Librada González conversa sobre el Archivo Cubanecuir

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Librada González, gestora del Archivo Cubanecuir

Nieve en las calles. La ciudad es Nueva York. Esa ciudad de cosas inadvertidas. Librada viste una bufanda de seda, capa de algodón y tenis de malla. Piensa en aquel conjunto de fotografías de Adrian Pipper: I Am Somebody, The Body of My Friends. Meses antes, al final de un recorrido por la costa este, había conocido esas calles por donde ahora camina. Por donde camina y piensa en las dieciocho fotografías de Pipper. Quince a color. Tres en blanco y negro. Ella es un cuerpo, el cuerpo de sus amigues, se dice, y resbala en la aguanieve.

Con esa consciencia de las otredades (a partir de ellas), la activista y archivista cubana Librada González Fernández fundó el Archivo Cubanecuir con el objetivo de agrupar, resguardar y promover la memoria histórica de las comunidades cuir en Cuba. Una memoria fragmentada, marginal, ex-céntrica, en gran parte agredida (destruida en algunos casos) por un sistema tecnopatriarcal que legitima el semisilencio historiográfico. Ese sistema tecnopatriarcal, opresivo e institucionalizado, suele mirar a los cuerpos cuir con una visión exotizante y patológica. Así es. Así ha sido –con pequeños remansos–durante las últimas seis décadas (y desde antes).

La colección Cubanecuir surgió bajo la necesidad de (re)construir y cartografiar una memoria colectiva oculta y propiciar nuevas tecnologías de representación (traducción) contrasexuales –si usamos la noción de Paul B. Preciado–. El Archivo es un gesto, un manifiesto que impugna la norma y permite imaginar (y no sólo) otras políticas del cuerpo, más allá de las políticas normativas y las taxonomías jerárquicas.

A propósito de la fundación del Archivo Cubanecuir, Librada tuvo a bien concedernos esta entrevista. Sus palabras son cortavientos.

Edgar Ariel

Librada, aunque he leído casi todo lo que se ha publicado sobre ti, quisiera saber, con esta primera pregunta, a manera de besamanos, ¿cómo comienza tu recorrido como archivista?

Librada soy gracias a las personas que me han educado y amado. Soy mi comunidad, mis ancestres cuir, la familia que escogí. Me paso el día pensando, y cuando se me mete algo en la cabeza, no hay quien me lo saque. Decidí ser archivista y no le pedí permiso a nadie. Soy cubana, y como buena cubana, ando inventando.

Desde que tengo memoria, estoy segura de dos cosas: soy inteligente y pájara. Les adultes en mi vida no se cansaron de asegurármelo. Creo que ser tan expresiva y creativa bajo la sombra de ese machismo fue mi primer acto de resistencia. Por ejemplo, cuando quise ser maestra, convertí el corral de gallinas del patio en aula. Saqué cuatro sacos de tierra con una pala, tumbé la cerca y baldeé el piso yo misma.

Más adelante, cuando quise ser titiritera, monté un retablo con siete gajos de una mata de mango. Esperaba a que mi padrastro llegara de la fábrica de zapatos donde trabajaba y con un cuchillo sacaba los clavos que quedaban encajados en sus suelas para construir la escenografía. Cuando llegó la hora de recoger mis cosas, insistí en llevarme todo el cartón que había guardado para hacer los títeres por miedo a no encontrar más en Estados Unidos. Tuvieron que llamar a mi abuela para que me dijera que eso aquí lo vendían en la tienda.

¿Cómo recuerdas la llegada a Estados Unidos, a Hialeah, con once años?

En Hialeah tuve una educación pésima: la que me trataron de meter en la escuela. Aprendí más escondiéndome entre las cortinas del teatro, donde iba a verme con un muchacho, o cuando me escapaba de la casa para pasar la madrugada desnuda junto a mi novio en un parque público.

Me aburrí de la universidad y después de dos años decidí juntar mis ahorros para comprarme un carro. Me pelé al rape y me fui con une amigue a montar obras de títeres por la costa este. Cargué con luces, trajes, muñecos… pero casi ni titiriteamos. Ambes empezamos a travestirnos: yo me ponía las sayas y vestidos que había cargado como disfraces y elle unas camisas de mangas largas que le gustaban. Así fue como conocí Nueva York.

El regreso a la casa de mi madre fue deprimente, aunque no sabía por qué –empezaba a navegar mi identidad trans. A los pocos meses, me mudé a Nueva York. Me tocaba ser la guajirita otra vez.

¿En qué momento decidiste conformar el Archivo Cubanecuir?

Llevaba tres años haciendo investigaciones en diferentes archivos y bibliotecas de Nueva York. Fue tanto lo que descubrí en ese tiempo que varias tardes terminé llorando de emoción en medio de la sala de lectura. Había encontrado en la historia cubana el pedazo que me faltaba para entender mi identidad de manera interseccional.

