Rond Padgett (FOTO Pascal Perich)

Presentación, por Edgardo Dobry

El título de estos fragmentos de Ron Padgett [Cómo ser perfecto -antología poética bilingüe, Kriller71, Barcelona, 2019] es una parodia de ese género tan americano del libro de autoayuda, inaugurado en los años treinta por un empresario llamado Dale Carnegie, quien vendió unos treinta millones de ejemplares de su infalible tratado sobre Cómo ganar amigos; título simpático al que inquietaba un subtítulo revelador: E influir sobre las personas. Padgett, acaso, podría haber subtitulado su Cómo ser perfecto: sin esforzarse demasiado.

Cómico es, estrictamente, aquello que termina mejor de cómo empieza (en tanto opuesto a lo trágico). En el caso de cierta línea de la poesía estadounidense a la que Padgett pertenece, […] esta regla se cumple en el hecho de que el lector está destinado a terminar en una disposición de ánimo mejor de la que tenía antes de abrir el libro. Cómico no es sencillamente lo que da risa, del mismo modo en que no todo el cómic busca la hilaridad. Tiene que ver, en este caso, con lo que podríamos denominar frescura o ingenuidad. Ahora bien, una ingenuidad programada, ¿no es algo así como una contradicción en los términos? ¿Cómo si alguien te dijera: “Hazte el distraído que te quiero dar una sorpresa”? Quizás sí; pero si funciona es porque algo en esa forma de percepción plasma el efecto de lo genuino. Puede que haya incluso una retórica de la frescura, en la que sólo son admitidos los adjetivos cercanos al pleonasmo, como epítetos creados por el propio idioma; por ejemplo, si hay zapatos deben ser “cómodos”; si haces actividad, procura que sea “variada”; si tienes ventanas, intenta “mantenerlas limpias”. Forma parte de la tradición de la poesía estadounidense del siglo xx y por eso vale aquí lo que Edmund Wilson escribía –ya en 1924– acerca de e.e. Cummings: “Es irónico […] pero no cae en el patetismo, la suya no es una ironía trágica” (evidentemente, lo estaba comparando con La tierra baldía, aparecido dos años antes). Y también: “Su estilo es el de un eterno adolescente, tan fresco y a menudo encantador como inexperto e inmaduro”; pero lo que a Wilson le ponía especialmente nervioso de Cummings –el uso caprichoso de la puntuación y de las normas de ortografía, como escribir el pronombre i en lugar del preceptivo I, o las iniciales del nombre en minúscula– no está presente en Padgett; si, en cambio, cierta “adolescencia eterna”. Este, en todo caso, evita cualquier elemento que sobrecaliente el poema e interrumpa la sensación de que se trata de un apunte del natural –incluso cuando el natural es un pensamiento–. Hasta cierto punto, se persigue un ideal de transparencia del lenguaje del todo opuesto a la guerra sin cuartel contra las palabras que una importante corriente vanguardista, surgida con Dada, persiguió a lo largo del siglo xx y hasta nuestros días.

[…]

La propuesta de Padgett es, hasta cierto punto, una renovación de la consigna horaciana del ut pictura poesis. Sólo que la referencia ya no está en la naturaleza o en la verosímil representación de las emociones. Imitación de una imitación: las palabras en forma de megáfono inspiran un poema en que el amor cabe en el efímero estallido de una cerilla. […] La poesía de Padgett no niega que la angustia y la inadecuación del poeta en el mundo sean la fuente de grandes obras; pero propone que la vida más o menos integrada de un señor de clase media pueda también destilar algunos buenos poemas. Incluso algunos grandes poemas. Wallace Stevens, recordémoslo, quizás nunca se subió a un autobús ni mucho menos para conducirlo; ahora bien, fue directivo de una compañía de seguros y jamás –según los testimonios con los que contamos– abandonó una sola de sus responsabilidades para asistir a un festival de poesía o firmar ejemplares en una feria del libro. Fue un gran aficionado a la literatura francesa pero nunca visitó Francia; a decir verdad, no viajó a Europa en toda su vida. Se dice que una vez, en 1936, se pasó un poco con los cócteles en una fiesta e intentó golpear a Ernest Hemingway, a quien sin embargo admiraba; lo único que consiguió fue caer al suelo por el impulso de su propia torpeza. Por lo visto –como escribe Andreu Jaume– fue “su única salida de tono conocida”. Qué patetismo tan escaso en la vida de uno de los poetas mayores del siglo xx. Por cierto, Padgett le rinde homenaje a Stevens en “Trece maneras de mirar un haiku”, evidente parodia de “Trece maneras de mirar un mirlo”, una de las páginas más celebradas de Harmonium, en la que cada fragmento es una breve captura del paisaje, la estación del año y la emoción predominante del momento.

Buena parte de la apuesta de Padgett se juega en la resonancia de esa carencia de patetismo, que es otro modo de nombrar el costado cómico de las cosas. […] La cocina es el corazón de la casa, de esas casitas con jardín tan característicamente estadounidenses, en el interior de cuyo vallado residen buena parte de los poemas de Padgett. En otro de los homenajes de este libro, al I Remember de Joe Brainard (antecedente del Je me souviens de George Pérec), el poeta rememora una escena de infancia, cuando aún no había “oído hablar de la televisión”: un niño juega con un camión de madera sobre la alfombra junto a su perro mientras escucha de fondo –el niño no lo sabe pero el poeta adulto sí– un rumor que es el emblema del estar a salvo de todas las cosas malas que pasan en el mundo: “el sonido de los platos desde la cocina”. Aunque Padgett practica también esa forma breve y trimembre que, de modo un tanto lábil, suele denominarse haiku, se diría que el auténtico espíritu del haiku está en estos fragmentos en prosa guiados por el albur de la memoria.

[…] El yo que habla en los poemas de Padgett no parece ser amigo de los riesgos ni las aventuras; proclama que la vida cotidiana y las librerías ofrecen suficiente materia prima para los versos y los fragmentos en prosa. En este sentido, usa la prosa con cierto espíritu automático, no con la intención de los surrealistas (la de registrar las asociaciones inesperadas e irracionales) sino con la de encadenar las cosas que llaman la atención: una noticia del diario […]; pasajes subrayados en libros sin darles más hilván que el regocijo de haberlos leído, aunque jugando con el efecto singular que implica leer un fragmento aislado de su contexto; las dificultades para dar con una etimología; una nueva postergación […]; incluso la enigmática constatación de que una libreta comprada en Kiev tiene un nombre en finés. Todo forma parte de esa predisposición a encontrar lo sublime en cualquier forma de manifestación. Cierto espíritu del Wallace Stevens de Sur Plusiers Beaux Sujects parece sobrevolar estos pasajes.

Nacido en Tulsa (Oklahoma), en 1942, Ron Padgett es canciller de la Academia de Poetas Estadounidenses. A los diecisiete años fundó una revista de literatura junto a Joe Brainard y Dick Gallup, The White Dove Review, a través de la cual estableció contacto con poetas de diversas generaciones, como e. e. Cummings (que murió cuando Padgett tenía veinte años), Allen Ginsberg, Robert Creeley, LeRoi Jones y Malcolm Cowley.

Ya instalado en el East Village neoyorkino (en la actualidad, alterna ese domicilio con una casa en Vermont), se convirtió en miembro destacado de la segunda generación de la New York School of Poets. Se graduó en la Universidad de Columbia y estudió escritura creativa en la Universidad de Wagner con Kay Boyle, Howard Nemerov y Kenneth Koch. En 1964 le fue concedida una Beca Fulbright para estudiar y traducir poesía francesa contemporánea, especialmente a Blaise Cendrars y Guillaume Apollinaire.

En 1996 fue galardonado con una beca de la Fundación de Arte Contemporáneo. Padgett ha publicado más de treinta libros de prosa y poesía, entre los que se destacan Some Things (con Ted Berrigan y Joe Brainard) (1964), Two Stories for Andy Warhol (1965), Sweet Pea (1971), Light as Air (1988), How to be perfect (2007), How Long (2011, finalista del Premio Pulitzer). En 2013 se publicó Collected Poems, ganador del Premio L. A. Times Book.

Cómo ser perfecto, antología seleccionada y traducida por Aníbal Cristobo y Patricio Grinberg, abarca el entero recorrido poético del autor, desde sus primeros poemas, de los años sesenta, hasta algunos de los más recientes, incluyendo composiciones posteriores a los Collected Poems; en particular, los escritos especialmente para el filme Paterson de Jim Jarmusch (2016).

Poema

Estoy en casa.
Afuera se está bien: un sol
cálido sobre la nieve fría.
Primer día de primavera
o último de inverno.
Mis piernas bajan corriendo
las escaleras y cruzan
la puerta, mi mitad
superior tecleando aquí.

Cubos

De lluvia
golpean los edificios
pero nosotros en nuestros apartamentos
seguimos secos gracias a los edificios

la lluvia chorrea por los edificios
y rebota
y las terrazas impiden que la lluvia nos moje

el techo no permite que entre nada de agua

insiste una y otra y otra vez
contra el alféizar
tratando de entrar

el cristal está lleno de manchas de agua
tratando de entrar

para ir a todas partes
para mojarlo todo

estoy acostado en mi cama
con la cabeza cerca de la ventana

consciente de todo esto
pensando Qué Bien

Hemos ganado

Salero y pimentero

Mi esposa y yo hemos tenido la intención de comprar un juego de salero y pimentero durante los últimos años. Tenemos uno, que llevamos una y otra vez de la cocina a la mesa y viceversa. Por un motivo u otro, nunca encontramos el momento para comprar el segundo juego. Aparentemente no es tan importante como para comprarlo, pero sí para pensar que tendríamos que hacerlo. “¿Dónde están el salero y el pimentero?”, me oyen decir con frecuencia. “Ah, están en la cocina”, responde mi esposa sin entusiasmo. Llegados a ese punto nuestro hijo dice “Vale” y se va a buscar el salero y el pimentero. Y así volvemos a olvidarnos de comprar el segundo juego. Si alguien se nos acercara en la calle y nos ofreciera un juego ahí mismo, exclamaríamos “¡Es increíble, es exactamente lo que necesitamos!” Pero nadie lo hace. Acabo de salir a verificarlo hace cinco minutos. En vez de eso, las calles estaban llenas de “gente” sosa sin ninguna intención de darme saleros ni pimenteros. Quizás nuestra actitud de posponer la compra sea causada por la satisfactoria belleza de los que ya tenemos. Son de los de cenar de toda la vida, vidrio facetado verticalmente, con tapas de aluminio —gemelos transparentes idénticos, salvo porque uno está etiquetado moi y el otro tu. Los compramos por veintinueve céntimos en Arkansas en 1967. Evocan las patatas fritas y el café caseros, y estoy seguro que alguien podría, con sólo mirarlos, describir la sociedad que los produjo, del mismo modo en que tú puedes leer esto y saber quién soy.

