El manifiesto de los cineastas que apareció en esta publicación toca aspectos relacionados con la cultura que se debate en los círculos de los creadores más jóvenes. Por ello hemos considerado oportuno contribuir a su esclarecimiento exponiendo nuestra opinión de cómo consideramos que un marxista debe abordarlos.

El papel del Gobierno y el Partido ante la cultura. Lo nacional y lo universal en la misma. El carácter de las relaciones entre la obra creadora y las fuerzas productivas, entre las clases y los aspectos formales del arte. Los problemas relacionados con la herencia cultural y la actitud a adoptar ante las viejas y nuevas formas de expresión y el temor a que estos asuntos puedan ser resueltos en un momento dado partiendo de esquemas y actitudes dogmáticas, es algo que inquieta a ciertos grupos de intelectuales dentro del campo de la Revolución. Estas inquietudes expresadas desde posiciones legítimas, sin embargo, a veces son alentadas por quienes tratan de fundamentarlas en falsas consideraciones sobre las características esenciales de la sociedad socialista, con olvido total de la actitud adoptada por nuestro Gobierno ante los problemas de la cultura.

En una sociedad socialista

En una sociedad socialista el Gobierno y el Partido tienen el deber no sólo de “promover el desarrollo de la cultura”, sino también el de orientarla y dirigirla en consecuencia con los fines que la misma se propone.

Durante el proceso de construcción del socialismo se mantienen efectivamente en lucha las concepciones filosóficas idealistas y la filosofía materialista en que se inspira la nueva sociedad. Esa lucha adopta diferentes formas de expresión y a través de la misma irá imponiéndose una nueva concepción de la vida, una actitud diferente y una distinta forma de actuar.

La existencia de esa lucha entre lo que muere y lo que nace, entre el idealismo y el materialismo, tiene que reflejarse y de hecho se refleja en la conciencia del creador, determinando distintas ideas y tendencias estéticas que desde luego “coexisten”, pero como expresiones ideológicas son excluyentes.

Las condiciones de la coexistencia no pueden establecerse a partir de los principios señalados por los compañeros cineastas, si hemos de adoptar criterios realmente marxistas.

A) Cultura sólo hay una.

Para el marxismo, cada formación económico-social cuenta con una base económica y con una superestructura en correspondencia con dicha base.

De esa superestructura forman parte las diferentes manifestaciones culturales, entre las que se cuentan el arte y la literatura. Por tanto, a cada formación económico-social corresponde una formación cultural específica.

Por otra parte, entre las características esenciales de la nacionalidad se cuenta la de poseer una cultura propia. Es decir, que existen tantas culturas como nacionalidades.

Cuando las formaciones económico-sociales se asistan en la explotación del hombre por el hombre, junto a la cultura oficial u oficiosa auspiciada por la clase dominante, van desarrollándose progresivamente y tomando cuerpo los elementos que acaban por integrar la nueva cultura surgida de la clase que en el futuro inmediato ha de desempeñar el papel rector en la historia de los pueblos.

Así sucedió con la burguesía en relación con la sociedad feudal, y ha sucedido con la clase obrera en relación con la burguesía.

De todo lo antes expuesto hay que concluir que a las formaciones económico-sociales y a las diferentes nacionalidades corresponden formaciones culturales también diferenciadas, y que dentro de una misma formación económico-social, cuando en esta conviven clases antagónicas, existen expresiones de dos culturas, la de la sociedad en proceso de desaparición y la de la nueva sociedad que surge.

Esto no contradice en lo absoluto lo expuesto por Lenin en el “Proyecto de Resolución al Congreso de Proletkult”, ni por Marx y Engels con respecto a la herencia cultural.

El hecho de que a cada formación económico-social corresponda una cultura propia, no quiere decir que aquellas no produzcan obras de valor perdurable, y efectivamente, el marxismo “asimila y reelabora todo lo que hubo de valioso en más de dos mil años del pensamiento y la cultura humanos”.

Para continuar esa obra de asimilación y reelaboración es necesario que los marxistas actuales mantengamos hacia el pasado la misma actitud que sustentaron Marx, Engels y más tarde Lenin; la de analizarlo con un sentido crítico, extrayendo de él lo que pueda haber de vigente y útil para nuestra época, desechando del mismo lo circunstancial y perecedero.

