Los manuales sobre cualquier ciencia na­tural o social están necesariamente afecta­dos por determinadas limitaciones y deficien­cias que puedan ser mayores o menores. Ellos reflejan el nivel de desarrollo alcanza­do por la ciencia de que se trate, en el mo­mento de ser escritos. Contienen lo estable alcanzado en el camino del progreso científico; aquellos granos de la verdad absoluta que quedan como preciosos instrumentos orientadores de la actividad práctica. Pero también contienen lo relativo, lo pasajero, lo que el curso posterior del conocimiento mo­dificará o perfeccionará y hará más preciso. Además, el hecho de estar escritos por hom­bres con opiniones y criterios propios impli­ca el que, de una u otra forma, reflejen en algunas ocasiones dichos criterios y opinio­nes personales de los autores. En el caso de los manuales sobre ciencias sociales la posibilidad de estas limitaciones y deficiencias aumenta debido a que el objeto de estudio de dichas ciencias es mucho más complejo, y en su análisis, como dijera Marx refirién­dose al estudio de las formas económicas, “de nada sirven el microscopio ni los reacti­vos químicos” disponiéndose, como único medio en este terreno, de la “capacidad de abstracción”.[1]

Los manuales de Economía Política y Fi­losofía que utilizamos en Cuba tienen puntos de vista discutibles, limitaciones, errores y proposiciones que la propia evolución de las ciencias económicas y filosóficas han hecho envejecer. Además, contienen problemas y ejemplos que, a veces, tienen un carácter específico, por ser reflejo de una realidad con­creta, la soviética, cuna de la mayoría de los manuales de que disponemos. Por otra parte, algunos de ellos tienen ya varios años de escritos.

De todo lo anteriormente expuesto queda claro que nuestra concepción acerca de los manuales es la de no sobreestimarlos, no considerarlos como algo acabado y perfecto en los cuales pueda hallarse la respuesta a todas las inquietudes que se les plantean a nuestros cuadros y estudiosos y, en general, a nuestro pueblo en desarrollo. Pero de ello no se deriva que nosotros neguemos, ni mu­cho menos, el valor que poseen los manuales en la enseñanza y divulgación del marxismo en diversos niveles. Nuestra negación de los manuales es una negación dialéctica y no absoluta.

Negación absoluta vs. negación dialéctica

Es conocida la opinión de algunos que, in­cluso, se dedican a la enseñanza del marxismo, que niegan en forma absoluta los manuales existentes en Cuba, llegando a calificarlos de “no marxistas”. Lenin dijo en una ocasión que “toda verdad si se hace exorbitante (como decía Dietzgen padre), si se la exagera y se la extiende más allá de los límites en las que es realmente aplicable, puede ser llevada al absurdo, y en esas condiciones se convierte de manera infalible en un absurdo”.[2] Este es el caso, en nuestro criterio, de los que así opinan. Y en ocasiones hemos visto a estas opiniones basarse en afirmaciones que no constituyen ya verdades elevadas hasta el absurdo, sino que no son siquiera verdades.

Así se ha llegado a afirmar que los manuales editados en Cuba contienen la afirmación de que la vía pacífica es la fundamental en el tránsito revolucionario. Esto es una falsedad. En ninguno de dichos manuales puede encontrarse el aserto de que la vía pacífica es la fundamental de la revolución. En ellos, eso sí, aparece la idea de la posibilidad del tránsito pacífico, idea que se encuentra en las Declaraciones de los Partidos Comunistas y Obreros de 1957 y 1960, junto a la de la posibilidad del tránsito por vías no pacíficas. Si por este planteamiento los manuales editados en Cuba merecen el calificativo de no marxistas, igual calificativo habría que darles a las dos declaraciones mencionadas las cuales han sido suscritas por nuestro Partido en más de una ocasión, y las cuales suscriben todos los Partidos Comunistas del mundo, sin excepción.[3]

La opinión concreta y clara de nuestro Partido sobre este problema es perfectamente conocida: no negamos teóricamente la posibilidad del tránsito pacífico, pero creemos que, en la mayoría de los países, la vía fundamental del tránsito será la de la violencia armada, siendo los países de África, Asia y América Latina, los más indicados en estos momentos para marchar por ese camino.