Nunca sabes

1) Qué podría pasar.

2) Cómo se comportarán los otros.

3) Bueno, nada.

Tres reglas que viven
en la casa de al lado.

Aparece el gran filósofo mediocre
y a la puerta de ellas
lanza poderosos rayos
de relámpagos
desde su cerebro.

La puerta ni se inmuta.
Detrás, las reglas
sueltan unas risitas.

Yo presencio esta escena
a través de las cortinas de la cocina
mientras lavo los platos.

Dos escenas en Vermont

Otoño en el campo. Estoy sentado en la hierba. Mi mujer viene por el camino, las manos llenas de bonitas hojas. Mientras pasa a nuestro lado y entra en casa, le da a nuestro hijo una hoja de arce, de colores rojo y verde brillantes. Él la mira. “Hoja”, digo yo. Él la mira. “¿No es bonita?” Delicada nervadura encendiéndose en verde palideciendo en amarillo y consumida en un rojo profundo en los bordes, desde el inicio de la primavera hasta el fin del otoño en una cápsula. “¿No es bonita?” La mira, la levanta sobre su cabeza, y la estampa contra mi cara.

Estoy afuera, leyendo a Whitehead. “Pero el cuerpo es parte del mundo exterior, lo continúa. De hecho, es tan parte de la naturaleza como todo lo demás —un río, o una montaña, o una nube–.” Oigo un ruido a mi izquierda, por el lado de la cumbre. El aire está quieto. No me gusta que un arbusto se esté acercando hacia mí.

Cómo ser perfecto

Todo es perfecto, querido amigo.
Kerouac

Duerme un poco.
No des consejos.
Cuida tus dientes y encías.
No tengas miedo de nada que esté fuera de tu control. No tengas miedo, por ejemplo, de que el edificio se derrumbe mientras duermes, o de que alguien a quien amas, de pronto caiga muerto.
Come una naranja cada mañana.
Sé amigable. Te ayudará a ser feliz.
Aumenta tu pulso hasta 120 latidos por minuto durante 20 minutos seguidos cuatro o cinco veces a la semana haciendo lo que te gusta.
Esperanza en todo. Expectativas en nada.
Cuida primero de las cosas cercanas. Ordena tu habitación antes de salvar el mundo. Después, salva el mundo.
Debes saber que el deseo de ser perfecto es probablemente la expresión oculta de otro deseo: de ser amado, o de no morir.
Haz contacto visual con un árbol.
Desconfía de todas las opiniones, pero intenta encontrar algo de valor en cada una.
Viste de una forma que te guste tanto a ti como a aquellos que te rodean.
No hables rápido.
Aprende algo cada día. (Dzien dobre!)
Sé amable con la gente antes de que puedan portarse mal.
No te enfades por algo más de una semana, pero no te olvides qué te hizo enfadar. Toma distancia de tu enfado y míralo como si fuera una bola de cristal. Luego añádelo a tu colección de bolas de cristal.
Sé leal.
Usa zapatos cómodos.
Planifica tus actividades para que tengan un equilibrio agradable y variedad.
Sé amable con las personas mayores, incluso cuando sean desagradables. Cuando seas viejo, sé amable con los jóvenes. No les pegues con el bastón cuando te digan abuelo. ¡Son tus nietos!
Vive con un animal.
No pases demasiado tiempo con grandes grupos de personas.
Si necesitas ayuda, pídela.
Cultiva una buena postura hasta que se convierta en natural.
Si alguien asesina a tu hijo, consigue una escopeta y vuélale la cabeza.
Planea tu día para nunca tener que apurarte.
Demuestra agradecimiento hacia quienes hacen cosas por ti, incluso si les has pagado, incluso si te hacen favores que no quieres.
No malgastes el dinero que les podrías dar a quienes lo necesitan.
No te sorprendas de que la sociedad sea deficiente. Llora cuando descubras que es mucho más deficiente de lo que habías imaginado.
Cuando pidas algo prestado, devuélvelo en mejores condiciones de las que lo recibiste.
En la medida de lo posible, usa objetos de madera en lugar de plástico o metal.
Mira ese pájaro allí.
Después de la cena, lava los platos.
Tranquilízate.
Visita países extranjeros, excepto aquellos cuyos habitantes han expresado el deseo de matarte.
No esperes que tus hijos te amen, así podrán hacerlo, si quieren.
Medita sobre lo espiritual. Después ve un poco más lejos, si tienes ganas. ¿Qué hay ahí afuera?
Canta de vez en cuando.
Sé puntual, pero si llegas tarde, no des excusas largas y detalladas.
No seas demasiado autocrítico o demasiado autocomplaciente.
No creas que existe el progreso. No existe.
Sube escaleras.
No practiques el canibalismo.
Imagina lo que te gustaría que sucediera, y después no hagas nada para impedirlo.
Descuelga el teléfono al menos dos veces por semana.
Mantén tus ventanas limpias.
Extirpa todo rastro de ambición personal.
No uses la palabra extirpar muy a menudo.
Perdona a tu país de vez en cuando. Si no puedes hacerlo, vete a otro.
Descansa, si te sientes cansado.
Cultiva algo.
No deambules por las estaciones murmurando: “¡Vamos a morir! ¡Todos!”
Cuenta, entre tus verdaderos amigos, a personas de diferentes etapas de tu vida.
Disfruta de los placeres simples, como el placer de masticar, el placer del agua tibia corriendo por tu espalda, el placer de una brisa fresca, el placer de quedarse dormido.
No exclames: “¿No es maravillosa la tecnología?”
Aprende a hacer estiramientos. Hazlo todos los días.
No te deprimas por envejecer. Eso te hará sentir todavía más viejo. Lo cual es deprimente.
Haz una cosa a la vez.
Si te quemas el dedo, ponlo en agua fría inmediatamente. Si te golpeas el dedo con un martillo, sostén tu mano en el aire durante veinte minutos. Te sorprenderán los poderes curativos del frío y la gravedad.
Aprende a silbar a un volumen ensordecedor.
Mantén la calma en una crisis. Cuanto más crítica sea la situación, más tranquilo deberás estar.
Disfruta del sexo, pero no te obsesiones. Excepto por períodos breves en la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez.
Reflexiona sobre lo opuesto de cada cosa.
Si en el mar, el miedo de haber nadado demasiado lejos te paraliza, da la vuelta y regresa al bote salvavidas.
Mantén vivo tu yo infantil.
Responde las cartas inmediatamente. Usa sellos llamativos, como el que tiene un tornado.
Llora de vez en cuando, pero sólo cuando estés solo. Después aprecia lo bien que te sientes. No te avergüences de sentirte mejor.
No inhales el humo.
Respira profundamente.
No te hagas el listo con un policía.
No bajes de la acera hasta que puedas cruzar toda la calle. Desde la vereda puedes estudiar a los peatones que han quedado atrapados en medio del tráfico enloquecido y estrepitoso.
Sé bueno.
Camina por distintas calles.
Hacia atrás.
Recuerda la belleza, que existe, y la verdad, que no. Fíjate que la idea de verdad es tan poderosa como la idea de belleza.
Mantente alejado de la cárcel.
Al final de la vida conviértete en un místico.
Usa pasta de dientes Colgate con la nueva fórmula Control Antisarro.
Visita a tus amigos y a tus conocidos en el hospital. Cuando sientas que es momento de irte, vete.
Sé honesto contigo mismo, diplomático con los demás.
No te enloquezcas demasiado. Es una pérdida de tiempo.
Lee y relee grandes libros.
Cava un agujero con una pala.
En invierno, antes de acostarte, humidifica el dormitorio.
Debes saber que lo único perfecto es una partida de 300 puntos en bowling, y una de 0 strikes y 27 out en béisbol.
Beber mucha agua. Cuando te pregunten qué quieres beber, di “Agua, por favor”.
Pregunta “¿Dónde está el baño?” pero no “¿Dónde puedo orinar?”
Sé amable con los objetos físicos.
A partir de los cuarenta, hazte un chequeo completo cada pocos años con un médico de confianza.
No leas el diario más de una vez al año.
Aprende a decir “hola”, “gracias” y “palillos” en mandarín.
Eructa y tírate pedos, pero en silencio.
Sé especialmente cordial con los extranjeros.
Mira teatro de sombras e imagínate que eres uno de los personajes. O todos.
Saca la basura.
Ama la vida.
Paga con el cambio exacto.
Cuando escuches disparos en la calle, no te acerques a la ventana.

