunida, que Rodolfo Livingston había causado un daño cerebral irreparable en ya cuatro generaciones de arquitectos cubanos. En resumen, que necesitábamos pasar página. Una profesora del público se levantó y me preguntó si había leído su libro. Le respondí que no.

Rodolfo Livingston, junto a Selma Díaz, es el creador de lo que conocemos hoy en Cuba como “el arquitecto de la comunidad”: un programa de diseño personalizado para cada familia, que desea construir o ampliar su propia vivienda de manera autónoma. La diferencia entre las ideas recogidas en su libro Arquitectos de familia y su implementación en Cuba hoy, son tan bastas que, a ratos, parece que se trata de mundos paralelos. En ese entonces juzgué sus ideas solo por sus consecuencias, no leí su libro porque mi arrogancia de entonces me hizo pensar que la realidad era la única lección posible.

Pero, a veces, las buenas ideas no sobreviven a la política, por eso la ficción tiene que sernos suficiente. Livingston vino desde Argentina y dedicó cuatro años de su vida a viajar por toda Cuba a principio de los noventa, acompañado de Selma Díaz, buscando la utopía de una arquitectura de raíz social, que emanara de la gente y que respondiera las preguntas correctas. Sus conferencias y talleres cambiaron la mentalidad de cientos de profesionales en toda la isla. Recuperó el sentido humanista de la arquitectura cubana, perdido en la centralización y sovietización de la construcción comenzada en los años setenta. No solo dio oxígeno a la dormida disciplina nacional, sino que retó a nivel político la caduca centralización y la arrogante idea, fomentada hasta hoy por el Ministerio de la Construcción, de que la arquitectura es solo construir.

Gracias al esfuerzo de la ONG Proyecto Hábitat y de muchas personas en las comunidades, la idea del arquitecto de la comunidad se convirtió en un programa nacional con la posibilidad real de cambiar las condiciones de vida de miles de personas, haciendo un uso estratégico de los recursos existentes. Pero lo que parecía un principio fue precisamente un final. Esta tarea nacional fue muy pronto absorbida por la burocracia del Instituto de la Vivienda, una vez se disolvió la ONG que impulsaba el proyecto.

El tiempo convirtió la ambición de hacer más con menos, en la frustración de solo poder hacer menos con más. El arquitecto de la familia abandonó su propósito, y a su “familia”. El Instituto de la Vivienda hizo de este un censor, un dificultador de procesos, un inspector. Y aunque existen muchas excepciones a lo largo del país, pasará mucho tiempo para eliminar de la memoria colectiva, la idea de que el arquitecto de la comunidad es solo aquella persona que te “resuelve” tus papeles. El rostro al que culpamos por la muerte de las ideas.

Esta decadente fantasía política de convertir consignas en formas ha terminado siendo una tortuosa relación entre autoría, repetición, corrupción y mediocridad. Pero hacer una arquitectura participativa sigue siendo en Cuba (y en el mundo) una posibilidad disponible. El origen de las ideas siempre ha sido fuente de nuevos comienzos. Leer a Livingston sigue teniendo sentido. Sigue siendo urgente. Hoy Rodolfo tiene 90 años y en sus palabras y en las de su compañera Nidia Marinaro, la joven arquitectura cubana encuentra consuelo. Las palabras siguientes son parte de una pequeña conversación virtual que tuvimos en septiembre del 2021.

Rodolfo Livingston y Nidia Marinaro
Rodolfo Livingston y Nidia Marinaro

Podríamos decir, que usted, sin ser cubano, es una de las figuras más influyentes de la historia de la arquitectura cubana. ¿Por qué es que decide venir a Cuba?

Rodolfo Livingston (RL). ¿Yo soy influyente en Cuba? Me da mucho placer que me digas eso. Yo me enamoré. Me enamoré de la revolución humanista. Me hice cubano. Mi alma es cubana.

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Descubrí que lo que se enseñaba en la Facultad no tenía nada que ver con la realidad, sobre todo con el primer encuentro con el cliente. Cuando los arquitectos eran llamados por los clientes no sabían qué hacer. Fui creando de a poco un método,

¿Cuál es su relación con la política? A pesar de apoyar a la Revolución cubana, ha sido muy crítico con respecto a los funcionarios cubanos que no han entendido su método. La construcción cubana siempre ha tenido un problema con la centralización, y es un problema que aún sigue vigente. ¿Por qué ha ofrecido usted tanta resistencia?

RL. Porque soy un cabeza dura, y muy convencido de lo que estaba haciendo. Me convencieron los resultados de la aplicación del método.

