‘El último’, performance de El Ciervo Encantado (FOTO Leonardo Tarrero)
‘El último’, performance de El Ciervo Encantado (FOTO Leonardo Tarrero)

El cuerpo es una prisión o un dios. No hay término medio. O bien el medio es un picadillo, una anatomía, una figura desollada, y nada de eso hace cuerpo. El cuerpo es un cadáver o es glorioso. Lo que comparten el cadáver y el cuerpo de gloria es el radiante esplendor inmóvil: en definitiva, es la estatua. El cuerpo se realiza en estatua.
Jean-Luc Nancy

Vindicación: cola, cola, cola

Volver al teatro, volver a El Ciervo Encantado, aferrándonos a la vindicación de una escena que (sobre)vive. Vindicación que es fuerza, resistencia, poesía. Sacar por tajazos poesía de lo que nos afecta, ¿revuelta?

Vuelta al teatro, Mariela Brito suena una campana como pórtico, la hace sonar también como epílogo, agitación prolongada, celebración de la sede-casa-templo. Estamos en El Ciervo… y eso significa asistir al encuentro con la memoria.

Las reminiscencias del cuerpo tras la Covid-19 residirán ahí. Los cuerpos tras el reordenamiento económico, tras las protestas del 11 de julio, detrás y por el costado y al centro de las tensiones que hemos acumulado y arrastrado como mulos. Nelda Castillo tiene el ojo agudo para traducir tantos padeceres endémicos, para hacerlos confluir en un performance escénico con un funcionamiento vital y condensado. Una memoria de la enfermedad, el encierro, del nasobuco (mascarilla, mordaza, protección), de la indiferencia, de la absoluta soledad que es también endemia, una endemia anterior a la aparición del virus en el mapa.

Vindicar esa colísima sensación que nos enronquece a los cubanos. Vindicar sin resolución, tan solo como aparición, ver los cuerpos de sujetos que no son más que carne y materia inspirada en el presente. El último, la pieza por la que regreso a El Ciervo… es un performance que marca sobre la piel una ficha numérica: tu turno para acceder al movimiento de los dolientes. ¿Quiénes?, aquellos que en un programa performativo íntimo se desnudan: Yindra Regüeiferos, David Valera y América Medina.

Así como (per)sigo a El Ciervo…, leo a Jean-Luc Nancy, quien en 58 indicios sobre un cuerpo escribe un manifiesto para ingresar al imaginario de la pieza:

2

El cuerpo es material. Es aparte. Distinto de los otros cuerpos. Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo. Incluso el vacío es una especie muy sutil de cuerpo.

3

Un cuerpo no está vacío. Está lleno de otros cuerpos, pedazos, órganos, piezas, tejidos, rótulas, anillos, tubos, palancas y fuelles. También está lleno de sí mismo: es todo lo que es.[1]

Tres cuerpos desnudos ataviados por nasobucos de tela, indicios del pedazo de angustia que se colige en un escenario vacío, donde la iluminación y el sonido abrasarán las figuraciones del ir, venir, soportar. Están juntos desde el suelo hasta una marcha, hasta formar una columna, hasta levantar una catedral, aún en la repetición, en la coreografía del peregrinar, en el reconocerse uno en el otro, cada gesto les individúa. El cuerpo, los cuerpos, huesos y pisadas, las miradas, son uno y total.

‘El último’, performance de El Ciervo Encantado (FOTO Leonardo Tarrero)
‘El último’, performance de El Ciervo Encantado (FOTO Leonardo Tarrero)

En El último orbitan las voces, el habla de la supervivencia que representan las infernales filas para comprar comida en una Cuba pandémica. Un paisaje sonoro que transcurre allí: diario de coleras, vecinos, ciudadanos, sinfonía de interlocuciones cotidianas que no llevan mucha edición, pues son la síntesis de un mismo movimiento (alimenticio, vitalicio, contingente). En todas las colas se vive, se goza y se vocifera lo mismo. Estridencias y “normalidad” aúllan en El último. El performance se cimenta a partir de esas voces.[2] Allí, en lo (no) dicho, en el sobreentendido, se instaura una escucha de la mecánica de la cola.

Mecánica:

Para cantarlo como se hiciera en PIB, pidiendo el último y Paʼ Trá! Mientras, el cuerpo se restriega en el suelo, así, en su alevosía de vagina, senos, ombligo, PIB era una mecánica de la danza cubana, que es la danza de lo esperpéntico. En cambio, El último es una mecánica íntima del sostenerse, amputarse, caerse, meter la cabeza como avestruz en el esfínter del otro, ser estatua encarnada. El último es la mecánica horadada de ese registro cubano: cola, cola, cola.

Los performers recorren en desnudez esa tensión/distensión, ese sujetarse/abandonarse, uno le tiende al otro las caderas, los brazos y hay un grado tal de melancolía que no se representa, que se experimenta y comparte con el espectador, cuanto más cerca se está de no aguantar, de no soportar el peso: cola, cola, cola.

