Mirar en torno a la charla “Siluetas. La voz femenina en el arte cubano de las décadas recientes”

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Detalle del cartel de la charla “Siluetas. La voz femenina en el arte cubano de las décadas recientes”
Detalle del cartel de la charla “Siluetas. La voz femenina en el arte cubano de las décadas recientes”

Ahora mismo me cuesta escribir cualquier cosa. Me cuesta lo que le costaría a ciertos “ases” mantener el poder sobre sus dominios; lo que le costaría a una geisha mantener la delicadeza sobre la espalda de un amante; lo que le costaría a un poeta suicida escribir su último poema. Escribir las ideas que necesariamente debo formalizar para explicar y poner en contexto la charla “Siluetas. La voz femenina en el arte cubano de las décadas recientes”, que sucederá este martes 31 de agosto a las dos de la tarde (hora de La Habana), es, lo que se dice, una epopeya kamikaze. (En japonés, kamikaze significa “viento divino”).

“Debo escribir algo claro, conciso, directo”, algo para informar sobre la charla, me digo. Me digo también que no debo formular verdades. Como periodista debo, eso sí, ayudar a otres en la construcción colectiva de la verdad. Interrogo, no concluyo. Lo hago a través de esta nota, pero habría preferido poder deslizarme subrepticiamente.

Divago antes de buscar lo que debo buscar sobre la charla que sucederá en Instagram. Divago y me pierdo. Sólo por pura casualidad veo una historia donde el pop star estadounidense Jake Wesley Rogers camina por un pueblito; lo interrumpen; le preguntan si es chico o chica. Con una camisa con dahlias bordadas responde: “Ningune. Soy un instante. Soy un destino. Soy una cruz entre una hoja y una nube, y una pieza pesada de maquinaria. ¡Yo soy!”

El crítico y curador cubano Jorge Peré, quien organiza y moderará la charla “Siluetas…”, también publicó en esta red social, el 21 de agosto, una “posible ruta”, una lista, no más que eso, donde privilegia, a su entender, algunos autores dentro de “ese espacio [la pintura] de nuestra producción simbólica, desde el barroco hasta lo gestual”. A modo de encabezado, se hacía una pregunta: “¿Y si la pintura cubana emergente dependiera de unos pocos nombres, quiénes serían?”

Seis artistas. Seis pintores. Seis ensalzados por el ojo de Jorge Péré: Miguel Alejandro Machado, Antuán Mena, Richard Somonte, Maikel Sotomayor, José Capaz y Alejandro Piñeiro.

Antes de continuar, debemos dejar en claro tres cosas: primero, que no ponemos en duda el valor de la obra de estos seis artistas; segundo, que no deslegitimamos la selección y publicación de Jorge Peré; y tercero, que hay una falsa creencia, antigua, moderna, asumida por algunes críticos y críticas de arte, que les hace pensar que pueden convencernos, y, además, que tienen el derecho de hacerlo. Para rematar, creen que eso es correcto.

En Cuba, se sabe, el ejercicio de la crítica de arte sigue signado por un anclaje tradicional que pondera posturas hegemónicas, rígidamente valorativas. Un anclaje definido por un cuerpo teórico-conceptual que se estableció entre los siglos XVIII y XIX. En la institución Arte, dentro de los sistemas sociales contemporáneos, el ejercicio de la crítica se ha vuelto algo tan incierto como todo lo demás. Aunque algunes lo soslayen, la noción tradicional de crítica de arte, en tanto categoría totalizante, ha quebrado. La sensibilidad contemporánea (Giorgio Agamben en ¿Qué es lo contemporáneo?) hace que intelectuales y artistas renuncien al privilegio político que tenían de hablar en nombre de otros.

La crítica, como discurso inmanentista del arte, hoy no se debe conformar sólo con evaluar y ponderar autores –de hecho, la noción de autoría hace décadas está en estredicho. Aquí no me refiero específicamente al post de Jorge Peré, aunque implícitamente lo roce. Cada persona tiene el derecho de asumir un gusto y compartirlo. Aun así, sería ingenuo pensar que podemos ser sacerdotes y, al mismo tiempo, socavadores de iglesias. Sujetos así abundan, me dirán. Y yo asiento.