En el discurso, que es objeto muy serio de estudio en nuestras Escuelas, pronunciado por Fidel el 15 de enero de 1963, nuestro Primer Secretario expresó:

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Acerca de estas cuestiones hay algún concepto que quisiéramos aclarar, porque ha habido alguno que otro teórico trasnochado, que ha afirmado que en Cuba hubo un tránsito pacífico del capitalismo al socialismo. Es como negar que en este país cayeron miles y miles de combatientes; es como negar que en este país un ejército, salido de las entrañas del pueblo, derrotó a un ejército moderno, armado e instruido por el imperialismo yanqui; es como negar que sobre nuestros campos, sobre nuestras ciudades y pueblos hubiesen caído bombas explosivas e incendiarias que llevaban la marca de “Made in USA”; es como negar la formidable lucha de nuestro pueblo; es como negar Playa Girón y los que allí cayeron.

No fue ningún tránsito pacífico, fue un tránsito de combate, sin lo cual no habría habido tránsito en nuestro país. Sin esa lucha heroica; sin esa lucha armada del pueblo cubano, todavía, tal vez, tendríamos aquí el señor Batista “Made in USA”.

Y más adelante: “Nosotros no negamos la posibilidad del tránsito pacifico, aunque todavía estamos esperando el primer caso. Pero no lo negamos, porque no somos dogmáticos”.

Y en otro párrafo: “Pero, que nadie, desde una posición revolucionaria, pretenda crear el conformismo o el miedo a las revoluciones; eso es absurdo. Los teóricos del imperialismo que prediquen el conformismo; los teóricos de las revoluciones, ¡que prediquen sin temor las revoluciones!”.

En el discurso pronunciado por Fidel en la clausura de la Conferencia Tricontinental, éste afirmó: “Si los revolucionarios invierten menos energías y menos tiempo en teorizaciones, y dedican más energía y más tiempo al trabajo práctico, y si no se toman tantos acuerdos y tantas alternativas y tantas disyuntivas, y se acaba de comprender que más tarde o más temprano los pueblos todos, o casi todos, tendrán que tomar las armas para liberarse, entonces avanzará la hora de la liberación de este continente”.

“Nosotros creemos que en este continente, en todos, o en casi todos los pueblos, la lucha asumirá las formas más violentas”.

En la Resolución Política General de la Conferencia Tricontinental, que nuestro Partido ha suscrito plenamente, se dice: “La experiencia histórica prueba que cuando los imperialistas y sus aliados se empeñan en sostener por la represión los cambios que exigen los explotados, estos deben recurrir a todas las formas de lucha más enérgicas, entre las cuales, la lucha armada es una de las formas superiores para obtener la victoria final”.

Negar el carácter marxista de los manuales de Economía Política y Filosofía publicados en nuestro país no es otra cosa que negar el papel pedagógico que han jugado en el desarrollo de la conciencia socialista de nuestro pueblo, pese a las deficiencias y limitaciones señaladas antes y que casi nadie sería capaz de negar. Significa poner en duda el carácter marxista de la conciencia de aquellos que se han formado con ayuda de ellos y entre los cuales estamos casi seguros que se encuentran los mismos que hoy los niegan.

Bajos niveles culturales

En la actualidad, hasta diciembre de 1965 (y sin contar los cursos actuales de 1966), 126 714 militantes revolucionarios han pasado por las Escuelas de Instrucción Revolucionaria del PCC y todos, en mayor o menor medida, han acudido a los manuales para aprender a orientarse en el intrincado mundo de la Economía Política y la Filosofía y del Marxismo en su conjunto. La literatura económica y filosófica en general y, en particular, la marxista, presenta grandes dificultades a los que nunca la han estudiado y, más aún, a los que, por razones de sobra conocidas, no cuentan con el nivel cultural que su asimilación exige. Y esto es el caso de la inmensa mayoría de los militantes revolucionarios. Casi una cuarta parte de la militancia del Partido no llega al 4º grado de escolaridad. La situación se agrava por el hecho de que Marx, Engels y Lenin no nos dejaron, sobre todo, en filosofía y salvo contadas excepciones, obras sistematizadas, a más de que la habitual forma polémica en que expresaban sus ideas hace más ardua su comprensión.

Enseñar la Filosofía o la Economía Política, directamente por los clásicos a quienes por primera vez a ellos se enfrentan y que en su mayoría disponen de bajos conocimientos culturales y casi siempre de poco tiempo, es tanto como tratar de enseñar a leer a un niño con las “Soledades” de Góngora.

Un manual se escribe con fines muy concretos: ayudar en el comienzo de los estudios. Sintetiza y sistematiza el material disperso, dándole coherencia y ordenándolo de manera que contribuya a su mayor comprensión. Es una explosión popular de problemas científicos complicados. Lenin planteaba que “la tarea principal de todo manual es dar las nociones básicas concernientes al objetivo propuesto e indicar dónde conviene ahondar más el estudio y por qué tal estudio es importante”,[4] y refiriéndose al objetivo de los manuales de Economía Política decía que consistía “fundamentalmente, en dar al que estudia esa ciencia, las nociones básicas sobre los diferentes sistemas de economía social y sobre las características principales de cada sistema; es decir, que la persona que haya asimilado un manual elemental, tenga en sus manos una guía que lo oriente para proseguir el estudio de este tema, que despierta en él el interés por ese estudio”.[5]

Qué dijo Lenin de los manuales

Sobre la importancia que les daba Lenin a los manuales para la formación de la conciencia política de la juventud y del pueblo en general, son muy claros sus pronunciamientos en el XI Congreso del Partido bolchevique efectuado en 1922. En esta ocasión Lenin planteaba que lo fundamental del momento era educar a la joven generación, pero que “no tenían con qué hacerlo”, y expresaba, refiriéndose a la educación de la joven generación: “[…] ¿dónde aprende esta las ciencias sociales? En viejos desechos burgueses ¡Es una vergüenza! Y ello ocurre a pesar de que tenemos centenares de escritores marxistas, que podrían proporcionamos manuales sobre todos los problemas sociales, pero no lo hacen porque no se dedican a ello ni les interesa”.

Esta necesidad de manuales no sólo para intelectuales sino para los trapeadores, para las verdaderas masas del pueblo, para los obreros y campesinos comunes y que se utilicen “absolutamente en todas las escuelas” la plantea también en el prólogo a un libro de I. I. Strepanov sobre la electrificación en Rusia.

Sobre el papel que los manuales existentes en Cuba han jugado y juegan en la educación de la joven generación cubana pueden hablar cientos y cientos de dirigentes y militantes del Partido, miles de obreros, campesinos y estudiantes, miles de soldados de la Patria que han obtenido en estos libros sus primeros conocimientos de ciencias sociales, que les han servido de orientación en sus actividades, de instrumento eficaz en la lucha ideológica que cada día es menester librar, de medio para elevar la conciencia revolucionaria.

“Manualismo”, mal de profesores

Las deficiencias de los manuales, señaladas al inicio de nuestra respuesta, exigen de quienes nos dedicamos a los bregares filosóficos y de Economía Política, grandes esfuerzos para mantenernos informados y poder suplir lo viejo con lo nuevo que aporta el pensamiento marxista de hoy, en franco desarrollo ascendente. Otra cuestión, más importante todavía, es la de incorporar continuamente a los cursos los aportes que nuestros dirigentes y nuestro pueblo hacen al tesoro internacional del marxismo, así como las experiencias de nuestra Revolución, enriqueciendo la problemática científica del marxismo con aquellas cuestiones puestas a la orden del día. Creemos que de esta forma podemos contribuir a eliminar el llamado “manualismo”, mal que no es inherente a los manuales, sino que reside en la forma en que los mismos sean utilizados, en la forma en que los profesores expliquen el marxismo, en hacerlo como un conjunto de dogmas que se hallan todos en su forma acabada y definitiva en los manuales, en presentar a estos como un recetario para solucionar todos los problemas prácticos. Por ello el “manualismo” es un mal que radica, ante todo, en los que impartimos la Filosofía y la Economía Política más que en los propios manuales.

Mientras se forjan los cuadros cubanos que escriben ya o escribirán nuestros manuales o textos específicos deberemos laborar con los manuales existentes, repetimos, de una manera inteligente y crítica. Nosotros particularmente, hacemos nuestros mejores y modestos esfuerzos para lograr los textos más adecuados a las necesidades culturales de nuestro desarrollo socialista. Pero mientras eso no se logre, no vemos otro camino en los cursos más elementales, que la de usar lo universal contenido en los manuales, y ofrecer información fresca e incorporar lo criollo a todo esto. Ya en los cursos de nivel superior la situación es distinta y ello es tenido en cuenta en nuestros programas.

