Murió Germán Puig Paredes, fundador de la Cinemateca de Cuba

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Germán Puig

Germán Puig Paredes (Sagua La Grande, 1928-2021), importante figura de la escena intelectual cubana de la década del cincuenta, falleció en España a sus 92 años de edad.

Hacia finales de los años cuarenta y durante los años cincuenta, Germán Puig, de nombre artístico Herman Puig, desempeñó un papel esencial en la conformación del campo cinematográfico de la isla. Además de participar en la creación de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, fue fundador, junto a Ricardo Vigón, del Cine Club de La Habana en el año 1948, el que luego se convertiría en la Cinemateca de Cuba. En ese entorno emergieron las principales personalidades que dieron vida al Instituto Cubano de Industria y Arte Cinematográficos y al movimiento fílmico cubano posterior a 1959. Como organizador del Cine Club de La Habana, llevó a cabo importantes actividades de las que participaron, en calidad de miembros, Tomás Gutiérrez Alea, Néstor Almendros, Ramón Suárez, Guillermo Cabrera Infante, Rine Leal…

Puig viajó a París en 1951 para estudiar en el Institut de Hautes Éstudes Cinématographiques. Al no poder ingresar en el mismo, dado que se encontraba cerrado para ese entonces, se matriculó en el Institut de Filmologie de L´Université de París, en un curso impartido por el importante investigador Georges Sadoul. Durante ese periodo tuvo la oportunidad de desempañarse como asistente de dirección de Claude Autant-Lara, cuando este dirigía su película L´ Auberge rouge, y de participar en el congreso de la Federación Internacional de Archivos de Films (FIAF) que se realizó en el mismo 1951. También trabajó en ese entonces en la adaptación del cuento de Bioy Casares, “Memorias de Paulina”, dirigido luego por el cineasta Leopoldo Torres Nilson. Es en este periodo de su vida que conoce y establece fuertes lazos de amistad con Henri Langlois, fundador y director de la Cinemateca francesa, quien le facilitó copias de importantes filmes para ser exhibidos en el Cine Club de La Habana. Al perder la misión de estudiante, regresa a Cuba en 1952, momento en el que funda la Cinemateca de Cuba.

Como cineasta, Germán Puig desempeñó labores de dirección, junto a Edmundo Desnoes, en el cortometraje Sarna, y fue guionista, director y actor de un cortometraje inconcluso titulado “El visitante”, considerado por diversas fuentes como una pieza de una particular riqueza experimental. Participó también en la creación de otras piezas de formato corto como Hacia el futuro y Cartas de una madre. Mas el trabajo de este creador se extendió a otros medios, como la radio, donde creó y escribió el programa Leyendas universales. Tuvo también una experiencia destacada como crítico en la revista para hombres Don.

Múltiples razones lo llevan a establecerse en París hacia 1957, donde trabajó algún tiempo en la cinemateca francesa. En 1969 asumió allí la responsabilidad de jefe de Conservación y Documentación. Consiguió, durante ese tiempo, una beca en el centro audiovisual Ecole Normale Supérieure de Saint-Cloud, de donde egresó en 1958. Ya hacia principios de los años sesenta, se incorpora a las revistas Harper´s Bazaar, Elle y Marie-Claire, como fotógrafo de modas. Comenzó entonces a interesarse por la historia del desnudo masculino en la fotografía, lo cual lo llevó a crear un sello editorial (Herman Puig Éditour) donde publicó títulos tan importantes como Von Gloeden et le XIX siécle (1980) y Cuir et fantasmes (1982), entre otros, con el objetivo de visibilizar la labor de los pioneros de la fotografía de desnudo masculino.

La obra fotográfica de Germán Puig se encuentra en importantes colecciones de Francia, España y Estados Unidos. En una entrevista, comentó sobre su obra fotográfica: “Me planteé hacer fotografías del desnudo masculino, no sólo porque me podía interesar la belleza, que ha sido el motor de mi vida, sino porque me puse a pensar que era lo que no se había hecho en la historia de la fotografía […]. Pensé que si lo trataba rompería un tabú. Sería un pionero”.

Es una deuda de la cultura cubana volver sobre la figura de Germán Puig. No sólo por el valor de su labor intelectual, sino también porque esta explica, en parte al menos, los múltiples conflictos que se experimentaron en el medio cinematográfico cubano con el parteaguas de 1959.

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