Esto lo digo porque también existe la creencia de que, como las redes sociales son ese espacio “pulido” y “pornográfico” –en palabras de Chul Han–, podemos colgar cualquier insensatez. Total, al otro día ya nadie se acuerda. Cierto es que la crítica de arte, y algunas personas que la practican, disfrutan –casi se regodean/pavonean– el privilegio que otorga el estrado de la comunicación. El estrado, visto de este modo, es el espacio ideal para ejercer micropoderes. Entiéndase, aquí, micromachismos.

Una publicación de esa índole, aquí sí me refiero directamente a la realizada por Peré –teniendo en cuenta el alcance de su discurso crítico–, al menos le correspondería explicar, de manera concisa, las circunstancias, el contexto de selección, el rango de evaluación. No debería quedarse en la retórica del que prende una chispa sabiendo que va a quemar un bosque y se queda a ver qué sucede. Como en un teatro donde el protagonista no es ninguno de los que están sobre el escenario, sino la persona que los puso a actuar.

A simple vista, ese post parece un mero gesto evaluativo, es decir, discriminatorio. Esto no lo afirmo, pero cabe la posibilidad. Recordemos que evaluar es sólo un agente de pensamiento crítico. Es sólo (sobre todo) una función coextensiva de la crítica de arte. El post parece que quiere imponernos alguna visión del mundo. El post adopta una personalidad autoritaria. El post no recuerda que el principio de legitimidad del saber se ha erosionado hasta la nulidad.

Lo que hizo Jorge Peré al publicar su lista fue un malabarismo; un salto al vacío.

En los comentarios, él, Peré, trató de solucionarlo, de excusarse, de decir “yo no fui”, pero no hizo más que agrandar la deflagración. Llegó a decir, en inglés, que no incluía pintoras “because there are not too many women of that generation with a work expressly dedicated to painting (porque no hay demasiadas mujeres de esa generación con una obra expresamente dedicada a la pintura)”.

A lo que la pintora Gaby Pez respondió: “Peré, perdona, pero me hiere bastante que digas que no hay mujeres cubanas dedicándose con recurrencia y profundidad a la pintura. Sin hacer tanto research, de la mente me salen 10 artistazas cubanas, pintoras todas, metiéndole bien duro”. Y mencionó a Laura Carralero, Osy Milián, Liz Capote, Leticia Sánchez Toledo, Diana Fonseca, Rocío García, Adislén Reyes, Greta Reyna, Alina Águila y Daniela Águila Travieso.

En lo que pudiera considerarse como una explicación/justificación del comentario y su lista, Peré sostuvo: “(…) entre los nombres que propones hay cierta desproporción: unas más jóvenes, otras más longevas, otras muy plurales en cuanto a soportes. Los artistas que cito aquí son pintores de formación y su obra se concentra esencialmente en ese soporte. Comparten, además, cierta cercanía generacional. De las artistas que propones sólo una, Laura Carralero, podría entrar en la presunta lista que elaboro (atendiendo al criterio etario). A todas esas artistas las conozco, las sigo y las admiro. Pero insisto: esta fue mi lista”.

Él insiste. Lo que no queda claro es que sea una “presunta” lista. La lista está, fue publicada. ¿Dónde queda el supuesto?

La periodista Thays Roque le preguntó al también historiador del arte en uno de los comentarios: “Oye, Peré, ¿y las jevas? ¿Hay segunda parte?”. Él le respondió que, de momento, empeña su nombre en esta lista, y que pueden haber, por supuesto, tercera, cuarta y quinta parte, si se quiere. Adelantó, además, que prepara una investigación “que sitúe varias cosas en relieve”. Es un buen comienzo, por todo lo alto. La esperamos.

Antuán Mena y Alejandro Piñeiro se limitaron a agradecer su inclusión en la lista. Miguel Machado, por su parte, citó a Chocolate, “presidente de la república repartera”: “Las opiniones son como las nalgas… cada cual tiene las suyas”.

Me quedo con un comentario. Lúcido fue José Capaz al subrayar que él, por su parte, trabaja desde un “cuerpo ilimitado”.