Uso crítico de los manuales

Nosotros no ajustamos nuestros programas a los manuales, por el contrario, utilizamos los manuales de acuerdo con los programas confeccionados por nosotros, de una forma crítica. Los manuales, como ha quedado dicho antes, reflejan un determinado nivel de desarrollo de las ciencias, expresan opiniones de sus autores y su temática está vinculada a los problemas del país que los edita y a la línea de su gobierno y su partido. Esto es tenido en cuenta por nosotros a la hora de utilizarlos. Pero, por resumir, sintetizar y exponer toda una serie de problemas generales del marxismo en determinado orden lógico en forma clara y sencilla, agrupando ideas que en las obras clásicas se encuentran dispersas, ellos desempeñan un importante papel en la enseñanza del marxismo.

Dentro de las escuelas, los manuales constituyen sólo uno de los distintos materiales de estudio, pues se utilizan también los clásicos del marxismo, los distintos materiales traducidos al español y los trabajos e intervenciones de los dirigentes de nuestra revolución, en primer lugar, de Fidel, los cuales, naturalmente, ocupan un lugar central en la enseñanza.

La utilización misma de los manuales de estudio dentro de nuestro sistema de enseñanza se efectúa atendiendo a varios factores, como son: nivel y duración de los cursos, carácter de la asignatura de que se trate, posibilidades de estudio de los alumnos, etc.

Las EIR poseen tres niveles generales de enseñanza, con distintos cursos dentro de cada nivel. En duración fluctúan entre seis meses y dos años. Lógicamente, los manuales tienen más uso donde más cortos y de más bajo nivel son los cursos y menos posibilidades tienen los alumnos de acudir a otras fuentes más complejas y asimilarlas debidamente. También, se utilizan más en aquellas asignaturas o partes de asignaturas que, por tratar de problemas más generales y comunes a más países, hacen que los manuales se ajusten más a las exigencias de los problemas.

EBIR [Escuelas Básicas de Instrucción Revolucionaria]: de 24 temas, solo 9 de manuales y…

Por ejemplo, el programa máximo de las Escuelas Básicas de Instrucción Revolucionaria, que es el nivel inferior, de 24 temas que el mismo abarca, sólo 9 incluyen como material de estudio los manuales, y siempre acompañados de textos y materiales de nuestra Revolución; y en este curso, los materiales fundamentales de la I Conferencia Tricontinental. De estos 9 temas, 5 corresponden a la economía política del capitalismo y del imperialismo, que son precisamente aquellos temas cuyo carácter hace que los manuales mejor se ajusten a ellos. Y aún en los casos en que se señala la utilización de los manuales, se dan indicaciones a los profesores de cómo abordarlos. Por ejemplo, en el tema XII del Programa Básico, “La Revolución Socialista”, se indica el estudio del periodo de transición por un manual de Economía Política, pero se hace la observación de que ese texto: “ha de abordarse muy críticamente en los siguientes puntos: vías pacíficas y no pacíficas de la Revolución. Aquí debemos recordar lo expresado por Fidel Castro en el discurso del 5 de enero de 1963 sobre la transición y la lucha armada; el del 15 de enero de 1966 en la clausura de la I Conferencia Tricontinental”.

En el nivel superior de las EIR, o sea, en la Escuela Superior Ñico López del Partido, la correlación cambia radicalmente, pues los manuales dejan de ser materiales obligatorios de estudio, quedando a elección de los alumnos su utilización. Aquí el estudio se lleva a cabo, fundamentalmente, por los clásicos del marxismo. De más está decir que se utilizan ampliamente nuestros propios materiales. Así, en el curso de Economía Política para los cuadros del Partido, el estudio se hace directamente por El Capital. Con mayor profundidad aún se estudia esta obra en el curso para profesores de nuestras escuelas, que dura dos años, el cual incluye el estudio de todo o casi todo lo escrito por los clásicos correspondiente a cada tema. (Naturalmente que de lo traducido al español.) Por cierto que no se trata de nada nuevo, pues desde hace varios años en este tipo de cursos el estudio de la economía política del capitalismo se viene haciendo directamente por El Capital, y otros trabajos de Marx, Engels y Lenin. Algo semejante sucede con los cursos superiores de Filosofía, donde se estudian directamente textos clásicos como Materialismo y empiriocriticismo, Anti-Dühring, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Cuadernos filosóficos, Los manuscritos económico-filosóficos de 1844 y otras obras. Además, el profesor pone al día a los alumnos sobre aquellos problemas más actuales o que se hallan en discusión dentro de lo propios teóricos marxistas.

