Cocodrilo Sindientes

Continuamos con los seres mitológicos que ha producido el imaginario castrista: presentamos hoy el Cocodrilo Sindientes.
Los habaneros comentaban que en Villa Marista –el Departamento de Operaciones de la Dirección de Contrainteligencia del Ministerio del Interior, o sea, la sede de la Seguridad del Estado, la Lubianka cubana– se empleaba un cocodrilo sin dientes para aterrorizar a los detenidos durante los interrogatorios. De más está decir lo improbable que parece tal invento; no porque los organismos represivos hayan escatimado imaginación en lo que a producir terror se refiere, sino por lo que exigiría mantener con vida al pobre animalito mutilado. Lo cierto es que, haya existido o no, sea el mito obra deliberada del régimen o fruto de los delirios del miedo colectivo, la bestia caló tan hondo que muchos se referían a Villa Marista como el cocodrilo sin dientes.
Como suele suceder, la sabiduría popular acertó al adoptar la imagen como alegoría de la violencia estatal. No se me podría ocurrir una metáfora más exquisita para describir la esencia represiva y el devenir simbólico del totalitarismo cubano que la de un cocodrilo sin dientes. Así ha sido la maquinaria profiláctica de terror de los Castro: un monstruo acechante bajo la superficie, que embosca y engulle la voluntad colectiva. En la escena del crimen y en el cuerpo de la víctima no deja huellas lo suficientemente cruentas como para demostrar la brutalidad del ataque o la ferocidad de quien lo perpetra, ni siquiera para ponerle rostro. Una mandíbula que retiene a presión y no suelta, que retuerce a la presa hasta la asfixia, una asfixia que se alarga hasta una muerte en vida peor que la muerte: la inmovilización.
Quizás nunca haya existido un cocodrilo sin dientes, pero el miedo que evoca ha sido el más real de todos los monstruos cubanos. Canibalizó el cuerpo del país. Ese cuerpo que tantos poetas han asociado a la morfología de un cocodrilo, y del que hoy, a imagen y semejanza de su horror, no queda más que una boca hambrienta y desdentada.
Bestiario Miserable es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo. Como decía Leónidas Lamborghini, la verdad del modelo es su propia caricatura. Pues este quisiera ser un retrato realista de los arquetipos de conducta que florecen en toda su monstruosidad por el extremismo ideológico, la antipatía, la deshonestidad intelectual, o la pura estupidez, ahora abonados en ese terreno de la pseudoética que puede ser el ciberespacio. En un mundo que se parece cada vez más al que describiría Weil, donde la espera de lo que vendrá ya no es esperanza, sino angustia, quizás bosquejar nuestros monstruos, los que todos en menor o mayor medida somos, pueda hacer los mitos más lógicos, dar alguna pizca de sensatez.