El historiador del arte y curador Daniel G. Alfonso lanzó una pregunta: “¿Será este post una estrategia para una venidera exposición de Peré?” Asimismo, Richard Somonte, al final de su acotación, se preguntó: “¿Será acaso una provocación de Peré?” A lo que el aludido respondió con la impronta de un matasellos: “¿Será acaso eso?”

La provocación tiene segunda parte. Peré, con el acompañamiento de la revista de artes visuales El Oficio y la Galería Taller Gorría, ha convocado a la charla “Siluetas. La voz femenina en el arte cubano de las décadas recientes”. A través de Instagram Live, en el perfil de El Oficio, se reunirán las curadoras cubanas Elvia Rosa Castro, Sachie Hernández, Dayneris Brito y la pintora Gaby Pez. Al parecer, tratarán de afirmar, como el título indica, a la mujer dentro del paisaje del arte cubano contemporáneo. La lista vendría a ser el presemen de la charla.

Las fronteras del género se disuelven. Lo que hará “Siluetas” será enfatizar la masculinidad y feminidad como creencias, porque son creencias, en el arte cubano. Fuera de eso quedará muy poco.

Hay que tener los ojos bien abiertos. Y hay que escuchar. Hay que estar atentxs. Todo esto reproduce un régimen dominado por la diferencia sexual. La actual transformación de la epistemología sexual y de género subvierte ese régimen naturalizado y patriarco-colonial. ¿Dónde quedan las personas, los pintores o pintoras trans o no-binarixs? ¿Dónde lxs cuerpxs subalternos, dependientes, minoritarios, desviados, abyectos?

Todo esto me recuerda que el filósofo transfeminista Paul B. Preciado fue invitado a dar una conferencia el 17 de noviembre de 2019 ante 3500 psicoanalistas reunidos en las Jornadas número 49 de la École de la Cause Freudianne en París. Con una voz monstruosa, simiesca, mutante, en tránsito, en cruce, Paul dijo que no tenía mucho de qué hablar sobre la mujer en psicoanálisis porque más bien “habría que organizar un encuentro sobre hombres blancos heterosexuales y burgueses”, y no “hablar de mujeres en psicoanálisis como si todavía estuviéramos en 1917”.

Como si “ese tipo particular de animal, que ustedes llaman de forma condescendiente «mujer», no tuviera siempre un reconocimiento pleno en tanto que sujeto político; como si ella fuera un anexo o una nota en pie de página, una criatura extraña y exótica entre las flores, sobre la cual hay que reflexionar de tanto en tanto, en un coloquio de mesa redonda”.

Tanto “Siluetas”, como la lista de Jorge Peré y muchos de los comentarios a su post, rehúyen la idea de que, investidos como naturales, lo femenino y lo masculino son tecnologías del sistema patriarcal cuerpo-género. Construidas como epistemologías del binarismo sexual (“epistemologías que están en crisis desde los años cuarenta del siglo pasado”), son tecnologías de dominación y de reducción.

La sinopsis de “Siluetas” es muy elocuente. Se autoproclama “charla horizontal” e informa que “pretende zanjar un grupo de cuestiones alrededor de la mujer y su presencia en las políticas y discursos meridianos del arte cubano contemporáneo”. “Si seguiste aquella sana polémica –prosigue la nota– de hace unos días y te interesa el tema, pues te recomiendo agendar este evento”.

Al leer la oración siguiente no dejé, ingenuo como soy, de sorprenderme, a pesar de que constantemente me repito que no puedo ser impresionable: “Será un concierto de voces y matices protagonizado por divas que, como en un cabaret nocturno, dejarán para nosotros sus mejores boleros” (las cursivas son mías). Esta última oración, además de ofensiva, desconoce las más elementales nociones en torno a los feminismos y remarca la naturaleza patriarcal de la convocatoria. ¿Soy yo el único que lo ve? Solo le faltó poner que el encuentro sucederá en un local de tragaperras.

El 2 de julio pasado publiqué en Facebook: “La lucha no debe ser contra la desigualdad de género, sino contra el género”.

El post recibió 27 “me gusta”, 8 “me encanta”, y 3 “me importa”. Ningún comentario.

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