Carlos Manuel Álvarez y Wendy Guerra

Mi querido Carlos:

Hay algo muy puntual sobre los diferentes modos en que el héroe avanza hacia su fatum, “el modo claro en que cada uno enfrenta su destino, abraza o encarna ese proceso inevitable, ineludible que guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no elegido, de forma necesaria y fatal, en modo opuesto al libre albedrío o libertad”.

Viendo con nerviosismo y dolor las imágenes de ustedes estos días, repasándolas una y otra vez, me detengo en las disímiles reacciones en momentos clave.

Tus padres cambiaron la señal. Tu familia intentó hacerles razonar, en medio del caos, de un modo estructurado y sensible, sobre la situación insostenible y absurda del sometimiento al encierro y sobre la ficción de una inexistente enfermedad. Como en El banquete de Platón, los dos médicos, posesos del discurso de Erixímaco, defienden a su hijo bajo la tesis del estado sano del cuerpo:

“La naturaleza de los cuerpos posee, en efecto, un doble Eros, pues el estado sano del cuerpo y el estado enfermo son cada uno, según opinión unánime, diferente y desigual, y lo que es desigual desea y ama cosas desiguales. En consecuencia, uno es el amor que reside en lo que está sano y otro el que reside en lo que está enfermo”.

Tú no entraste a tu casa. Y tus padres tampoco.

El modo en que subes a la camioneta blanca representa también otra actitud cultural. El gesto de resistencia de quien continúa mirando siempre hacia adelante, sin tratar de demorar lo que vendrá, pues, en ese caso particular, no era necesario. No siempre pelear a golpes hará avanzar la trama.

“El héroe épico sabe que está sometido a un destino y lo acepta: en la aceptación de ese destino demuestra su grandeza”. He visto el modo en que varios de ustedes son provocados e invitados por la policía a manifestar resistencia para luego ser mostrados como delincuentes comunes en los canales oficiales. Ahí los advertimos con dolor, recibiendo golpes, insultos e improperios en actos planeados de antemano. “El héroe trágico descubre que también está sujeto a un destino, pero no lo acepta; se rebela contra ese destino, se rompe, y en esa quiebra demuestra su grandeza”.

Regresando al minuto en que te dejas conducir para no seguir preso en tu casa, veo otro modo de proxemia, una manera sutil y aguda de interactuar y desarmar a los contrarios, trasluciendo agudeza y determinación, dejando bien claras las diferencias entre el que vive para liberar y el que trabaja y cobra por reprimir. Esta detención trastorna definitivamente las anteriores leyes de intercambio y violencia física que he visto desde mi infancia entre “policías obsesos e intelectuales satanizados”. En cada uno de ustedes advierto colores distintos, caracteres disímiles, modos muy personales de abordar un problema común, y eso resulta impactante para la transparencia de los juicios públicos que se establecen en las redes sociales.

Las terribles golpizas a las mujeres, las voces y puños de oficiales, uniformados o no, intentando arrancar la razón a muchachas decentes, brillantes, académicas, profesionales, artistas y madres de familia, evidencian un caso de vejación en pleno siglo XXI. Escucharlas relatar este plan orquestado por hombres occidentales resulta demoledor.

Lo que a ustedes les hace grandes son sus diferencias.

Ignacio Agramonte pedía a su esposa Amalia Simone que le llevara sus levitas a la manigua para salir a pelear con elegancia. Celia Sánchez desplegaba todas sus dotes de diseñadora y ambientadora haciendo un oasis del escondite en el Segundo Frente. Ustedes tienen el poder de manifestar su carácter y sus huellas culturales, acentos y temperamentos, en situación de peligro. No hay que justificar nada, las reacciones bajo presión traslucen el valor primario, referencial y genuino del héroe, también conocido en el plano de la dramaturgia legendaria como “raza anterior a la nuestra”.

Cambiemos el sentido necrológico de la ideología, no se trata de morir, sino de mejorar nuestras vidas. Recordemos que “el tiempo de los héroes es distinto del tiempo presente, a pesar de lo cual ambos tiempos (el de ellos, el nuestro) se sitúan próximos dentro de la línea cronológica”. “Lo que se nos cuenta de su vida es tanto como nada”. Sólo se habla del final de los héroes, de su muerte en dos guerras heroicas: ante Tebas, cuando los hijos de Edipo se enfrentan por su herencia, y ante Troya, donde griegos y troyanos se enfrentan por Helena.

No den más explicaciones sobre los orígenes, estudios, currículo, descendencia o raza, pues el misterio insondable de sus vidas, la improvisación y su saga inducen en la trama un mejor desenlace. Como diría Lezama, “revela tu secreto, pero no tu misterio”.

La claridad de las decisiones, vista desde sus individualidades, ha creado un frente coral, un liderazgo multicultural, ecuménico, único. Mujeres y hombres de edades distintas, vecinos y colegas dejan ser ajenos, los canales oficiales los han popularizado con biografías paralelas ficcionadas, pero todos saben que el discurso oficial esconde siempre lo esencial, y esas leyendas nunca pertenecen a nuestra realidad, de lo contrario viviríamos en el paraíso de los noticieros.

Quien da la pelea no es un extraño, sino alguien que tiene todo por ganar y lucha por el deseo colectivo, con el valor del hombre imperfecto, doméstico, común y posmoderno, que tanto se nos parece.

Un héroe no es más que ese ser que nos leyó la mente y se nos adelantó al poseer el valor suficiente, la capacidad de revolucionarlo todo.

Un héroe es ese amigo que se salió de la fila y nos abandonó dando el “mal ejemplo”, que nos lleva a ese lugar desconocido, incómodo y anhelado.

Pero siempre hay algo mejor: un antihéroe.

¡Demasiados héroes ya! Este es el tiempo de los antihéroes y eso son ustedes para mí.

Mi querido Carlos, un beso infinito para ti y tu familia. Feliz Navidad.

Te abrazo con fuerza. Cuídate por favor.

Te quiero.

Tu Wendy

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