De ahí la transmisión de sentidos en El último, desesperarte o anudarte la garganta o desgraciarte cuando te reconoces una y otra vez en esa armonía: cola, cola, cola.

Las gotas de sudor en los cuerpos son el hilo de lo memorizado al madrugar, tragar en seco, discutir, estar de pie todo el día y, si se está de buena suerte, comprar. Como el detalle oculto en el esfuerzo de exhalar a través de las tres capas de tela de la mascarilla, pienso en una mecánica que chirría:

Estoy pidiendo el último y Pa Trá, Pa Trá, Pa Trá, Pa Trá
Estoy pidiendo el último y Pa Trá
Oye andamos medio exagerados, dejando la fiesta sin piñata
Nos cogió la nueva etapa.

La nueva etapa

Socorrer:

La cola de San Nicolás y Neptuno se abisma en mí como un grito dentro de una cisterna que ha sido tapeada. Las colas posteriores a esta han sido breves y soportables (a tales conclusiones nos reduce el tiempo, y ni la poesía o los diarios sirven para romantizar esa dinámica).

Quise gritar: ¡Socorro!

Madre mía intentó colar a una amiga.

Madre mía nos dejó mal paradas ante los demás con el carnet de la amiga disimuladamente colocado debajo de su carnet.

Madre mía me pidió que no fuera la noche del estreno de El Ciervo Encantado con un pulóver blanco. Era 12 de noviembre y diluvió a las ocho de la noche.

Madre mía vive en las colas.

No sé qué pensaría ella de El último.

¿Cómo socorrer a un cuerpo?

Para ello te arrastras, haces compresiones abdominales, muletazos leves en los pulmones y maniobra de Heimlich en el cóccix. Socorrerás cuerpos a pesar de esa película sórdida El ciempiés humano, de algún modo, El último te recordará a esa película. Socorrerás cuerpos sin saber que la carne se hiere fácil y que eso también es el teatro, por ejemplo, el teatro de El Ciervo… es ese incidente en Arqueología de la piel, de Severo Sarduy: “Venía de pescar guajacones. Esperaba tardes enteras en la quietud calurosa del charco hasta que entraran en un pomo que luego tapaba con la mano […]. No sentí nada cuando se me enterró la espina en el cráneo”.

‘El último’, performance de El Ciervo Encantado (FOTO Leonardo Tarrero)
‘El último’, performance de El Ciervo Encantado (FOTO Leonardo Tarrero)

Pienso en lo socorrido, e imagino que podría estar en El Ciervo… tres días sin moverme de la silla, no por obligación, sino por vindicación personal. Eso también podrías hacerlo tú. Pero te levantas, a donde se muevan todos, te moverás tú, como una bestia domesticada por lo endémico.

Leo en el programa de manos las palabras de Michael Foucault, Primo Levi, Ileana Diéguez y Virgilio Piñera, de las cuales rescato la última línea de la cita de Diéguez: “no es posible desligarse del miedo y el dolor que a veces creemos ajenos”. La pregunta: “Y su cuerpo, ¿cómo ha experimentado esta etapa?”, a la que responderás por escrito en las once líneas dadas en la página, y enviarás la imagen con tu respuesta a: [email protected] ¿El miedo y el dolor nunca nos será ajeno? Para ello, vuelves al teatro, con la caducidad de tu entusiasmo, con la levedad de tus duelos personales.

Hoy, hace apenas unas horas, le escuché decir a alguien en una cola: “¡Soy defectóloga!” Así, de la nada, con la voz que quise tener para gritar: “¡Socorro”! en San Nicolás y Neptuno, una mujer repitió tres veces: “¡Soy defectóloga! ¡Soy defectóloga! ¡Soy defectóloga!” Y, ya enmudecida, cansada, pensé: he ahí El último, en esa voz que abdica sin saberlo, que me socorre otra vez, como la escena.


Notas:

[1] Jean-Luc Nancy: 58 indicios sobre el cuerpo, Extensión del alma, Ediciones La Cebra, Buenos Aires, 2007.

[2] Exploración del espacio sonoro que se emparenta con el trabajo testimonial en Arrivals.

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Martha Luisa Hernández Cadenas, Martica Minipunto (Guantánamo, Cuba, 1991). Teatróloga, poeta y performer. Coordinadora del Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES). Entre su obra reciente se encuentran los performances Nueve (2017) y Extintos, aquí no vuelan mariposas (2018); las intervenciones La última ópera china (2018) y Las fundadoras (2019). Fundadora de la editorial independiente ediciones sinsentido. Ha publicado el poemario Días de hormigas (Premio David de Poesía 2017, Ediciones Unión, 2018). Ganadora del Premio de ensayo La Selva Oscura por su investigación Notas de un simulador. La crítica teatral de Calvert Casey (1960-1965) y del Premio de Teatrología Rine Leal por su libro ESTA OBRA HABLA DE TI Y DE MI. Ensayos para (des)a(r)mar la experimentación escénica en Cuba (2012-2018).

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