Ilustración de Alejandro Cañer

Lo que se encuentra en el fondo de la polémica que sostenemos la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) o, al menos, su Comité Ejecutivo, de una parte, y yo, en mi calidad de director de la revista Plural es, en esencia, una diferencia sobre el concepto y la práctica de la libertad de expresión.

El número de la revista Plural que ha encendido el debate es, por supuesto, un número crítico de la Revolución cubana, en el que se encuentran artículos que ponen en duda aspectos cruciales de la situación de los artistas e intelectuales de Cuba. Además de esos escritos, casi todos ellos firmados por escritores que están ya, para desgracia de la Revolución cubana, fuera físicamente de la Isla, el número se abre con una presentación firmada por mí.

El problema es el siguiente: la crítica, ¿es enemiga? ¿Está “fuera” o esta “dentro” de la Revolución? Cuando se pretende arribar a la racionalidad perfecta, ¿qué sentido tiene oír la voz del “otro”? El “otro” es un diferente y en multitud de países se le ha considerado “loco”, “irracional” o, aun mas llanamente, “no humano”. Se le margina, se le excluye, se le encierra o se le mata, los grados cambian. Una de las grandes aportaciones de Vitoria y Las Casas consiste en haber reconocido, en los aborígenes americanos, su capacidad racional y haber fundado el derecho de gentes. Uno de los principios fundamentales del psicoanálisis radica en haber descubierto que el “otro” es semejante a mí y que habita adentro de nosotros. Se llama el inconsciente.

La UNEAC me dice que, a propósito de la distinción entre el “dentro” y el “fuera”, que estableció Fidel Castro en sus famosas “Palabras a los intelectuales”, de 1961, yo he elaborado “un galimatías” que, “simplemente, podría no estar” en el cuerpo de mi texto. ¿Por qué “simplemente, podría no estar”? Para mí, por el contrario, con toda su confusión posible y aceptando su carácter de “galimatías”, constituye el centro de la polémica. Los que critican deben ser considerados como escritores que están “dentro” de la Revolución.

Véase, si no. En ese escrito, dije que la Revolución cubana padecía un “bloqueo interno”. (Debo señalar, entre paréntesis, que he discutido exclusivamente los problemas de la libertad de expresión en Cuba; que reconozco los enormes avances que, en diversos aspectos de justicia social existen en la Isla: educación, seguridad social, derecho al trabajo. Por supuesto, los problemas políticos de Cuba tienen que ser resueltos por los cubanos mismos, sin participación de extraños. No soy partidario del bloqueo estadunidense ni de la Ley Torricelli ni de la intervención armada en la isla de Cuba. Durante años fui presidente del Instituto Mexicano-Cubano de Relaciones Culturales José Martí, organismo de la sociedad civil mexicana. Pero lo que discutimos es independiente de mi persona.)

Bien, desde mi ángulo de mira, el “bloqueo interno” a que aludí en esa ocasión se demuestra de modo palpable en la reacción del Ejecutivo de la UNEAC. En su primera carta, sostienen que la “parcialidad” de Plural es palpable por el hecho, entre otros, de que “cuatro de los cinco trabajos de carácter conceptual” que se incluyen fueron escritos “por cubanos que residen en el extranjero”. Sí, en efecto. Y escribí en mi texto de presentación que ellos eran jóvenes “educados en la Revolución” que ahora salían de la Isla. Alerté sobre esa terrible sangría intelectual, sobre esa pasmosa “fuga de cerebros”.

La UNEAC construye un silogismo. En la premisa mayor establece: “todos los que critican a Cuba son enemigos”; en la menor: “Plural critica a Cuba”; de ahí desprende la fácil conclusión: “Plural es enemiga”. En mi “galimatías”, se reclama el derecho a la discrepancia; el derecho, incluso, al error, a la confusión, a la crítica. Con enorme desdén dogmático, el Ejecutivo de la UNEAC afirma que no encuentra en mis “disquisiciones” ningún “cuerpo de ideas, suficientemente sólido y coherente, como para abrir una polémica rigurosa” y, luego, con una condescendencia que debo soportar agradecido, me perdonan diciendo que quizá necesito “un poco más de tiempo y reflexión para reorganizar” mi pensamiento que, según les parece, “todavía no acaba de encontrar una definición filosófica e ideológica”.

No puedo menos que admirar a quienes tienen plenamente definido, “filosófica e ideológicamente”, su pensamiento, es decir, a todos aquellos que dispusieran del “tiempo” suficiente para “reflexionar” y “organizar” su pensamiento. Esas personas no han sido atravesadas por ninguna duda. Se ha derrumbado con estrépito el llamado “socialismo real”, pero eso no importa; “contra viento y marea”, la roca segura de la “verdad” se mantiene firme.

Yo reclamo, en cambio, el derecho a la libre discusión, aun en los términos más confusos, de un problema, el del socialismo y el de la revolución, aun el de la cubana, que nos involucra a todos. “Dudar de todo”, esa era la máxima favorita de Marx. La reclamo igualmente para mí, para todos. La crítica y la duda son revolucionarias por esencia. Siembran la confusión en el terreno del dogma.


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