Una colección de dibujos, tintas y grabados de la artista cubana Antonia Eiriz se exhibe en La Habana

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Dibujo de Antonia Eiriz. GALERÍA GALEANO.
Dibujo de Antonia Eiriz. GALERÍA GALEANO.

Nunca será suficiente el estudio de la producción artística de Antonia Eiriz (La Habana, 1929-Miami, 1995). La poética forjada por esta fenomenal mujer se revela ahora mismo, desligada de la inmediatez coyuntural de su tiempo, como uno de los más altos escaños alcanzado por las artes visuales cubanas en su Historia. Siempre que se vuelve sobre su trabajo, se constata que su proverbial ingenio –capaz de doblegar toda la tradición expresionista e integrarla a un estilo sumamente personal– se instala en nuestro presente con absoluta plenitud.

Con el título Antonia Eiriz: Heridas sobre el papel, la habanera Galería Galiano inauguró el jueves 23 de junio una muestra especialmente singular de esta creadora. “Presentamos una nueva exposición dedicada exclusivamente a la extensa –e intensa– colección de dibujos, tintas y grabados de Eiriz, atesorados por el Museo Nacional de Bellas Artes”, comentó el equipo curatorial en una publicación en Instagram. “Una muestra que la devuelve a Galería Galiano, espacio ya simbólico dentro de su trayectoria. Entonces, sí, otra vez Antonia, para ‘curar’ estas Heridas sobre el papel, examinarlas a la luz de nuestros días y aplicarles el ungüento del tiempo y la memoria”.

Hasta el 31 de agosto, fecha de cierre de la exhibición, organizada por la galería en colaboración con el propio Museo de Bellas Artes y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, el público podrá asistir a una suerte de develamiento de la excepcionalidad del arte de Antonia. Ante sus conocidas pinturas, responsables hasta hoy del mito de la artista, el espectador no puede menos que aceptar su abrumadora calidad. Frente a las obras recogidas en Heridas sobre el papel, aparentemente menores –no por su eficacia sino por sus proporciones y su formato–, ese mismo espectador podrá recibir y constatar definitivamente, si observa atento, la jerarquía del talento y la competencia de la artista. Algunos de estos dibujos, tintas y grabados parecen estudios, ensayos para sus grandes lienzos o exploraciones de las posibilidades expresivas de las técnicas empleadas, sin embargo, entregan, en abundancia, la reciedumbre de su linaje creador.

Aquí Antonia perpetra también un cuerpo plástico esplendoroso, audaz en el manejo del repertorio de procedimientos. Al confrontar estas obras, que en su mayoría realizó en la década del sesenta, simultáneamente a sus pinturas, se confirma la enorme argucia constructiva de esta mujer. Incluso en técnicas que demandan una elaboración tan cuidada como el grabado o la tinta, ella conseguía explayar la violencia de su figuración; en tales soportes también imprimía a los motivos el tratamiento informalista que la caracteriza. Los cuerpos y las cabezas que emergen en el plano visual se presentan deformados y casi indistinguibles en unas composiciones que forcejean con lo abstracto. Mas con todo y la agresividad del dibujo y la espontaneidad del trazo, ni en los casos más radicales se deja de distinguir la escena, imponente en su solidez, organicidad y pulcritud plástica.

En estas obras, que algunos verán como marginales en el conjunto de la producción de la artista, nos quedamos con la esencia de su experiencia estética, al punto de degustar no sólo las claves morfológicas de su estilo, sino la turbulencia emocional que anida al centro de este. En la colección de trabajos en “tinta y aguada sobre cartulina”, por poner un ejemplo, impresiona el caudal expresivo abrazado desde un mínimo de recursos de lenguaje. El carácter escenográfico de las composiciones, la violencia y brusquedad de las líneas y de los golpes de color –por lo general restringidos a tonos negros y ocres–, el cuidado en la estructuración angular de las figuras, desembocan en una densidad visual impactante y autosuficiente.

Otro de los gestos propios del imaginario estético de Eiriz perceptible en la muestra, es la prodigiosa facultad discursiva de la ejecución misma. Esta creadora era capaz de injertar sus preocupaciones temáticas en el tronco de su criterio constructivo, sin necesidad de apelar a la descripción de un asunto puntual. En Heridas sobre el papel la tematización apenas existe. Se detecta en “Víctimas de la tiranía”, por poner un caso específico, donde el título indexa el mundo histórico. Empero, el plano visual de este trabajo prescinde del retrato analógico, la figuración articula una especie de metáfora subjetiva, concerniente a un estado, a un cierto momento interior del individuo…

En general estas son obras descontextualizadas, condición que contribuye a apreciar la fuerza del singular expresionismo de Antonia. Tal como lo apunta el rótulo de la exposición, las piezas son huellas de la tragedia humana, de las penas de un individuo restringido a las sombras del mundo. Las cabezas, los cuerpos, las figuras, los motivos que asoman, mutilados o retorcidos, en las escabrosas composiciones, no hacen sino adensar la quebradura interior del ser. Del introspectivo ejercicio plástico de esta artista emana, contundente, el horror, la angustia, la marginación, la descolocación, la rebeldía, el agotamiento, la consternación, el agobio… que golpean la existencia del sujeto.

Heridas sobre el papel entraña toda la magnitud del genio de Antonia Eiriz. Las mejores marcas de su artificio plástico y los mejores signos de su concepción del arte como archivo de la angustia del hombre. En una publicación en Instagram, Galería Galiano recuerda que, cuando se anunció la inauguración de esta muestra, de inmediato comenzó a circular la pregunta: “¿Otra vez Antonia?”. Abierta al público, la exposición demuestra que Antonia Eiriz tiene aún mucha luz que arrojar sobre nuestro tiempo.

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Ángel Pérez (Holguín, Cuba, 1991). Crítico y ensayista. Compiló y prologó, en coautoría con Javier L. Mora y Jamila Media Ríos, las antologías Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Casa Vacía, 2017) y Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, 2019). Tiene publicado el libro de ensayos Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero (Casa Vacía, 2020). En 2019 fue ganador del Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas, en el apartado de Estudios de Arte y Literatura. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones de Cuba y el extranjero. Vive en La Habana.

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