Pikakirjoitusvihko

Mantengo la puerta abierta para una mujer vieja y frágil.

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Ella parece sorprendida.

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Nunca me voy a recuperar de tener la imagen mental de Jimmy Durante apenas supe que el verdadero nombre de Dante era Durante.

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Cuanto más hablan nuestros funcionarios públicos sobre la integridad, más arde su hipocresía. (Pensar una perogrullada así me hace sentir contaminado).

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Los franceses tienen una reputación de exactitud verbal, entonces ¿por qué le dicen a una americana “veste de costume”?

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Cuando me miré en el espejo por primera vez, siempre había estado ahí.

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A la espera de que cambie el semáforo, un muchacho de veinte años con buena apariencia desenvuelve un chocolate y deja caer el papel a unos pocos pasos del tacho.

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El sistema económico estadounidense —si algo tan fuera de control puede llamarse sistema— requiere cada vez más producción y consumo, lo que produce una mayor destrucción del mundo natural y ataques cada vez más invasivos al sistema nervioso. Esta fuerza destructiva sabe moverse sólo en una dirección. Soy parte de este sistema, estoy comprometido con él, sobre todo, me digo, para proteger a mi esposa de un futuro miserable. Ella es mi primera responsabilidad, a pesar de mi vergüenza y desprecio por la ruina que nosotros, especialmente en Occidente, estamos causando al mundo. Es extraño que estas ideas monumentalmente importantes —aunque obvias—, a veces me resulten tediosas, como si fueran una molestia menor.

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Ella entra y pregunta: “¿Qué estás haciendo?” pero quiere decir otra cosa.

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Tengo que llamar a Ted Greenwald.

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Para un escritor es bueno estar enfadado todo el tiempo porque entonces tu trabajo le puede gustar a más personas.

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En el último día de una estadía en una ciudad lejana, trato de seguir interesado y ocupado, aunque sé que estoy haciendo tiempo hasta la hora de salida: me paro en el Jardín de Luxemburgo pero no estoy completamente ahí. Ahora advierto que empecé a hacer algo parecido en mi vida en general. A los sesenta, empecé a tachar los días. ¡Hey!

