El Met recuerda a Ana Mendieta

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Ana Mendieta
Ana Mendieta

El Museo Metropolitano de Nueva York (Met) proyecta por estos días, en el marco de la celebración de su 150 aniversario, parte de una serie de materiales audiovisuales que se inauguró a inicios de 2020 y que todavía estará activa hasta marzo de 2022. En esa órbita de archivos fílmicos, provenientes de lugares muy diversos, ha entrado a girar el documental Ana Mendieta: Fuego de tierra (1987), un filme que recorre de forma esclarecedora la vida de la artista experimental cubana desde sus primeros años en la isla, pasando por su problemática etapa en Estados Unidos, hasta su éxito posterior en Nueva York y en el extranjero.

Estrenado por las realizadoras Nereida Garcia-Ferraz y Kate Horsfield dos años después de la muerte de la artista cubanoamericana, ocurrida en 1985, Ana Mendieta: Fuego de tierra incluye un amplio grupo de entrevistas con amigos, familiares, curadores y conocidos hechas en La Habana y Nueva York. El perfil que estos testimonios construyen sobre la creadora se va completando en el filme con su propia voz: “A mí me ha atraído la naturaleza porque no tenía tierra, no tenía patria…”, dice Mendieta en una de las intervenciones en que aborda su relación con Cuba.

El documental puede verse en el canal de YouTube del Met y se acompaña en esta ocasión de una valiosa entrevista hecha por Christopher Alessandrini y Stephanie Wuertz a las realizadoras, la cual se publicó hace apenas unas semanas. Sin dudas, un valioso material que arroja nueva luz sobre la personalidad y el trabajo de Ana Mendieta.

“La noche siguiente me invitó a cenar a su casa y a ver sus obras de arte. Recuerdo que hizo chiles rellenos y bebimos vino. Después, proyectó imágenes de su obra, que eran muy impactantes. Tal vez sólo medía 1,5 metros, pero esa noche tuve la impresión de que era demasiado alta. Nunca había visto un trabajo así. Fuerte. Tan femenino. Directa y poderosa. La naturaleza, el cuerpo y Cuba estaban ahí. Su voz explicando cómo trabajaba su silueta se quedó conmigo durante mucho tiempo”, dice en la entrevista Nereida Garcia-Ferraz sobre el inicio de su amistad con Mendieta.

El gran reconocimiento que goza la obra de Ana Mendieta en la actualidad llegó de forma tardía, como ha sucedido para muchas artistas de la escena estadounidense de los sesenta y setenta, opacadas por las figuras masculinas dominantes en la época. Aunque en su caso esta circunstancia se vio agravada por su condición de emigrante cubana y por su fuerte estilo disruptivo en el mundo de las artes visuales: recordemos que su primer performance, el mismo que colocó su nombre a la vista de los críticos, curadores y coleccionistas de arte, lo realizó con sólo 25 años y se llamó Rape Scene, en apoyo a una estudiante que había sido violada en el campus de la Universidad de Iowa.

“Para la pieza, Mendieta puso de cabeza su apartamento, se cubrió de sangre y se ató a una mesa para recrear los momentos posteriores a un ataque sexual violento. Invitó al público a la ficticia escena del crimen, donde permaneció bocabajo sobre la mesa con sangre recorriendo sus piernas y acumulándose a sus pies mientras los espectadores hablaban del incidente. Aún hay fotografías de la escena en exposiciones en todo el mundo. La más reciente fue en el Museo de Brooklyn a principios de este año”, escribió Monica Castillo, en 2018, en las páginas de The New York Times.

Ana Mendieta nació en La Habana en 1948. Tras la ruptura de su padre con el gobierno de Fidel Castro, se trasladó a Estados Unidos con sólo doce años en el marco de la Operación Peter Pan. Como resultado de este viaje pasó cinco años separada de su madre y dieciocho del padre. El desarraigo, la fragilidad de su condición de desplazada, la violencia ejercida por la sociedad contra el cuerpo femenino, la relación entre naturaleza y humanidad, además de un entendimiento cabal de la forma traumática en que la política puede trastocar la experiencia personal, junto a su cosmovisión nutrida de prácticas religiosas indígenas y afrocubanas, dan forma a sus potentes esculturas, pinturas y performances.

Mendieta falleció en circunstancias oscuras tras caer del piso 34 de su casa en el Greenwich Village después de una pelea con su esposo, el reconocido artista estadounidense Carl Andre. ¿Suicidio o accidente?, continúa siendo una pregunta abierta para familiares, amigos, estudiosos y seguidores luego de un juicio por asesinato donde Andre fue exculpado por falta de pruebas.

“La noticia de su muerte nos cogió a todos por sorpresa. Ana era muy vital, era una de las primeras cosas que se notaban al conocerla. La última vez que la vi fue en Chicago o en Nueva York; se había casado con Carl Andre. No pude asistir a su boda, pero estaba muy contenta. Acababa de ser invitada a viajar a Roma con el Prix de Rome y era súper feliz viviendo allí. Así que todo fue un shock cuando leímos sobre su muerte, especialmente en esas circunstancias”, comenta también Nereida Garcia-Ferraz.

Tanto el documental Ana Mendieta: Fuego de tierra como la entrevista a sus realizadoras, que el Met ha puesto a circular, constituyen oportunidades únicas para acercarse y recuperar a esta figura imprescindible de la cultura y la historia cubanas.

Exposiciones de su obra tienen lugar en galerías y museos de todo el mundo. A finales de 2019, la plataforma Artsy la nombró entre los artistas más influyentes del arte latinoamericano del siglo XX.

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