La poesía y el poder no se encuentran en ningún punto; el poder estructura y la poesía desmonta. La poesía se expande a través de los tiempos y de los lenguajes.
No hay que confundir el rigor estético con la denuncia social. El deber de la poesía radica en tratar de ser auténtica, cuestionadora de los temas esenciales del hombre.
El poeta norteamericano Charles Simic es uno de los mejores exponentes de esta tradición en la literatura norteamericana de “la desesperanza visionaria”.