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Tonterías

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(Un homenaje secreto.)

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Nos referimos a las décadas de un siglo como los veinte, los treinta, los cuarenta, etc., incluso los diez, pero ¿por qué no sé el nombre de la primera década de un siglo? ¿Es un punto ciego especial para mí?

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Fantasía y fuga en La Menor.

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Las “abluciones matinales” me sonaban como algo que la gente hacía en el siglo diecinueve. Ahora las hago.

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Diferencias de raza, nacionalidad, religión, clase social, riqueza, género, edad, ideología política, filosofía —todo puede ser una barrera para la compasión–. ¿Pero qué hay de la inteligencia? ¿Cuántas personas de inteligencia notablemente inferior cuentas entre tus verdaderos amigos?

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Es casi medianoche. Sin dudas es tarde.

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Cuando aprendí a atarme los cordones, a la edad de seis, lo hice solo, inventando una curiosa serie de bucles y movimientos; cincuenta y cinco años después todavía la sigo usando, aunque no sé qué significa eso.

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Cuando los pasos en el pasillo se detienen, una larga sombra fluye debajo de la puerta. Luego sigue.

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En las películas sobre indios nunca hay evidencia —en las tiendas o en cualquier otro lugar— de un baño. ¿Y dónde iban a… ?

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Nombre de un negocio en upper Manhattan: “Explosiones 2000— Hombres, Mujeres, & Niños.”

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El milagro de existir y ser capaz de decirlo y tener cortinas.

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Fárrago.

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El día en que nací, saboteadores alemanes desembarcaron en la costa de Florida.

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Título: “Lo Que Sea Que Le Pase A Tu Pelo En Una Canción”.

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“Por convención dulce, por convención amarga, por convención caliente, por convención frío, por convención color: pero en realidad átomos y vacío “. (Demócrito, citado por Sexto)

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“Un día, mirando una pintura de Matisse, perdí mi espalda”. (Bernard Noël)

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El origen de la palabra confusión es desconocido.

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¿Cuántas personas, solas, en la privacidad de sus casas, alguna vez cantaron el himno nacional? Probablemente muy pocos. ¡Quizás ninguno! La soledad no es patriótica.

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La mosca

en el mostrador

no está ahí

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Buenos Aires, Argentina. Al menos 60 000 personas asistieron a una misa católica al aire libre el lunes para llorar el robo de las manos del expresidente Juan Perón.

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“Como consecuencia de ello puede surgir, y encontrar acogida, el error de que las fuerzas económicas y los intereses económicos mueven el mundo. La sobrestimación del factor económico en la sociedad y en el espíritu humano fue, en cierto sentido, el fruto natural del racionalismo y del utilitarismo, que mataron el misterio y liberaron a los hombres de la culpa y el pecado. Pero no los liberaron al mismo tiempo de la insensatez y de la miopía, y propendían a santificar el mundo según el modelo de su propia vulgaridad” (Jan Huizinga, Homo Ludens).

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Durante los últimos treinta y cinco años he tenido la intención de encontrar y leer The Heart of the Continent de Fitz Hugh Ludlow, 1870, preguntándome si podría ser uno de esos clásicos “perdidos”, que me parece más atractivo que los “encontrados”.

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“Ha comprado una Madonna de Andrea del Sarto por seiscientas lentejuelas” (Goethe, Italian Journey, en versión de Mayer y Auden).

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Según Oscar Wilde, las mujeres son esfinges sin secretos. ¿Quiere decir que son simplemente estatuas colosales? Si es así, tiene razón.

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(Es una broma.)

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“Ningún hombre que tenga prisa es del todo civilizado” (Will Durant). ¿Es este el modo en que la tecnología nos está llevando a nuevas formas de salvajismo?

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Algunas cosas que todos deberían saber:

1) Cómo nadar

2) Cómo realizar reanimación cardiopulmonar y la maniobra de Heimlich

3) Cómo silbar fuerte

4) Cómo tratar golpes y quemaduras de cocina aplicando agua fría inmediatamente.

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Debo regresar al Louvre para ver una pintura intensamente erótica y tonta llamada Aurora y Céfalo.

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Es irritante ser casi viejo sin haber crecido.

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Un repentino antojo de manejar 500 kilómetros hasta Vermont y comprar cubiertas nuevas.

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Escuchar que Wittgenstein venía de la familia más rica de Austria me hizo –por ahora, al menos– perder el entusiasmo por sus ideas. ¿Qué dice eso sobre mí?

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Te estás muriendo de hambre, así que calientas la sopa. Pero ahora está demasiado caliente para tomarla.

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Mi sentimiento de culpa por no querer ser enterrado en Tulsa, como si estuviera abandonando a mi madre por toda la eternidad.

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Buscar Victoria Pírrica en el diccionario no vale la pena.

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¿Qué hacer mientras una democracia se destituye a sí misma?

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Cuando le preguntaron qué quería que hagan con su cuerpo después de su muerte, Philip Whalen dijo: “Pídales que me acuesten en una cama de frambuesas congeladas”.

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Un sonido entra en la habitación como una caja de cartón del tamaño de la habitación entrando en la habitación.

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Hace una hora iba a escribir: “Mi vida no fue lo que podría haber sido, porque no salvé al mundo de la infelicidad, la voracidad, la destrucción, el miedo y el odio “, pero sonó el teléfono, y cuando finalmente volví a la página en blanco, lo miré sin tener idea de para qué me estaba esperando. Entonces: “¡Mala suerte!”