Lo universal y lo nacional en las culturas

No hay dudas de que con el desarrollo de sus conocimientos y el dominio cada vez mayor que el hombre obtiene de la naturaleza, las relaciones entre las diferentes colectividades humanas se hacen más estrechas. Si cuando Marx escribió el Manifiesto comunista, ya pudo afirmar que los “exclusivismos nacionales se hacían cada vez más imposibles”, hoy, después de transcurrir más de un siglo, podemos afirmar que son prácticamente imposibles.

El desarrollo del conocimiento humano ha alcanzado universalmente un nivel que excluye toda posibilidad de aislamiento y hace que los logros obtenidos en el seno de cualquier país sean en poco tiempo del dominio de otros, aun en el campo más rigurosamente científico.

Por otra parte, y como una consecuencia de lo anterior, los fenómenos de transculturación son cada vez mayores.

Ello hace posible hablar de una cultura universal. Pero esta cultura universal se forma precisamente con el aporte más valioso de cada cultura nacional; con aquello que, como expresión de las mismas, por los valores que encierra, adquiere dimensiones de universalidad, trasciende su época y el lugar en que surgió.

B) Las categorías formales del arte no tienen carácter de clase

Separar en una obra de arte la forma de su contenido resulta inadmisible para un marxista.

La unidad de forma y contenido es esencial a toda obra de arte y esta como tal es una expresión de un creador que vive en una sociedad determinada, y sustenta por ello una actitud hacia dicha sociedad, hacia sus semejantes. Tiene una posición ideológica condicionada por esa sociedad en que vive, aunque él no tenga muchas veces conciencia de ello. Su obra de arte es un modo de producción y como tal no escapa a la ley general de la producción.

La “independencia relativa” en el desarrollo de las expresiones artísticas, en relación con la base es plenamente establecida por el marxismo.

Para Engels, la creación del pensamiento humano, la imaginación, como el arte y la literatura, están relacionados sólo de un modo indirecto, mediato, con la estructura económica, y por ello es que resulta en este caso más difícil de establecer el vínculo, y el mismo pasa inadvertido para el creador. No es capaz de descubrir las verdaderas fuerzas impulsoras porque se trata de un proceso discursivo y, por tanto, deduce su contenido y su forma del pensar puro. Del suyo y del de sus predecesores. (Carta de Engels a F. Mehring, Londres, 14 de julio de 1893, y en el Ludwig Feuerbach.)

El hecho de que la superestructura y sus diversas partes una vez creadas logren cierta independencia respecto a la base y tengan un desarrollo propio es precisamente lo que hace de la misma un factor activo en el acontecer histórico, lo que explica que la superestructura pueda contribuir al avance de la sociedad, a su estancamiento o retroceso. Por tanto, no sólo el arte, sino en general la superestructura mantiene esa independencia relativa. Engels en carta a Joseph Bloch, en septiembre de 1890, le escribió lo siguiente:

Ante la concepción materialista de la historia, el factor determinante en la misma es en última instancia la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado jamás otra cosa. Si alguien ha querido deformar esta afirmación hasta decir que el factor económico es el único determinante, transforma esta proposición en una frase vacía, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero las diversas partes de la superestructura: las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones establecidas por la clase victoriosa una vez que ha ganado la batalla, etc., las formas jurídicas, así como reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes (teorías políticas, jurídicas, concepciones religiosas y su desarrollo ulterior en sistemas dogmáticos) ejercen igualmente su acción sobre el curso de las luchas históricas y determinan de manera preponderante la forma en muchos casos. Hay una acción y una reacción de todos estos factores en el seno de las cuales el movimiento económico termina por abrirse camino a través de la multitud infinita de azares (es decir, de cosas y acontecimientos en los que la relación es tan remota o difícil de demostrar que podemos considerarla como inexistente y olvidarla) sino, la aplicación de la teoría a no importa qué período histórico sería realmente más fácil que la resolución de una simple ecuación de primer grado.

A un mayor desarrollo de las fuerzas productivas no corresponde siempre un mayor esplendor artístico ni literario. Esto fue señalado por Marx y Engels poniendo el ejemplo de las culturas helénicas y feudales. Nosotros podemos añadir hoy como confirmación a esa ausencia de correspondencia, el ejemplo del imperialismo, etapa de un desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas y también de decadencia del arte y la literatura. Pero esto no niega la relación entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la creación literaria o artística. Sólo establece que esa relación no se basa en una correspondencia cuantitativa de: a mayor desarrollo de las fuerzas productivas, mayor esplendor del arte y la literatura.

