¿Estás trabajando en algún proyecto ahora mismo en tu estudio? Si es así, ¿podrías describirlo brevemente?

En estos momentos trabajo desde mi doble mesa, la mitad llena de libros y la otra mitad con espacio para el dibujo. Para mi proyecto de doctorado en antropología social entrevisto a artistas de Nicaragua –que pasan no sólo por la pandemia, sino también por una crisis política grave desde hace dos años–. Leo y escribo sobre las posibilidades del estado de precarización ante la idea de progreso, sobre los encuentros motivados por las ruinas y el evidente e inevitable cruce entre ecologías y, por tanto, entre especies. Discuto sobre temas de cultura material, antropología social en general y autoritarismo con mis colegas de doctorado. Al mismo tiempo trabajo en un proyecto colaborativo con mi amiga y doctora en neurociencia Rebeca Ramos, sobre células cancerígenas y nación. Estoy colaborando en un proyecto sobre la pandemia y sus efectos con el filósofo Donovan Hernández y el músico de la UNAM Rodrigo Julkim, que terminará en formato video en unos meses. Estoy cerrando las obras, en colaboración con el artista madrileño Daniel Martín Corona, para una exposición en la galería Ángeles Baños, en Badajoz. También comparto mi espacio con el ruido del motor del agua que ha pasado a ser el protagonista de un nuevo proyecto.

Obra en proceso para la exposición en la galería Ángeles Baños, junto al artista Daniel Martín Corona

¿Cuál es su receta para sobrevivir en un momento de casi sólo malas noticias?

Creo que lo más difícil es la incertidumbre de cuando terminará esta situación excepcional que se va convirtiendo en norma. Sobre todo da miedo el futuro. Creo que ha sido fundamental tener horarios, levantarme a la misma hora, hacer ejercicios, llenar la casa de plantas y ocuparme de ellas, observar a las perritas con las que vivo. He tenido la suerte de compartir y convivir con personas hermosas que me han abrazado cuando lo he necesitado y que han escuchado mis quejas con paciencia. Las lecturas también han sido fundamentales, la literatura de mujeres brillantes y los ensayos de antropología donde lo que parece lógico es cuestionado constantemente, eso me ha ayudado a pensar ampliamente y con más serenidad. Tener el entrenamiento de convertir situaciones incómodas en obra también ha sido muy importante para mí, es una forma de transformar el conflicto en algo sobre lo cual reflexionar y admirar. Por supuesto, con Internet y una beca de doctorado ha sido mucho más fácil, da mucha tranquilidad. He visto a muchos amigos luchando duro por la falta de trabajo en medio de está situación de encierro.

¿Qué es algo que todos (cada uno de nosotros, personalmente) podríamos hacer para hacer del mundo un lugar mejor cuando este desastre llegue a su fin?

Bueno, creo que bajar los niveles de ego y necesidad de protagonismo que muchas veces nos ponen en una competencia férrea que, más que hacer avanzar, lastima. Comprendernos como seres en conexión, más parecidos que distintos y mostrarnos más vulnerables sin los intentos desgastantes de vender una imagen de éxito. Caminar por la calle y darnos el tiempo para parar y mirar las plantas y los pájaros que también están ahí acompañándonos. Dedicarle tiempo a la familia, a los amigos y a hacerlos sentir especiales y bellos. Sobre todo vivir con la tremenda seguridad de todo puede cambiar radicalmente de un momento a otro, vivir intensamente y con emoción.

Proyecto en proceso en colaboración con la neurocientífica Rebeca Ramos

¿Cuál es la principal lección que el mundo del arte debería aprender de todo esto? ¿Cómo te imaginas la escena del arte posapocalíptico?

Esta sensación de apocalipsis no ha sido oscura, tenebrosa y rápida. Todo lo contrario, hay días soleados que dan la sensación de que nada ha cambiado. Pero sí, definitivamente ha sido crítico para la escena del arte, menos movilidad y menos financiamiento, sobre todo para el tipo de plataforma con la que me ha interesado trabajar. Supongo que pasará lo que ya está ocurriendo, mucha más gestión y esfuerzo por visibilizarse en medios digitales. Será importante pensar el lugar del arte en este nuevo escenario, qué es importante decir, a quien decirle, para qué hacer obra y con cuáles recursos. Seguramente pasarán cosas que no imagino y habrá que pensar de manera creativa. Para mí investigar es fundamental y creo que surgen ideas que viven como imágenes y como textos y en diferentes campos del conocimiento. Creo que estos cruzamientos van a enfatizarse y serán muy importantes, diría que inevitables, para seguir pensando en lo que nos pasa hoy. El encierro que ha provocado la pandemia también ha servido de justificación para aumentar los niveles de autoritarismo desde el Estado y con ello también ha aumentado el deseo de promover cambios, de informarnos, y de estar más al tanto de los otros.

El estudio de Celia González
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SOLVEIG FONT
Solveig Font Martínez (La Habana, 1976). Licenciada en Estudios Socioculturales. Se desarrolló como especialista en artes plásticas en la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC y más tarde en la Galería Villa Manuela de la misma institución. Trabajó como curadora en la Fábrica de Arte Cubano (FAC) hasta el 2015. En el 2014 fundó el espacio de arte Avecez art space, donde ha trabajado con artistas y curadores nacionales e internacionales. Ha realizado mas de veinticinco exposiciones dentro y fuera de Cuba. Ganó en 2015 la Residencia de RCAAQ en Montreal, Canadá.
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