Después salía a tomar el tren con tremendas ganas de compartir con alguien todas aquellas revelaciones, pero me hallaba rodeada de gringues. Me sentía muy conectada al pasado y a la vez muy sola en el presente. Como si estuviera llena de fantasmas y, para colmo, a más de mil millas de Cuba. Quise atar esos dos espacios, esas dos temporalidades y crear un puente entre mi historia y la de mis antepasades, entre quienes se fueron y quienes se quedaron.

Un día estaba en una clínica llenando un cuestionario y me preguntaron cuáles eran mis sueños a largo plazo. Escribí que quería crear un Queer Cuban Archive para terminar rápido. No volví a pensar en eso hasta un mes después cuando estaba sentada en el trabajo escuchando música. Tuve razones para negarme a ese sueño; pero soñar se había vuelto una necesidad.

¿Con qué objetivo creaste el Archivo?

Me inspiraba el trabajo del archivo de la memoria trans en Argentina. Quería algo así para Cuba. Un archivo que incluyera identidades fuera de lo binario. Que incluyera lo cuir. Pensé que crear un archivo únicamente trans excluiría a muchas personas que trasgredieron los límites del género, sin identificarse con el lenguaje de hoy. Lo que ahora entendemos como trans, intersexual y no binario, existió en el pasado dentro de la “afeminación”, la “pederastia” y el “homosexualismo”.

Siempre han sido las personas cis quienes han contado la historia LGBTI+ de Cuba, e insisten en interpretarlo todo desde la sexualidad. Han narrado el pasado desde un punto de vista rígido y anacrónico, con una perspectiva cishomonormativa. Esa “Carta crítica del hombre muger” que publicó José Agustín Caballero en 1791, por ejemplo, no es un documento principalmente homofóbico, como siempre se ha querido interpretar, sino transfóbico, porque arremete contra la expresión de género, no contra la sexualidad de las personas cuir.

Ese es uno de los objetivos del archivo: reinterpretar la historia para incluir esas identidades fuera del binarismo hombre-mujer. Sin embargo, sé que no siempre se puede definir el pasado con el lenguaje del presente. Algunos sujetos se rebelan contra esos límites. Así que me fui por lo cuir, lo “raro”, porque eso siempre ha existido.

¿Bajo qué circunstancias creaste la colección Cubanecuir?

Sin educación formal como archivista. Viviendo en uno de esos cuartos neoyorquinos que prácticamente son una caja de fósforos, ¿dónde iba a meter esos documentos?, si acostada en la cama podía tocar tres de mis cuatro paredes. Yo, una cubana trans creando un archivo sobre cubanes cuir: como si quisiera chiflar y sacar la lengua a la misma vez. Sin embargo, me convertí en sujeto y narradora porque quería que sobreviviera mi historia y la de mi comunidad.

¿Cuáles son las líneas de recopilación, conservación y promoción que quisieras desarrollar en el Archivo?

Aunque me interesa recopilar libros, revistas y películas, creo que la parte más importante de este archivo es incluir testimonios que de otra forma nunca serían publicados. Quiero que la colección refleje la vida cotidiana de las personas cuir, en especial la de esas identidades que han sido excluidas. Soy yo quien administra el proyecto, una mujer trans. Creo que ser parte de la comunidad para la que trabajo marca una gran diferencia.

Los recursos que tengo para la conservación del material son limitados, pero he invertido gran parte de mi tiempo en mi educación como archivista independiente. Cuento con el apoyo de colegas y amigues que trabajan en bibliotecas. Además, aprovecho los recursos gratuitos en Internet, a los que le he sacado el jugo.

Aspiro a que el material tenga larga vida y para eso me aseguro de monitorear regularmente la temperatura y humedad de la habitación. Para reducir el deterioro de los documentos, todo el papel es conservado en cajas especiales libres de ácido y otros químicos dañinos. La digitalización es una parte fundamental de la conservación, ya que garantizará una vida aún más larga para la colección.

Finalmente, para que el archivo llegue a la mayor cantidad de cubanes cuir, comparto recursos y materiales en redes sociales y, en el futuro, lo haré también a través de una página web.

Librada, pero ¿qué entiendes por archivo?

Pienso en mi niñez en Placetas y los meses de vacaciones que pasaba metida en la biblioteca. Me sentaba en el piso junto a un archivo de madera a mirar láminas. Eran recortes de revistas rusas, fotos de animales, paisajes criollos. Todas las láminas eran hechas a mano, reforzadas con cartulinas y organizadas por tema. Aquellas gavetas representaban algo misterioso para mí, llenas de documentos y papeles que parecían tan especiales. Toda mi infancia la pasé obsesionada con aquel mueble y le rogaba al marido de mi vecina que me fabricara uno en su carpintería.

Concebí Cubanecuir con la misma fascinación y curiosidad que inspiró en mí ese laminario. El archivo aún es en mi mente un lugar para objetos especiales, una carta de amor a las generaciones futuras.

¿Cuáles son las nociones fundamentales que transversalizan al Archivo Cubanecuir?

