I

Tú yaces hacia fuera
más allá de ti,

más allá de ti hacia fuera
yace tu destino,

ojiblanco, fugado
de un canto, algo se le acerca,
que ayuda
a desarraigar la lengua,
incluso a mediodía, afuera.

II

El No-Lugar cubierto de seda
consagra al rayo su duración,

aquí te puedo
ver.

Entrar en vosotros, salir–

Bajo la capucha de arena, conduce
tu incontrolado y dormido
cerebro
el inextraviable, único,
oceánico
día,

ven, yo doy luz,

ven, te doy a
mí y también a ti,
hipertrofiada,
grávida.

III

Sólo si cual sombra
te toco,
me crees tú mi
boca,

esa que trepa con tardías
meditaciones
en cortijos
de tiempo,

te unes a las huestes
de recicladores entre
los ángeles,

el furioso callar
irradia.

IV

En la más remota
connotación, al pie de la renca
escalera del Amén:
la vandalizada
Fase-Ser,

muy cerca, en el arroyo,[1]
aún se entrelazan
refranes,

reforzada con hebras de sueño la silueta
de la excreción del dormir,
en su única
cordiactiva sien
se hace hielo,

ningún libro se abre,

la Supernada se ha
puesto de mi parte,
renuncia a luchar,
en el hielo,

estamos prestos a
canjear lo más mortal en nosotros,

la espina, que dio la contraseña,
sube entre las cunas,

detrás del cronómetro se prodiga,
firme en su delirio, el Tiempo.

V

Disparado
en la pista de esmeralda,

cubil de larvas, cubil de estrellas, con todas
las quillas
te busco,
fondo sin fin.

VI

Todas las formas del sueño, cristalinas,
que adoptaste
a la sombra de la palabra,

a ellas
conduzco mi sangre,

las filas de imágenes, las
debo salvar
en las sajadas venas
de mi conocimiento–,

mi tristeza, lo veo,
huye hacia ti.

VII

Mientras me ahogo
me arrojas oro:
quizás un pez
se deje sobornar.

VIII

Perseveraba
la astilla de higo en tu labio,

perseveraba
Jerusalén a nuestro alrededor,

perseveraba
el aroma de pino blanco
sobre el barco danés,[2] que agradecimos,

yo perseveraba
en ti.

IX

Nosotros, que como avena de playa velamos,
en N’we Awiwim,[3]

la piedra
sin besar de un lamento
murmura
ante la plenitud,

palpa nuestras bocas,
se pone
de nuestra parte,

nos infunde
su blancura,

nos damos a los demás:
a ti y a mí,

la noche, no te descuides, la
regida por la arena,
es severa
con nosotros dos.

X

Ven, despliega el mundo contigo,
ven, dejen que los colme con
todo lo que creo,

uno contigo soy,
para capturarnos,
también ahora.

XI

Una bota llena de cerebro
expuesta a la lluvia:

será un andar, grandioso,
mucho más allá de las fronteras
que nos trazan.

XII

Lo extraño
nos tiene en su red,
la fugacidad pasa
perpleja entre nosotros,

tómame el pulso, también él,
dentro de ti,

así podremos prevalecer,
contra ti, contra mí,

algo nos viste,
con la piel del día, con la piel de la noche,
para jugar con la suprema, epi–
léptica seriedad.


Notas:

* Todos los poemas pertenecen a Zeitgehöft, uno de los libros póstumos de Paul Celan, publicado en 1976.

[1] En el original “die Gosse”: ‘parte de la calle por donde corren las aguas’.

[2] En la plaza de Kikar Dania, en Jerusalén, no lejos del lugar donde Celan se alojó en su viaje a Israel (30 septiembre – 17 octubre de 1969), hay un monumento que representa una embarcación, en memoria de la atrevida acción de los pescadores daneses que en octubre de 1943, después de la invasión alemana, salvaron a gran parte de los hebreos de su país transportándolos a Suecia. Celan visitó la plaza junto a Ilana Schmueli, que así lo evocó: “Fue uno de esos encantadores mediodías de Jerusalén, de luz verde y dorada; teníamos con nosotros higos y vino”.

[3] N’we Awiwim es un suburbio en Tel Aviv.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo [email protected].
JORGE YGLESIAS
Jorge Yglesias (La Habana, 1951). Poeta, narrador, crítico de cine y traductor. Jefe de la Cátedra de Humanidades y Profesor de Historia del Cine e Historia y Estética del Documental en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Ha impartido cursos de cine en universidades y centros culturales de Canadá, Austria, Colombia, Venezuela, Portugal, República Checa, Suiza y Francia. Obtuvo el Premio de la UNESCO a la mejor traducción de Pushkin (1999), el Premio de Traducción Literaria de la República de Austria (2000), el Premio del Colegio de Traductores de Arles (2002). Es autor de los textos Un extraño en el Paraíso (crítica de cine), Buñuel, el americano (crítica de cine), Atravesar el espejo (crítica de cine), Campos de elogio (poesía), Octavio Smith en su reino (ensayo literario) y Sombras para Artaud (poesía).

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí