Artista cubano Jairo Alfonso conversa sobre su exposición ‘Objectscapes’

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El público observa la exposición ‘Objectscapes’ en el Centro de Artes Visuales de New Jersey. Foto: Visual Arts Center of New Jersey.
El público observa la exposición ‘Objectscapes’ en el Centro de Artes Visuales de New Jersey. Foto: Visual Arts Center of New Jersey.

La muestra Objectscapes, del artista visual cubano Jairo Alfonso, se encuentra abierta en el Centro de Artes Visuales de New Jersey (Visual Arts Center of New Jersey). Una oportunidad de lujo para revisar el trabajo que este dibujante ha venido haciendo en los últimos diez años. La exhibición se inauguró en enero y permanecerá abierta hasta el 4 de junio.

Como ya han venido reseñando varios críticos, 494 (Bergenline Avenue) es una de las piezas que destacan en las paredes del centro de artes estadounidense. Se trata de un dibujo que surgió como resultado de una estancia de Alfonso en la residencia artística Guttenberg Arts, en New Jersey, en el año 2014.

Para su realización, el artista se enfocó en la Avenida Bergenline, como sugiere el título. Esta calle “atraviesa cuatro ciudades del Condado de Hudson y es una de las arterias comerciales más extensas de Estados Unidos (cruza unas noventa calles)”, cuenta Alfonso a Rialta Noticias.

“Estuve visitando sus establecimientos y tomando fotografías de diversos objetos que reflejan la variedad cultural de esta área con un gran predominio latino. A partir de este archivo fotográfico, donde anoté las medidas de cada objeto, dibujé posteriormente esta obra a modo de caja compuesta por 494 objetos representados en su escala original”, explica. Así como en 494 (Bergenline Avenue), en muchas de sus obras el número que da título al cuadro es equivalente a la cantidad de objetos incluidos en el dibujo.

El público observa el dibujo ‘494 (Bergenline Avenue)’ en el Centro de Artes Visuales de New Jersey. Foto: Etienne Frossard.
Estudiantes observan el dibujo ‘494 (Bergenline Avenue)’, durante un evento educativo, en el Centro de Artes Visuales de New Jersey. Foto: Visual Arts Center of New Jersey.

Los cuadros de Alfonso funcionan como espejos de nuestra sociedad de consumo, anota en el catálogo de la exposición Tatiana Flores, catedrática de la Universidad Rutgers. En las pinturas y los dibujos del artista cubano no aparecen individuos, sin embargo, la huella humana está muy marcada en cada obra. El despilfarro, el abigarramiento de objetos y los desechos de estos son expresivos de las costumbres de nuestras sociedades, sugiere el texto.

Al mismo tiempo, la escasez es otro elemento que aflora en su trabajo, apunta Flores. La falta de recursos y también la obsolescencia de los objetos en el contexto cubano, donde el artista creció, integran su paisaje pictórico.

Otra obra que destaca en la muestra es una de las más conocidas de Alfonso, 362 (2012). La puebla un sedán LADA como protagonista. Sobre, debajo y alrededor del auto se apilan una moto, cajas, libros de arte, muebles, botellas, un teclado, un tambor, una escultura pequeña de un hombre con un pene gigante (una figura prehispánica peruana), electrodomésticos, juguetes y más. Este dibujo inmenso, de 78.7 x 159 pulgadas, pudiera representar un basurero, fragmentos de memoria o un inventario de objetos comunes en la vida del pintor. Hay tantos pequeños detalles que el dibujo nuca termina de verse.

Obra ‘362’, 2012, lápiz acuarelable sobre papel, 200 x 400 c.m.
Obra ‘362’, 2012, lápiz acuarelable sobre papel, 200 x 400 c.m.

Sobre su relación con todos estos objetos que representa, Alfonso cuenta: “A lo largo de mi carrera he estado interesado en explorar la cultura material contemporánea desde una perspectiva arqueológica, particularmente la naturaleza compleja de los objetos, su historia y simbolismo a través de diversos medios como la pintura, el dibujo, la instalación y el video. Me atraen las relaciones que se establecen con las cosas que poseemos, las que consumimos, las que heredamos”.

Actualmente ha estado trabajando en una serie de pinturas que son parte de la muestra en New Jersey. “Interpretan vistas endoscópicas de objetos de comunicación de la era soviética en Cuba, específicamente de los años setenta, como radios y televisores. Estos objetos eran diseñados en la Unión Soviética y ensamblados en Cuba, donde fueron bautizados con nombres nativos caribeños: Radio Taíno 74, Radio Siboney y Televisor Caribe transistorizado”, adelanta el artista.

A Alfonso le interesa “hacer una radiografía de la tecnología de ese período, analizar la era de la Guerra Fría, sus objetos y conceptos”. Busca adentrarse en “los órganos internos” de estos artefactos, “ahora ruinas, por donde viajó el sonido (información, manipulación, etc. de una era convulsa que aún nos revisita)”. Estas pinturas se basan en fotografías del interior de aparatos de telecomunicación, tomadas con una cámara endoscópica.

Siboney III, de la serie Endoscopic Landscapes, 2022, óleo sobre lienzo, 60x72 pulgadas. Foto: Etienne Frossard.
Siboney III, de la serie Endoscopic Landscapes, 2022, óleo sobre lienzo, 60×72 pulgadas. Foto: Etienne Frossard.

Una vuelta al interior de los objetos también tiene lugar en otra serie de dibujos con lápiz de acuarela. Composiciones a gran escala muestran el interior de las máquinas con primeros planos de motores con sus engranajes, correas, válvulas y bombas.

La precisión, minuciosidad y limpieza de los trazos de Alfonso informan, sin dudas, sobre su obsesión y relación sentimental con cada objeto recreado, tanto en pintura como en dibujo. En palabras de Enrique del Risco, en el caso de Jairo Alfonso “no se trata de representar vastos proyectos constructivos sino de penetrar en aquellos aparatos que habitaban la mayoría de los hogares cubanos”.

Al mismo tiempo, dice el crítico, el artista intenta “rastrear las tripas de aquellos artilugios que representaban una suerte de modernidad diferida, anacrónica y por los que penetraban a diario las imágenes y sonidos que conformaron la conciencia de todo un pueblo: dibujos animados, radionovelas, programas de humor, música preferentemente local, telenovelas nacionales e importadas, películas casi siempre extranjeras –porque la producción nacional nunca alcanzó a cubrir las necesidades internas–, mucha propaganda política y, sobre todo, aquellos discursos del máximo líder que se transmitían al unísono por todas las cadenas televisivas y emisoras radiales fundiendo toda esa chatarra soviética disfrazada de indígena bajo un mismo hombre y una misma voz”.

TELEFUNKEN Jairo Alfonso 2012 | Rialta
‘TELEFUNKEN’, Jairo Alfonso, 2012.
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