¿Cuál es el efecto de que una máquina burocrática tan grande como el Instituto de la Vivienda haya absorbido (o tragado) toda su teoría, cuando usted siempre ha representado más bien una excepción que una regla?

RL. Fue negativo, porque la arquitectura no es construcción, es pensamiento antes de la construcción. Pero los empresarios de la construcción, tanto cubanos como de otros países, tienden a confundirlo. Lo importante es, en todo caso, el resultado de la construcción.

¿Tiene noticias de lo que ha pasado en las últimas décadas con el arquitecto de la comunidad?

RL. No, no lo tengo claro.

Lo que ha pasado es que el arquitecto de la comunidad dejó de resolver problemas de diseño y se convirtió en una especie de burócrata. Y siento que hay una ruptura bien grande entre la propuesta original de usted y en lo que se convirtió después.

Nidia Marinaro (NM). (hablándole a Rodolfo) Lo que te está diciendo es lo que vos ya sabés: que los arquitectos de la comunidad, cuando los manejaban desde Hábitat Cuba, seguían “el método”. Atendían a la población resolviendo los problemas de la gente. Cuando eso pasó a la esfera del Estado, de alguna manera se aplanó y dejaron de atender con el método y se burocratizaron. Se desvirtuó el programa, y no respondió a las mismas cosas.

¿Vos sabés si aplican el método?

Es como las religiones y la Biblia, se hace una lectura parcializada que responde a las políticas del que la lee, en este caso el propio Ministerio de la Construcción. La idea del arquitecto de la comunidad para mí es una especie de resistencia hacia esa centralización. Lo que pasó fue lo contrario, se centralizó el diseño usando como bandera al arquitecto de la comunidad. Se usó como una falsa máscara para hacer algo opuesto.

NM. Claro, como un gatopardismo. Lo que pasa es que el pensamiento de Rodolfo es completamente ajeno a todo lo que sea burocracia, a todo lo que sea establecer eso como regla. Él creó ese sistema desde los bordes. Acá, en la Argentina, Rodolfo siempre ha sido un transgresor. La gesta de este proyecto es desde ese lugar de transgresión, es ahí donde adquiere toda su dimensión. Cuando pasa al Estado ocurre algo diferente. Nosotros hace mucho que no vamos a Cuba, Selma murió, que era la que desarrolló el programa. Tenemos algunas noticias, sabíamos que algo había pasado, pero no tanto.

Algo también interesante es que se ha creado una especie de resistencia a esa centralización del diseño. Hace alrededor de una década comenzaron a existir estudios de arquitectura, independientes al arquitecto de la comunidad, que, a pesar de no tener un reconocimiento legal, son los que realmente han logrado una relación directa con los clientes, son los que han logrado rescatar la arquitectura de autor. Sin embargo, tienen una condición muy frágil. La arquitectura de mayor calidad que se está haciendo en Cuba es una arquitectura de pequeña escala, de los pequeños negocios. Una arquitectura con una condición de resistencia y de mucha vulnerabilidad política.

La mayoría de estos arquitectos son admiradores de la obra de Rodolfo, y sí emplean el método, aunque tienen una posición contraria a lo que burocráticamente está establecido que debería ser el arquitecto de la comunidad.

NM. (se dirige nuevamente a Rodolfo) ¡Que interesante! Los arquitectos han puesto estudios de arquitectura en su casa o donde puedan, y trabajan por fuera del Estado. Esos arquitectos independientes son los que verdaderamente están escuchando a la población y, de alguna manera, trabajando como trabajamos acá en el estudio. Son los verdaderos arquitectos de la familia. Pero el Estado no los reconoce porque no están dentro de su estructura.

RL. Porque no son constructores

¿Creen que es necesario para Cuba que exista un movimiento de arquitectura independiente al Estado y a la estructura oficial del arquitecto de la comunidad?

RL. Yo creo que sí. Así surgió, porque si no lo que ocurre es que el arquitecto de la comunidad cae dentro de la construcción. Cuando la arquitectura es solo construir, el pensamiento no funciona, y eso no puede pasar.

¿Qué nos recomiendas a estos estudios que estamos en resistencia, y cuál usted cree que sea el papel de los arquitectos en la Cuba de hoy?

RL. El mismo que fue antes. El que iniciamos nosotros. Antes que construir había que pensar y ahí estaba la clave de todo el sistema: cómo pensar, cómo recibir al cliente, cuáles son sus primeras preguntas, cómo responderlas, todo esto. El protocolo de esto es “el método”. La burocracia es un recurso maravilloso para los que no quieren pensar, y solo quieren construir. Construir es mucho más sencillo que pensar.

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