Lamentan muerte en La Habana de la poeta Georgina Herrera, cimarrona y feminista

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Georgina Herrera (1936-2021)
Georgina Herrera (1936-2021)

Escritores y activistas cubanos lamentan desde la tarde de este lunes la muerte en La Habana, a los 85 años, de la poeta cubana Georgina Herrera, víctima de coronavirus. Tras conocerse el hecho ocurrido en el hospital capitalino Salvador Allende (La Covadonga), muchos han ensalzado en redes sociales tanto su obra poética como su compromiso de larga duración con las causas feminista y antirracista en la isla.

Considerada una “cimarrona” moderna, a menudo se pedía el Premio Nacional de Literatura, que ya no llegará, para la autora de poemarios, relatos, novelas y guiones que comenzó a publicar a inicios de los sesenta en Ediciones El Puente, legendario grupo y proyecto editorial fundado por el poeta José Mario Rodríguez que pronto fue marginado y desarticulado por la burocracia cultural de la época.

Nacida en 1936 en Jovellanos, Matanzas, Georgina Herrera (“Yoya”) publicó en Cuba libros como GH (El Puente, 1962), Gentes y cosas (UNEAC, 1974), Granos de sol y luna (UNEAC, 1978) o Grande es el tiempo(UNEAC, 1989), trabajó en Radio Progreso y escribió libretos para ese medio y para la televisión, recibió el premio UNEAC de poesía en los setenta, llegó a integrar los jurados de los premios Casa de las Américas y Nacional de Literatura, y recibió reconocimientos gubernamentales como las medallas Raúl Gómez García y Alejo Carpentier o la Distinción por la Cultura Nacional.

Sin embargo, no dejó der ser en cierto modo una outsider, justo en la medida en que han sido cubiertas y desplazadas las problemáticas del racismo y las luchas feministas por el discurso oficial revolucionario y la política cultural isleña.

En su “Elogio grande para [sí] misma”, Yoya se definió “a contrapelo” de cierta historia:

Yo soy la fugitiva

soy la que abrió las puertas

de la casa-vivienda y “cogió el monte”.

No hay trampas en las que caiga

Tiro piedras, rompo cabezas.

Oigo quejidos y maldiciones.

Río furiosamente

Y en las noches

bebo el agua de los curujeyes,

porque en ellos

puso la luna, para mí sola,

toda la gloria de su luz.

 “Es la poeta cubana más sencilla del último siglo”, ha dicho sobre Herrera el ensayista, editor e investigador Roberto Zurbano. “La más paciente y emotiva, quizás la más consciente de la simultaneidad del sufrimiento y la alegría, de la fugacidad de lo terrible y la permanencia de lo amable. Su mirada limpia y tristísima extiende su maternidad hacia la gente y las cosas sensibles. Sus versos nacieron iluminando la pobreza real, atravesando discriminaciones y otros pesares hasta revelarnos el envés de lo doméstico y convertirse en reina cimarrona, mensajera de nuevas sublevaciones del corazón y la esperanza”.

Homenajeada hace una década en la Universidad de Columbia, Missouri, por sus contribuciones al rescate y presevación de las raíces afrocubanas, Georgina Herrera es también autora de los volúmenes Gritos (Torre de Papel, 2004), Gustadas sensaciones (Ediciones Unión, 1996), Golpeando la memoria (con Daysi Rubiera) (Ediciones Unión, 2005) y Always Rebellious/Cimarroneando (Cubanabooks, 2014). En 2016, Letras Cubanas publicó su Poesía completa.

Algo parecido a su arte poética –o quizá se trate más bien de su arte existencial— dejó cifrado en los versos de “Grande es el tiempo”:

Grande es el tiempo a transitar

como un camino

si de las penas partes, yendo

hacia la dicha.

Y llegas y te instalas, pero

no permaneces, vuelves, irremediable,

al primer sitio, cual si fuera

el de tu origen, donde

algo perdiste y buscas incansable

pero

no sabes qué.

En “Eva”, la poeta negra y cimarrona de Jovellanos desmiente rigurosamente “la falsa historia” del Génesis patriarcal:

Rueda la historia

contada por Adán a su manera, dice

que desnuda la extrajo

de su costado, cuando

en verdad llegó vestida

de cielo, tarde y cantos de mil pájaros.

Vuelve a pasar el tiempo,

tanto…

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1 comentario

  1. Fue víctima de la discriminación racial y la pobreza hasta su muerte… Descanse en paz mi querida Yoyi, me parece oír a Manolo Granados, padre de tus hijos, elogiando tu dignidad y valentía, cuando aún vivías en la casa de huéspedes de 17 y H, esquina opuesta a la UNEAC.

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