La esencia de mi trabajo como archivista es luchar para que ninguna institución o gobierno pueda borrarnos de la Historia otra vez. Los registros que quedan hoy sobre las personas cuir en Cuba han tenido que demostrar su valor histórico para sobrevivir en una sociedad racista y patriarcal. Sabemos que la intolerancia política nos ha negado los derechos más básicos. Quisiera pensar que la imparcialidad rige la labor de los archivos institucionales. Sin embargo, la indiscutible supresión de nuestras tradiciones dentro de las bibliotecas y museos niega esa supuesta neutralidad.

Una de las razones fundamentales para crear la colección Cubanecuir es tomar el control de nuestra propia memoria, establecer que nuestras historias merecen ser recordadas sin tener que ser extraordinarias. Quiero liberar los registros que se encuentran confinados en colecciones inaccesibles. Aún nos queda mucho pasado por desempolvar y reinterpretar. Tanto las nuevas generaciones en Cuba como en el exilio necesitan conocer a sus ancestres para saber que no están solas.

Desde el propio nombre del archivo tenemos algunas pistas. ¿Pudieras diseccionar la palabra, el neologismo cubanecuir y explicarlo?

Se me ocurrió juntar esas dos palabras casi un año antes de fundar el Archivo. Deseaba resumir esas dos secciones que convergen en la comunidad LGBTI+ cubana. Ese neologismo incluye los géneros no binarios (de cubana(o) a cubane) y la diversidad sexogenérica (en lugar de queer en inglés, cuir en español) en un solo sustantivo.

Librada, quisiera que trazaras una línea conceptual y temporal sobre el concepto, la noción de “lo cuir”, desde su construcción más hegemónica, queer, hasta la más subversiva, cuir.

El vocablo queer se introdujo al inglés en el siglo XVI para denotar todo aquello que fuera considerado peculiar, excéntrico, raro. Entre finales del siglo XIX y principios del XX se comenzó a relacionar con las sexualidades y géneros que no se ajustaban a la norma cisheterosexual. El término queer fue utilizado casi todo el siglo pasado como un insulto, especialmente contra las personas que en aquel entonces eran percibidas como hombres homosexuales. Luego de los sucesos de Stonewall, en 1969, surgieron los primeros movimientos de “liberación gay”. Estos movimientos tenían como objetivo, en un principio, asimilarse a la sociedad cisheterosexual y rápidamente se limitaron a representar a las personas blancas cisgéneros para parecer más respetables.

El término fue reivindicado en los años ochenta por quienes rechazaban esa posición racista y cishomonormativa. Queer también se convirtió en sinónimo de LGBTI+. Recientemente, después de haberse usado en inglés por varios años en Latinoamérica, queer se transformó en cuir para darle nombre a esas identidades que también existen en nuestros países.

Para Librada ¿qué es “lo cuir”?

Para mí lo cuir es una posición radical, tan autóctona como la pajarería. No creo que en español exista otra palabra igual, pero estoy dispuesta a cambiarla en el futuro por una mejor. Es fácil olvidar que el movimiento cuir surgió desde el pensamiento izquierdista. Pienso en la diferencia que existe entre la izquierda que engendró la Revolución cubana y la que concibió lo cuir. Claramente no es la misma posición y eso me parece un poco queer.

¿Cómo observas a la comunidad cuir en Cuba?

Tanto como la puede observar alguien que ha vivido la mitad de su vida en otro país. Tengo fe en los espacios comunitarios que han autogestionado principalmente feministas negres fuera del modelo estatal. Siempre se ha abogado, desde varias posiciones, por una “Cuba Libre”, mientras que las necesidades y derechos de las personas cuir han permanecido en segundo plano. Sin embargo, mujeres negras, trans, lesbianas, personas no binarias, están allí al frente de la lucha, por los derechos de todes.

Librada, coméntame cómo podemos acceder al Archivo Cubanecuir. ¿Hacia dónde quieres llevar la colección?

Por ahora el proyecto existe de dos maneras: el fondo documental que incluye recortes, fotos, cartas, libros raros, revistas, material audiovisual, etc., y el trabajo educativo que realizo a través de Facebook, Instagram, Twitter y Telegram. Es sumamente importante para mí desarrollar un archivo que pueda llegar gratuitamente a personas de diferentes capacidades alrededor de todo el mundo. Para esto quisiera digitalizar todo el material y crear una página web que sea simple y fácil de navegar.

Sueño con un local donde pueda alojar la colección. Un espacio climatizado como es debido, donde sea posible invitar a la comunidad. A medida que se vaya controlando la pandemia colaboraré con otros archivos e instituciones para ofrecer clases y talleres para quienes les interese emprender su propia investigación. Es importante ocupar los espacios donde se mantiene la historia cuir alejada de sus protagonistas. Ojalá y este proyecto inspire a otres a crear sus propias colecciones para que existan más y más archivos cubanecuir. Es hora de que autogestionemos nuestra propia memoria.

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