Y no puede ser de ese modo precisamente porque la relación como ya hemos dicho no es directa inmediata sino mediata. Porque para la labor creadora resulta decisiva la utilización que las clases que controlan los medios de producción hagan de los mismos y las condiciones sociales que puedan derivarse de ello. Porque en la obra de arte y en la creación literaria influyen las otras partes de la superestructura y en períodos de luchas de clases intensas, de transición de una formación económico-social a otra, se crean obstáculos y limitaciones a la expresión del creador por parte de la clase llamada a desaparecer históricamente.

En el tránsito del capitalismo al socialismo, a la desaparición de las clases antagónicas, las contradicciones se hacen más violentas. La decadencia de la sociedad capitalista se tiene forzosamente que reflejar en su arte, en su literatura.

En cuanto a que existan valores específicamente estéticos no cabe la menor duda, como existen valores específicamente científicos.

Lo primero que se exige por ello de una obra de arte es que tenga calidad artística, y para lograrlo resulta premisa esencial el que su autor cuente con talento y sensibilidad, la capacidad intelectual o artística del que la realiza y no las ideas políticas del autor. Pero esto lo único que confirma es:

1) Que hombres de diferentes ideologías pueden producir una gran obra de arte.

2) Que el tener una ideología revolucionaria no determina de por sí la calidad de la obra.

El creador en la Cuba socialista

El creador en la Cuba socialista tiene todas las posibilidades de manifestarse, de producir, sin otras limitaciones que las establecidas en “Palabras a los intelectuales” del Primer Ministro. Cinco años de Revolución avalan con una ejecutoria esas orientaciones del Gobierno.

A lo largo de este quinquenio, el pueblo de Cuba ha podido conocer las más variadas manifestaciones artísticas y literarias, conciertos, exposiciones y publicaciones, realizaciones cinematográficas y arquitectónicas han reflejado con criterio amplio la capacidad creadora de nuestros escritores y artistas.

En la “Primera Declaración de La Habana”, la Asamblea General del Pueblo de Cuba, al condenar la explotación del hombre por el hombre y la de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista, proclama ante América el derecho de los intelectuales, artistas y científicos a “luchar con sus obras por un mundo mejor”. Derecho que le negaba la sociedad del pasado, enajenando su actividad creadora y el producto de esa actividad. Ese derecho está siendo ejercido a plenitud por la mayoría de nuestros intelectuales, contribuyendo con su obra a enriquecer nuestra cultura nacional.

Un balance de la labor creativa de estos cinco años abunda más que ningún argumento a favor de las condiciones objetivas creadas por la Revolución al artista, al escritor.

Consideramos que, para el desarrollo cultural del país, resulta indispensable el mantener y ensanchar las relaciones culturales con todos los países, garantizar la debida información y el conocimiento de lo que está sucediendo en el ámbito de la cultura en todas partes.

Durante estos primeros años de Revolución, Cuba ha sufrido cierto aislamiento como consecuencia, no de una política de Gobierno, sino de las condiciones impuestas por el imperialismo. Sin embargo, ya esa situación está siendo conjurada.

La falta de libros, de publicaciones regulares y de la información indispensable va superándose gracias precisamente a la preocupación del Gobierno y sus gestiones. Como resultado de esas gestiones, numerosos intelectuales de las más diversas ideologías y criterios estéticos han visitado nuestro país en estos cinco años, interpretando la Revolución cubana desde sus distintas posiciones. Nuestro arte ha estado representado de la forma más amplia en festivales, exposiciones y congresos internacionales de la mayor significación, a los que también han asistido nuestros creadores.

Esto no significa ni mucho menos que aceptamos ni tengamos una actitud ecléctica ante lo que nos llega de fuera o se manifiesta como expresión nacional. Si respecto al pasado cultural exigimos una actitud crítica, consideramos esencial el análisis y la selección ante lo nuevo. Partiendo de que estamos construyendo una sociedad socialista y empeñados en una pelea sin tregua contra el imperialismo que no tolera concesiones en lo ideológico, que exige de nuestro pueblo el mantener en tensión todas sus fuerzas, se impone el rechazo de cuanto, bajo las formas más sutiles y aparentemente inofensivas, pueda tender a minar la confianza y seguridad del cubano en su presente y el futuro de la humanidad.

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