Ilustración de Alejandro Cañer

Ciudad de La Habana, 15 de octubre de 1992

Sr. Regino Díaz Redondo
Director General de Excélsior

Estimado Sr. Díaz Redondo:

En primer lugar, queremos agradecerle su gesto de publicar, en las páginas de Excélsior, el pasado 22 de septiembre, nuestra carta al Sr. Jaime Labastida. Ahora nos dirigimos a usted con el ruego de que acoja también estas notas de respuesta a la réplica del propio Labastida, titulada “Intolerancia de la UNEAC” y aparecida el pasado 9 de octubre. No abusaremos de su amabilidad y trataremos de ser breves.

En la mencionada réplica, se deja intacta la tesis central de nuestra carta: el hecho, probado con abundancia de argumentos, de que ese número de julio de la revista Plural fue montado de una manera tendenciosa gracias a su preámbulo, a los trabajos de carácter conceptual y a desbalances notorios ya señalados. Así se adscribía al discurso anticubano, reiterado sin tregua por los más grandes medios internacionales de difusión. Que Plural haya publicado desde los años 70 una cifra significativa de nuestros escritores, no establece equilibrio alguno a la hora de evaluar un número concreto, dedicado en su totalidad a Cuba y con una tesis política que se enuncia desde su introducción. Más aún, que se presenta desde la propia cubierta de la revista con grandes titulares: CUBA: REVOLUCIÓN DE LA UTOPÍA, UTOPÍA DE LA REVOLUCIÓN.

El Sr. Labastida hace una rápida caricatura de esta polémica y de los polemistas: de un lado, se coloca a sí mismo como un hombre “no oficialista”, como “un intelectual honesto” (incluso recientemente laureado), que dirige una publicación libre, independiente, “plural”; del otro, una institución burocrática, oficial, intolerante, enemiga de toda discrepancia, y capaz de responder a la iniciativa generosa de “tender puentes” (que es su peculiar interpretación del mencionado número de Plural) “con el insulto y la agresión”. La caricatura del adversario se completa de una manera poco ética, al sugerir que uno de nosotros habla, no se sabe dónde, del Sr. Labastida como de un “vil agente de la CIA”. Con estos estereotipos quiere eludir la verdadera lucha de ideas y su obligación, como “intelectual honesto”, “y más si se aprecia (sic.) de científico y revolucionario”, de responder con argumentos a nuestros argumentos.

¿Hay o no manipulación en el número de Plural que discutimos?

¿Están o no en ese número los tópicos principales de la campaña anticubana?

¿Está o no concebido con el objeto de presentar una Cuba autobloqueada, condenada al destino de los países de la Europa socialista por su tozudez y por su falta de contacto con “las ideas más renovadoras del mundo contemporáneo”?

¿Cuáles son esas “ideas renovadoras” aludidas por el articulista que pueden salvar a la Revolución Cubana frente a su enemigo histórico?

El Sr. Labastida menciona la necesidad que tiene Cuba de diversificar su intercambio comercial con el mundo. ¿Es por voluntad de los cubanos que eso nos haya sido tan difícil a lo largo de estos años, y sobre todo ahora, cuando es inminente la aprobación de la llamada Enmienda Torricelli? ¿Sabe acaso el Sr. Labastida qué significa la Enmienda Torricelli, rechazada en días recientes por el propio Congreso mexicano a causa de su abierto carácter injerencista? ¿Sabe que es un despiadado intento de rendir por hambre a nuestro país para imponerle un destino dictado desde Washington? ¿Y que en ese intento se busca la complicidad, por la fuerza, de otros gobiernos?

En nuestra carta no hemos encontrado ninguna expresión que implique alusiones de carácter personal, sino una respuesta imprescindible y un ofrecimiento genuinamente cultural. Nos acusa de “violencia inaudita” y de “respuesta airada”, cuando el término más duro que empleamos sea tal vez el de “galimatías”. No obstante, sólo en su segundo artículo, hay una veintena de referencias agresivas que van desde el calificativo insultante de “torpe burocracia” hasta el “furor” y la “saña”. Este no es el lenguaje apropiado para “tender puentes de comprensión”, y nada tiene que ver con un debate serio en el terreno de las ideas.

No es la UNEAC la que ha convertido una polémica de índole literaria en política. En el número a que hacemos referencia la cuestión central que se debate es política, y eso lo sabe el director de Plural, y eso es obvio desde la cubierta y el artículo introductorio, hasta la selección y el montaje de gran parte de los trabajos que allí aparecen. Como ya señalamos anteriormente: “más que un material abierto a la investigación y al debate, muchos textos vienen a ser la ilustración de las premisas ya establecidas en la presentación del número”.

No quisimos entonces comentar en detalle los textos cuestionables que forman el cuerpo de la revista, ni mencionar por su nombre a ninguno de sus colaboradores, aunque más de una firma sólo sea explicable por razones políticas. Sin embargo, el Sr. Labastida llama la atención especialmente sobre el “silencio” sospechoso de la UNEAC acerca de María Elena Cruz Varela, quien ha sido procesada y sancionada a dos años de privación de libertad, no por lo que escribe ni por lo que opina, sino por haber violado las leyes vigentes en Cuba. Como bien conoce el Sr. Labastida, no es práctica de la Revolución Cubana lo que en muchos otros países es frecuente y hasta habitual: el uso de métodos ilegales, desde el chantaje hasta el crimen, para acallar y suprimir distintas formas de oposición.

El director de Plural acepta nuestro ofrecimiento de preparar una muestra ilustrativa de la creación en la Cuba de hoy para su revista, exigiendo para ello algunas condiciones. En reciprocidad, nos ofrece “un número sobre la cultura de México, en el que esté presente también su diversidad y su estilo polémico”. Desde ahora podemos decirle que las páginas de La Gaceta de Cuba o de Unión, ambas publicaciones de la UNEAC, están abiertas para ese número, aunque dudamos que el Sr. Labastida tenga capacidad de convocatoria para reunir las firmas más representativas de la cultura mexicana contemporánea. Ojalá tenga suerte en ese empeño. Tanto los trabajos que compile la UNEAC como los que logre colectar el Sr. Labastida, deben reflejar el movimiento cultural vigente en nuestros respectivos países, y la calidad, desde luego, debe ser la premisa de los editores. Nosotros también, para usar palabras de Labastida, “determinamos lo que se publica y lo que no se publica en las páginas de nuestra revista”.

Plural se ha leído desde siempre en Cuba. La reciben escritores y periodistas, instituciones culturales y muchas bibliotecas; entre otras, la de la UNEAC, y ese número en particular ha circulado en los medios intelectuales cubanos. Si nos envía una cierta cantidad de ejemplares, suficientes, para distribuirlos en las filiales provinciales de la organización, estarían al alcance de nuestros miembros y de otros interesados. Por otra parte, pensamos que sería mucho más útil emplear los recursos necesarios para esos 5 000 ejemplares tan generosamente prometidos, en una donación de libros de autores mexicanos para la biblioteca de la UNEAC, que contribuya a la actualización, entre los lectores cubanos, de la riqueza y el amplio espectro de una cultura tan cercana a la nuestra.

Ya La Gaceta de Cuba, para su número de noviembre-diciembre, está preparando un dossier con los textos íntegros del artículo de Labastida “Revolución de la utopía, utopía de la Revolución” y de nuestra primera respuesta, al cual agregaríamos “Intolerancia de la UNEAC” y esta segunda respuesta. Así no hacemos más que continuar una política que tiene sus antecedentes más cercanos en la propia Gaceta, con la difusión de puntos de vistas “encontrados” sobre los más diversos temas.

En aras de la brevedad, no nos hemos detenido a responder las disquisiciones acerca de Marx, Lenin y del llamado “socialismo real” que aparecen en este artículo del Sr. Labastida y en el anterior. Tampoco encontramos en ellos un cuerpo de ideas, suficientemente sólido y coherente, como para abrir una polémica rigurosa, que sí es imprescindible, sobre tales aspectos. Quizás el autor necesite un poco más de tiempo y reflexión para reorganizar su pensamiento que, según parece, todavía no acaba de encontrar una definición filosófica e ideológica dentro de su pretendida actualidad.

Para terminar, queremos ser justos y reconocer que por momentos el articulista tiene la intención de mantener un discurso de izquierda, y es incluso receptivo a algunos de nuestros argumentos iniciales, como cuando menciona al “imperialismo estadounidense”, y reconoce valores del proyecto social cubano.

Aprovechamos nuevamente las páginas de Excélsior para saludar a los numerosos intelectuales mexicanos que siguen, contra viento y marea, junto a la causa de la Revolución Cubana, y a todos los amigos que en México trabajan día a día por la solidaridad con Cuba.

Reciba, una vez más, Sr. Díaz Redondo, nuestro agradecimiento y nuestro más respetuoso saludo.

Miguel Barnet (poeta y novelista), Roberto Fabelo (pintor), José Loyola (compositor), Enrique Núñez Rodríguez (guionista y dramaturgo), Abel Prieto (narrador y crítico), Graziella Pogolotti (ensayista), Humberto Solás (cineasta).

Ejecutivo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba

* Esta carta se publicó posteriormente bajo los títulos “Carta a Excélsior”, La Gaceta de Cuba, n. 6, noviembre-diciembre, 1992, pp. 42-43 y “Segunda carta a Jaime Labastida”, Plural, n. 256, enero, 1993, pp. 74-75.


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