Más acoso y violencia contra figuras del arte independiente en Cuba

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De izquierda a derecha, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, el rapero Maykel Castillo y la historiadora del arte Anamely Ramos

En la mañana del 17 de junio, la comunidad del arte independiente cubano se vio removida una vez más tras el anuncio en las redes sociales de la detención de la curadora, crítica e historiadora del arte Anamely Ramos, el artista Luis Manuel Otero Alcántara y la curadora Claudia Genlui, por parte de activos del Ministerio del Interior, luego de que fuera arrestado también, el día anterior, el rapero y activista Maykel Castillo.

A juzgar por la “Declaración Oficial del Movimiento San Isidro” que se hiciera en su página de Facebook el pasado 17 de junio, sobre el arresto de Luis Manuel Otero y del rapero Maykel Castillo, El Osorbo, en la madrugada del 12, este nuevo acto de arbitrariedad policial parece haber tenido por objetivo impedir que se formalizara ante las autoridades la queja que ambos artistas pretendían transmitir por los hechos de violencia y maltrato injustificado contra su persona apenas unos días antes.

Según la relación de los hechos dada a conocer por el Movimiento San Isidro y el propio Luis Manuel Otero en sus redes sociales, apenas entrando en la madrugada del 12 de junio, una reunión entre amigos, en la que participaban Maykel Castillo y Luis Manuel Otero, había sido interrumpida abruptamente cuando ambos fueron detenidos por la policía. El arresto ocurriría a causa de la presunta violación, por parte del primero, de los decretos sanitarios vigentes al no llevar puesto en ese instante nasobuco o mascarilla sanitaria, y en reacción a los reclamos de libertad de expresión del segundo, mientras intentaba sin éxito filmar con su teléfono los detalles del acontecimiento. Al llegar a la estación policial de Cuba y Chacón, en La Habana Vieja, a donde serían conducidos, los artistas aún esposados fueron golpeados por los agentes de la policía con sus bastones, mientras permanecían esposados, en señal de la incontestable autoridad de la fuerza del orden del régimen. Los policías no usaban cubrebocas, no obstante.

Minutos más tarde, llegaron al edificio varios amigos de los arrestados para solicitar información y ver en persona a Otero y Castillo, pero su petición les sería negada bajo la excusa de que ambos habían agredido a los oficiales que los custodiaban. Sabiendo de las estrategias continuas para aislar y secuestrar cuanto sea posible a los detenidos por razones políticas en Cuba, la curadora Anamely Ramos insistió y logró acceder al oficial al frente de la estación, quien le ofreció algunos supuestos motivos de la retención. Sin embargo, unos minutos después, cuando Ramos se disponía a regresar por una última aclaración, siendo incluso autorizada por el oficial de la posta externa de la estación, fue violentamente reprimida, golpeada y tirada al suelo por una oficial, entre los varios agentes que la custiodaban y la obligaban a salir nuevamente del edificio. Por más que la otrora profesora del Instituto Superior de Arte de La Habana solicitara hacer de inmediato una queja por el atropello, fue disuadida por el oficial de guardia con la promesa de que al día siguiente tendría la oportunidad.

A la mañana próxima, Otero y Castillo fueron conducidos a una clínica para ser atendidos por las heridas propinadas la noche anterior, sobre las que pesaron, además de la evidente brutalidad que caracteriza el ejercicio del orden en Cuba, el fantasma del racismo, cuestión que pocas veces resulta denunciada en la isla, y que Otero no dudó en señalar en este momento en que todas las miradas se han concentrado en el asesinato del afroamericano George Floyd y las consecuentes repercusiones de su muerte a manos de la policía en los Estados Unidos. Según informa el portal Puente a la Vista, agentes de la Seguridad del Estado, al interrogarlos por última vez poco antes de dejarlos ir, justificaron la encarcelación y el hecho de violencia como “una fisura en el sistema”.

En su cuenta personal de Facebook, Anamely Ramos daría testimonio de su experiencia con una exhortación a demandar el cumplimiento de los derechos más elementales del ser humano. Sus palabras exigían la superación de las argucias ideológicas cuando la urgencia del debate humanitario es una evidencia palmaria:

“Lo que ocurrió ayer me puso directamente frente a la violencia policial en mi propio país. Un país al que amo profundamente desde niña y en el que he trabajado arduamente para el bien de la sociedad. Yo soy de las que cree en Cuba y en los cubanos por encima de todo. Y no acepto y no aceptaré impasible las injusticias que a diario se cometen en él y mucho menos esa condición discriminatoria de la represión que nos escinde incluso en el desamparo.

[…]

Este es nuestro país, no sigamos de brazos cruzados, no sigamos volteando el rostro. Esto que sucedió no es un caso aislado.

Es hora de ponerle pausa a discusiones ideológicas, para no perdernos más en la engañosa división de bandos que muchas veces funcionan como abstracciones fundamentalistas. Aquí es una cuestión de humanidad descarnada, y de derechos elementales vulnerados.”

Como parte de las respuestas de la comunidad de artistas independientes cubanos, el Movimiento San Isidro ha empezado a promover desde sus redes sociales la campaña “No a la violencia policial”. Según puede leerse en la declaración publicada en la mañana del 17 de junio, la iniciativa alerta sobre la creciente impunidad con que actúan los presuntos veladores del orden en la isla, bajo el pretexto de la “excepcionalidad sanitaria”, y el desamparo al que han estado condenadas las voces independientes del mundo del arte, el periodismo y la ciudadanía en general, en estos últimos tiempos en que los excesos y las injusticias se han multiplicado en Cuba, muchas veces incluso fuera de cualquier respaldo normativo o jurídico.

Los sucesos del pasado 12 de junio reavivan la indignación y el dolor aún muy cercanos en el tiempo por la prisión que sufriera Luis Manuel Otero en marzo pasado. En aquella fecha, el artista fue a prisión por los supuestos delitos de “ultraje a los símbolos patrios” y “daño a la propiedad”, y quedaría liberado apenas el pasado 14 de marzo ante la presión de la comunidad artística y los medios independientes del país, sin que las autoridades llegaran a realizar un “juicio sumario abreviado” contra su persona, como habían establecido de antemano. Asimismo, los lamentables hechos actuales tienen lugar en el marco de una secuencia de acciones represivas contra los artistas independientes y los ciudadanos en general bajo el protectorado de decretos como el pretendidamente inactivo 349 o el 370, ambos de 2018 y el último vigente desde 2019, que procuran regular la actividad cultural e informática, respectivamente.

A pesar de que el artículo 42 de la Constitución de la República de Cuba asegura que “toda persona que sufriere daño o perjuicio causado indebidamente por directivos, funcionarios y empleados del Estado con motivo del ejercicio de las funciones propias de sus cargos, tiene derecho a reclamar y obtener la correspondiente reparación o indemnización en la forma que establece la ley”, a la fecha, ninguna queja por violencia policial ha podido ser tramitada.

Al momento de la redacción de esta nota, la historiadora del arte Anamely Ramos, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, la curadora Claudia Genlui y el rapero Maykel Castillo se hallan en libertad.

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