Por otro lado, la enseñanza presupone la celebración constante de seminarios durante los cursos, de manera que los alumnos puedan exponer y debatir sus puntos de vista sobre los problemas explicados y los materiales leídos.

Este sistema de estudios es posible gracias a que los cursos tienen una duración de dos años, los alumnos cuentan con un nivel medio de educación general están liberados de otras actividades prácticas y, además, son todos cuadros dedicados, bien al trabajo político dentro del Partido o a la enseñanza del marxismo.

Todo esto nos está diciendo algo muy significativo: la no utilización de los manuales no se logra a base de su eliminación verbal, sino creando las condiciones y tomando las medidas adecuadas para que su uso deje de ser imprescindible. Conocemos de lugares donde se anatematizan los manuales, pero a los alumnos no les queda otro remedio que acudir a ellos para vencer las correspondientes asignaturas. Y los alumnos sacan los exámenes a base de esta forma de estudio, a pesar de que los profesores niegan la validez del manual.

Textos o manuales propios en producción

Por otro lado, las EIR desarrollan la rama de las investigaciones sociales (en las que se encuentran ya 143 investigadores en proceso de especialización creciente), que constituyen la más sólida base para ir sustituyendo paulatinamente los manuales existentes por materiales nuestros, que vinculen los principios generales de la teoría marxista a las situaciones propias de nuestro país y a la línea de nuestro Partido. Creemos que esta es la mejor forma de combatir el “manualismo”, que no se logra sólo mediante invectivas. Nuestras comisiones de investigaciones preparan toda una serie de trabajos que son incorporados a los distintos niveles de enseñanza del marxismo. Esto es el caso, por ejemplo, de los estudios realizados sobre los regímenes precapitalistas (en vías de publicación), sobre la fundación del Partido Comunista en Cuba (ya publicado), etc. Por la Comisión de Investigaciones Económicas se preparan toda una serie de trabajos sobre la economía cubana, que serán materiales de estudio de distintos cursos. Se avanza en la confección de un texto sobre la economía política del capitalismo, apoyado en hechos y datos de nuestro país, que estará en vías de edición en enero de 1967, y en el que se trabaja ya hace más de un año.

También las EIR se preocupan de suministrar a sus cuadros información nueva sobre los problemas de más actualidad dentro de las ciencias sociales, pues consideran que ello permite actualizar las clases, que es otra de las formas de superar las deficiencias de los manuales. Para ello cuenta con la publicación mensual de la revista Teoría y Práctica y con otras publicaciones informativas de carácter interno.

Nuestra crítica al “manualismo” y a las deficiencias de los manuales existentes la sustentamos en forma responsable y respetuosa, dentro del mayor cientifismo posible, de acuerdo con el nivel de desarrollo alcanzado por nuestros cuadros, el cual debemos aclarar que no consideramos satisfactorio ni mucho menos, y, además, tomamos medidas prácticas tendientes a la superación de la situación actual.


Notas:

[1] Carlos Marx: El Capital, Editora Nacional, t. 1, p. XXI.

[2] Vladimir I. Lenin: Obras completas, t. 31, p. 87.

[3] Véanse entre otros materiales los Comunicados Conjuntos de los Gobiernos y Partidos soviético y cubano firmados en ocasión de las dos visitas de Fidel a la URSS y el más reciente Comunicado sobre et Encuentro Consultivo de Representantes de Partidos Comunistas y Obreros, celebrado en Moscú del 1 al 5 de marzo de 1965.

[4] Vladimir I. Lenin: Obras completas, t. 4, pp. 44 y 48.

[5] Vladimir I. Lenin: Obras completas, t. 33, p. 288.


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