Ilustración de Alejandro Cañer

La política hacia Cuba de los distintos presidentes de México durante tres décadas de gobierno castrista, ha sido de ostensible favor hacia este. Y eso se ha reflejado en la actitud de su embajada y consulado en la Isla, ante los cubanos desafectos que buscaban vías legales para abandonar el país y, más aún, en los que buscaban protección en la sede diplomática mexicana, por razones políticas, en los años en que era la única delegación de los países hispanoamericanos en Cuba.

Esa actitud oficial, en un país donde el partido de gobierno ejerce gran influencia y hasta control en los medios de desarrollo y expresión nacionales, acaso también haya sido la causa más predominante en la actitud de aceptación y acogida a priori que favorablemente han tenido por largo tiempo hacia el régimen cubano los medios de información del país azteca y hasta sectores populares, con fundadas razones antimperialistas, canalizadas “vicariamente” ante la imagen a distancia de un Castro en el rol de David frente al gigante Goliat.

Los cubanos activamente anticastristas exiliados en México han tenido que bogar contra una corriente de difícil contrarresto. Y aun cuando el mexicano es un pueblo generoso, los cubanos expatriados allá residentes, se han visto frecuentemente señalados dentro del estereotipo de desafectos a la revolución por provenir de las filas del batistato o de los altos estratos burgueses cuya economía fue afectada por la justicia niveladora de la revolución, lo que ha sido el concepto de exportación que el gobierno cubano ha lanzado hacia el exterior para tipificar a sus adversarios.

Por otra parte, los cubanos que han estado acudiendo a México desde Cuba en misiones oficiales o intercambios turísticos y artístico-culturales, han gozado por lo general, no solo de la acogida oficial, sino también de los medios de prensa y del aplauso de sectores populares, receptores de la imagen reivindicadora proyectada desde Cuba hacia el exterior.

De modo que funcionarios del gobierno cubano, técnicos y emisarios artísticos e intelectuales, en sus incursiones a México se han venido sintiendo a sus anchas allí, y acostumbrados al aplauso y la preferencia en relación con los otros cubanos situados en la otra orilla frente al régimen cubano. De modo que a aquellos emisarios oficiales es a los que se les hacía el mayor caso en las ocasiones de juzgar la cuestión cubana.

Pero las cosas han cambiado en el mundo… y Cuba (entiéndase gobierno, funcionarios y beneficiarios) no puede aceptar eso. Y sus emisarios se retuercen de soberbia, y hasta de asombro, cuando se le abre un espacio de crédito a otros cubanos que ofrecen de la cuestión cubana otra versión. jY nada menos que en México!

En su tirada del pasado 22 de septiembre, el importante periódico Excélsior de México publicó una extensa carta firmada por directivos de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), dirigida al señor Jaime Labastida, director de la revista Plural, adscrita al propio Excélsior.

El asunto es que la revista Plural, en su número del pasado mes de julio, abordó el enfoque “pluralista” de la realidad política y cultural de Cuba en la hora actual. Y, haciendo honor a su nombre, no buscó solo una versión “singular”, o sea, la exclusiva de los escritores y analistas oficiales de Cuba; sino una versión “plural” que contuviera, junto a la información de estos últimos, la de otros cubanos en el exilio, que también son cubanos e integran la otra rama de la realidad nacional y otra perspectiva del mismo objeto.

La contradicción de los escritores oficiales (contagio o herencia del totalitarismo del sistema de gobierno cubano) llega al punto de plantearle al director de Plural que debió tomar solo los testimonies de los ensayistas y escritores cubanos de dentro de Cuba, y que era así como se hubiera hecho un “análisis realmente plural” de la cultura y la sociedad cubanas. Y tienen la osadía (ceguera o desfachatez) de acusar al director de la revista de establecer “una articulación unidimensional de las ideas, más que un material abierto a la investigación y al debate”. ¿Qué entienden por debate estos señores?, ¿aquel en el que solo se deja hablar a una de las partes? ¿Se habrá hecho consubstancial a la élite intelectual, dirigente de la cultura cubana, la herencia totalitaria del castrismo?

En ese mecanismo de proyección que es el inculpar a otro aquello de lo que uno padece, los firmantes de la carta acusan a los ensayistas cubanos “residentes en el extranjero” que aparecen en el citado número de la revista Plural, de que sus “textos contienen pretensiones interpretativas que trascienden la cultura y entran de lleno en el terreno de la política”. Y ¿qué es lo que hacen –y se les exige– los escritores oficiales en Cuba acatando la consigna de Fidel “dentro de la revolución todo”?

Finalmente, en una especie de reto –que tiene no poco de emplazamiento y exigencia– conminan al director de Plural a que acepte “un conjunto de textos, de pensamiento y ficción, que la UNEAC está dispuesta a preparar, que representen, en toda su diversidad y espíritu polémico, la creación en la Cuba de hoy”.

Aunque los personeros oficiales cubanos no quieran –o no puedan– aceptarlo, las cosas han cambiado en el mundo… y acaso en México también. Y, en un nuevo terreno abonado y más propicio para la franca y plural polémica, estaría interesante que el director de la revista Plural, aceptara la propuesta retadora y, dándole cabida a los textos preparados por los escritores oficiales de la UNEAC, los acogiera en su respetable revista, pero dándole igual espacio a los otros escritores y ensayistas cubanos en el exterior, para brindar a la opinión mexicana y continental una versión no “unidimensional”, como si proponen los firmantes de la carta, sino un “análisis realmente plural” del presente cultural y social del país.

* Texto publicado en Diario Las Américas, Miami, Estados Unidos, 26 de septiembre de 1992.


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