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En cierto nivel, las cosas no van a mejor ni a peor, simplemente van. Que yo no sepa lo que esto significa es un ejemplo.

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No importa si la civilización lo admite o no, en este momento niñas de todo el mundo se están masturbando.

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Este cuaderno creo que lo compré en Kiev. Yo había ido a nadar al Dnieper, más que nada porque me gustaba la idea de poder decirme a mí mismo algún día que había nadado en un río cuyo nombre empieza con Dn —sin acordarme de que el agua podía estar radiactiva por el reciente y cercano desastre de la central nuclear en Chernobyl–.

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La cortesía es más eficaz que la falta de ella.

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Si tengo una enfermedad mortal, me enfadaré mucho. La culparé de mi muerte.

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“Su valor está en lo que contiene / Y eso es esto, y esto…” (Shakespeare, casi Gertrude Stein, Soneto 74)

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¿La geometría euclidiana dice que el ángulo de reflexión es igual al ángulo de incidencia? Si es así, no puede ser cierto. El ángulo de incidencia debería estar primero. Pero si lo damos vuelta, aparece el mismo problema. (Sólo enfocándome en ideas así puedo evitar enfadarme con la forma en que las “cosas” son).

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Fyodor = Theodore. Por lo tanto, Ted Dostoyevsky.

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Y, mientras las bombas caen en Bagdad esta noche, qué encantador es el melodrama de los truenos detrás de mi ventana.

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¿Es esnobismo o nostalgia lo que me entristece cuando pienso en que pasaron décadas desde que escuché las dos palabras que resonaron a lo largo de mi adolescencia: curiosidad intelectual? Y aunque todavía se escucha la palabra conformidad, ya no es un término despectivo; ahora estamos en la misma página, cumpliendo con el programa, en equipo.

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Si vives lo suficiente y miras con el empeño suficiente, eventualmente —para bien y para mal —encontrarás tu humanidad.

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Una amiga francesa me escribió, C’est la fin des carottes (Es el fin de las zanahorias), pero no sé lo que significa. Tal vez “¿Eso es todo lo que ella escribió? (Envié tu montura a tu casa.)

***

¿Cómo podría haber comprado este cuaderno en Kiev cuando la palabra en su portada, Pikakirjoitusvihko, es finesa?

Te digo algo

¿En qué estaba pensando
hace unos minutos cuando
fui arrastrado
por otro pensamiento?
¿No puedo tener (pimienta)
varios pensamientos al mismo tiempo
(carnaval en el medio) o ir hacia adelante y hacia atrás
entre (guion) ellos?
¡Creo que sí!
Pero ya que a las personas (hala) no
les gusta esa forma de pensar (fábrica)
no la practicamos (perrera) mucho.
Yo nunca quise vivir (árbol)
en una perrera.
Ahora para volver (mapa
plegable) al pensamiento anterior.
(El presidente lo está protegiendo)
(No tiene sentido pedírselo).
Tenía algo que ver
con secuencias (volando hacia arriba
por todo el lugar) y cómo
(humo) los números tienen propiedades
que (grifos brillantes) inducen
ciertos pensamientos y emociones,
como la tranquilidad.
Creo que ese es un buen argumento
para la linealidad. ¿No prefieres
la linealidad a largo plazo?
(Nubes bajas sobre el campo de invierno.)

Me acuerdo de cosas perdidas

Me acuerdo de cartas dirigidas a mí con mi nombre y la dirección de la calle, y en la línea siguiente la palabra Ciudad. Lo que quería decir la misma ciudad en la que habían sido enviadas. ¿Es posible que la vida haya sido así de simple?

Me acuerdo de la primera vez que oí a Joe leer partes de su Me acuerdo. El shock del placer reemplazado rápidamente por la envidia y la pregunta ¿cómo no se me ocurrió a mí? El placer estético llega de muchas formas y en muchos grados, pero la envidia sólo aparece cuando admiras sinceramente el trabajo de alguien con todo el corazón. Envidiar el talento de alguien a quien amas es particularmente hermoso y estimulante. Y ni siquiera necesitas responder la pregunta.

Me acuerdo sentirme mosqueado con García Lorca porque me había hecho casi llorar por algo que puede que nunca haya sucedido. Hay una foto suya de 1929 de pie junto a una esfera gigantesca soportada por un pedestal de granito en el que también se apoya un reloj de sol, en el campus de la Universidad de Columbia. Al pasar por el reloj de sol esta mañana, de pronto me di cuenta de que García Lorca había estado en ese mismo sitio setenta años atrás, pocos años antes de ser asesinado. ¡Una muerte tan brutal y estúpida! Los ojos se me llenaron de lágrimas. Pero al volver a pensar en ello, me pareció difícil de creer que alguien hubiera podido poner semejante esfera en ese sitio: se hubiera interpuesto entre la luz y el reloj de sol, ¿no? Más tarde, cuando examiné la foto nuevamente, vi que de hecho había sido tomada allí. Pero, ¿y esa esfera? Me gusta porque me distrae de la idea de su muerte.

Me acuerdo del mill, la moneda que fue usada durante algunos años desde poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial hasta justo después de acabada. Una pieza circular de papel delgado (y luego un metal muy liviano) con un agujero redondo en el centro: el mill valía un décimo de céntimo. Era divertido apretarlo con fuerza entre el pulgar y el índice hasta crear pequeños bultos temporales en los dedos. En las etiquetas de los precios, iba escrito como si fuera una potencia; por ejemplo, diez céntimos y cuatro mills se escribía 104. No sé si los mills se usaban en otros sitios más allá de mi pueblo, y desde que dejaron de usarse sólo he vuelto a oír hablar de ellos una o dos veces. Se han desvanecido, más olvidados que los céntimos negros del mismo período. Pero si les hablas de los mills a personas lo suficientemente viejas para recordarlos, sus rostros se encenderán con el brillo del reconocimiento y del placer profundo en tu compañía.

Trato de recordar cómo era no conocer la televisión, tener seis años con tus juguetes y quizás un perro. Conduces el camión de madera por la alfombra y haces ruido de camión que luego se convierte en bocina mientras te acercas a la pata extendida de la perra que se pone de pie, por las dudas, y dices “Vaya, no te hubiera chocado”. Moviendo su cola, ella te lame la cara, lo que al principio es divertido, hasta que la respiración canina se hace demasiado fuerte. Así que te limpias la cara con la manga, vuelves al camión, y enciendes otra vez su motor. El sonido de los platos desde la cocina.

Me acuerdo de cuando algunos coches, los más viejos, tenían estribos, y lo divertido de estar allí de pie en uno de ellos y cogido al borde de la ventanilla mientras el coche aceleraba al bajar la calle hacia la esquina, con el viento en mis oídos. Poco a poco, cada vez hubo menos coches con estribo, y finalmente ninguno. Al menos los nuevos coches tenían algunos adornos en el capó, siendo el más memorable de ellos la brillante cabeza cromada de un indio, su perfil cortando el viento, las plumas de su cabeza hacia atrás por el viento. Y luego él también desapareció.

Trece maneras de mirar un haiku

Tres pares grandes de zapatos rojos
en el armario
con cordones amarillos

La escoba apoyada en la cocina
al final de la tarde
puerta del todo abierta

La vieja robando en las vides
arrancando hojas muertas
escupiendo y maldiciendo

En la bandeja del horno
un hombre de jengibre
leyendo un libro

Broches de madera en el césped
en el picnic
para los obreros de la fábrica

En el aire
un rostro de vidrio
a punto de materializarse

Niebla en la cabaña del jardinero
ella se acurruca más cerca
él abre un ojo

Un mosquito revolotea
sobre los peldaños que dan
al huerto de manzanos

Si miras con mucha fuerza el aire
veras algo allí
aunque seas un martillo

Un viejo vestido como con burbujas de jabón
camina por el bosque
cantando alegremente

De izquierda a derecha
la escritura dulce y meticulosa
en el viejo cuaderno

Cerezas rojas en el vestido de algodón
sobre su cuerpo
mientras abre las cortinas

Un hombre es un completo idiota
a menos que hable a través de su sombrero
mientras se desploma por la calle.

Borde

Al principio es agradable sentir que tu cuerpo tiene un contorno definido, que abre un surco en el mundo natural como un abrelatas a través de la tapa de una lata de guisantes, como una hoja resplandeciente de arce rojo aplastada por el viento contra un abeto oscuro del que cuelga por un momento como la luna al borde de una nube que ahora está cubriendo la luna que brilla a través suyo y luego se oscurece por completo como el rostro del joven que perdió la cabeza cuando se le cayó como una hoja de papel saliendo de una fotocopiadora y luego otra y otra, su mente en múltiples copias, una encima de la otra, 21 /29,7 cm.

Varias cuestiones sin resolver

Una era
cómo Ted y yo discutíamos recurrentemente
sobre el modo de calentarse más rápido
al llegar de la calle cuando hace frío
si quitándote el abrigo o dejándotelo.
Otra tenía que ver con mojarse.
Digamos que estás a cien metros
de tu casa y empieza a llover.
¿Llegas más seco si corres
hasta la casa o simplemente
te cae la misma cantidad de lluvia,
sólo que más rápido? La tercera cuestión
era cuál de los dos, el agua caliente o el jabón
es más importante para lavar los platos.
Pasamos horas
examinando las variables y exponiendo
nuestros puntos de vista, para terminar volviendo
a las mismas cuestiones
semanas e incluso meses más tarde y tener
básicamente las mismas discusiones.
Nuestro nivel de conflicto era bajo,
pero a veces pienso en esas tres cuestiones
y me pregunto cuál era mi opinión.

Mariposa

Chuang Tzu escribió sobre un hombre
que soñó que era una mariposa
y cuando despertó
no sabía si era o no
una mariposa que soñaba ser un hombre.

La idea me encanta
aunque no creo que Chaung Tzu
realmente pensara que un hombre pudiera pensar
que es una mariposa,

porque una cosa es despertarse
de un sueño en medio de la noche
y otra pasar toda tu vida
soñando que eres un hombre.

Yo me he pasado toda mi vida
pensando que era un chico, después un hombre,
y una persona, y un norteamericano,
y un ente físico y un espíritu
y quizás un poco mariposa.
Quizás debería ser más mariposa,

es decir, fluctuar en una habitación,
con ojos saltones y grandes alas que revoloteen
soltando un polvo asfixiante
sobre gente que chilla y cae muerta,

casi. Porque los rescataría
con la música celestial de mi belleza
y mi absoluto desamparo,
mi etérea indiferencia hacia lo que son.

La teoría de los pasos

Una idea pasó como un pájaro
y un pájaro pasó como una nube
y una nube pasó como un instante:
esta es la Teoría de los Pasos de la Realidad
y su efecto secundario la Configuración Zigurat.
Entonces un pájaro pasó como una idea—
la idea misma de la Teoría de los Pasos,
porque ya nadie piensa en ella,
porque sus partes encajan a la perfección,
así como un juego de palabras
es sólo palabras y al mismo tiempo no
es sólo palabras, por un instante.
No puede volver
porque nunca fue a ninguna parte,
al contrario de una nube que no puede volver
porque fue a todas partes.
Así que saltamos y nos arrojamos,
al gran entretenimiento
de nuestro Yo superior,
ese que no podemos encontrar,
su risa resonando para siempre
en los pocos instantes que tenemos.

Ese es el primer paso.
Ahora junta idea, pájaro y nube
y guárdalos en una caja.
(Harán falta más tarde).

Para el segundo paso debes olvidarte
de quien no eres, es decir,
de todos los demás, aunque tú
seas parte de todos los demás.
Eso en sí no es difícil,
lo haces todo el tiempo
cuando no estás mirando.
Lo difícil es lo que sigue:
debes hacerte
tan plano como una crepe
y evitar que te unten mermelada
encima.
La mayoría no untaría
mermelada en una crepe humana,
pero algunos sí.
Una vez que estés plano, sólo túmbate allí
un rato. Mira esas nubes
y al pájaro que voló hacia la idea de nubes.

Finalmente, la Configuración Zigurat
entra en acción. Hace calor y humedad
pero el zigurat continúa ascendiendo
hasta que llega a su cima, y luego
baja otra vez, sólo para volver a subir,
y así. Una vez tuve una tía que era así
—nada la detenía—
su rostro de perfil formaba un zigurat.
Los niños pusimos vasos de agua
a cada paso, representando así el alma
sin saber que lleva un tiempo
saber que tenemos una, pero
para ese momento el alma se había desvanecido
en el proceso de llegar a ser,
como la idea, el pájaro y la nube:
canto, canto y canto.

El tercer paso es para más tarde,
pero puedo decirte por ahora
que incluye praderas verdes onduladas
entras, pero no estás allí
y sigues tu instinto,
sin nube, sin pájaro, sin idea.

Solo y no solo

Del agua sale
ese
que regresó
hasta el agua
y extrajo el cero.

Ahora es cuando.

Ahora son las 8:15 pm
Hora del Este.

En Beijing Lan Lan
se está levantando
mañana.
Veo su hermosa cara sonriendo
mientras dobla las mantas.

Esta noche
me meteré debajo de la colcha
y pensaré en su cara
no porque
esté enamorado de ella
sino porque
me gusta su cara
aunque
no la quiero
en mi cabeza.

Del agua sale
mi cabeza,
de cabeza, ¡splash!
La cabeza de una persona
no debe estar
bajo el agua.

¡Mira los peces!
¿Quién quiere ser uno?

Yo quisiera
por un momento
o dos. Después,
volver a mí.

Sería terrible
alternar
ser pez
y persona
cada pocos segundos.

Inhalamos
y exhalamos
cada pocos segundos.

Las dos hijas
de Lan Lan
están inhalando y exhalando
todavía dormidas—
es domingo
en Beijing.

El marido de Lan Lan
está sentado en una mesa
en la cocina
pensando
en la poesía
de Alexander Blok.

Alexander Blok
está echando agua caliente
en la tetera.
Del agua
sale el té
y del té
sale el aroma a jazmín.

Y entonces Alexander Blok
no estaba ahí.
Tuvo que irse
y volver a morir.

Exhaló
y exhaló, y entonces
fue como un pescado muerto,
envuelto en un periódico
cuyo titular era
MURIÓ BLOK.
Regresó
y se salió
de su vida
metiéndose en esas dos palabras.

El marido de Lan Lan
mira confundido—
su mente está en ruso
pero todo lo demás
está en chino
cuando ella llega
y el jazmín es más intenso
y más tuyo ahora.

Son las 8.33 pm.
¿Qué ha pasado?

No estabas solo
pensando que estabas solo.


* Estos fragmentos del prólogo y poemas fueron tomados de Cómo ser perfecto -antología poética bilingüe (Kriller71, Barcelona, 2019), selección de la poesía de Ron Padgett, traducida del inglés por Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo. Agradecemos al prologuista Edgardo Dobry y al director de la editorial la cortesía de ofrecer los textos a los lectores de Rialta Magazine.

PATRICIO GRINBERG

Patricio Grinberg (Buenos Aires, 1970). Es autor de La jabalina (2002), Manila (2010), VHS (2012) y Sea Monkeys (2014). Ha traducido obras de John Cage, Wallace Stevens, Emmanuel Hocquard, Rae Armantrout, Mary Jo Bang, Laurie Anderson y Chris Marker entre otros. Desde hace diez años dirige la editorial Zindo & Gafuri.

ANÍBAL CRISTOBO

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971). Es autor de Teste da Iguana (1997), Krill (2002), Miniaturas Kinéticas (2005), Krakatoa (2012) y Una premonición queer (2015). Ha traducido obras de Carlito Azevedo, Gonçalo M. Tavares, Ron Padgett, Kenneth Koch, Edward Hirsch y Marília Garcia entre otros. Desde 2012 dirige la editorial Kriller71.
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