Cine latinoamericano LGBTIQ+ en el NewFest de Nueva York

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Cartel de la película chilena ‘La nave del olvido’, Nicol Ruiz Benavides, dir., 2020

NewFest: The New York Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender Film Festival es uno de los espacios audiovisuales internacionales más significativos entre los consagrados a la cultura LGBTIQ+. Organizado por The New Festival, Inc., desde el año 1988, el NewFest dará inicio a su edición 32 el próximo 16 de octubre y se extenderá hasta el día 27. En esta ocasión, se realizará de forma virtual –un formato que han asumido durante este año la mayor parte de los eventos culturales del orbe, debido a la pandemia del coronavirus–, aunque también incluirá algunas proyecciones especiales en autocine, con un programa que sobrepasa los ciento veinte filmes.

La película responsable de inaugurar el certamen este año será Ammonite, un drama romántico sobre la vida sexual de la paleontóloga británica del siglo XIX Mary Anning, protagonizado por Kate Winslet y dirigido por el británico Francis Lee, quien recibirá durante la inauguración el World Queer Visionary Award.

Este festival de cine LGBTIQ+ es el evento de mayor reconocimiento –dado el alcance e impacto que ha conseguido durante años de activismo– de cuantos son programados por The New Festival, Inc. Enfocado en difundir las mejores producciones audiovisuales que anualmente se ocupan del universo LGBTIQ+, esta organización (sin fines de lucro) ha fomentado, desde su fundación, un foro para la legitimación de los sujetos y las comunidades disidentes de la norma heteropatriarcal.

Su gradual expansión más allá de las fronteras del área metropolitana de Nueva York ha estado promovida por la necesidad de amplificar el alcance de esas voces aún tenidas por diferentes. Las películas han sido siempre un agente para visibilizar, problematizar o explorar los conflictos de identidad, las particularidades geográficas o culturales, el mundo emocional que define las múltiples expresiones de la sexualidad y las relaciones de los individuos con su cuerpo y su subjetividad.

NewFest ha sido un terreno de intercambio social, dispuesto a perturbar ese orden cultural que aún continúa reprimiendo la libertad y la expresión de las identidades sexuales “diferentes”. Los filmes puestos a disposición del público procuran abrir un debate alrededor del lugar social que ocupan estas subjetividades otras, a la vez que articulan una fuerza política que expande la conciencia de intervención pública y la necesidad de participación efectiva por parte de las comunidades LGBTIQ+ en la esfera pública. No por gusto, en la web oficial del evento se asegura lo siguiente: “Creemos que la visibilidad es importante, y que las películas queer pueden cambiar el mundo”.

Del amplio programa propuesto por esta 32da edición del certamen, que incluye filmes de las más variadas geografías, una de las zonas más destacadas es la que se consagra al cine producido en América Latina. En las creaciones de la región latinoamericana predomina cada vez más la perspectiva sexual como eje dramático de los filmes. La voz sexual de los sujetos ha cobrado un protagonismo decisivo como factor determinante de la estética adoptada por las películas, en una suerte de negociación de las identidades individuales en los diferentes contextos geopolíticos del continente.

Un porciento considerable de los discursos audiovisuales perpetrados en esta región del continente americano adquiere su sentido a partir de la apertura a la diversidad de perfiles psicosexuales que definen a las personas. Si en los años sesenta y setenta el individuo era recortado de su origen cultural o de su posición sociopolítica, ahora importa más la identidad que emana de su psicología y de las relaciones que establece con su propio cuerpo.

De ese panorama audiovisual con ansias de libertad, el NewFest ha programado una serie de filmes significativos producidos entre 2019 y 2020. Entre ellos resulta interesante, por el modo en que el imaginario del personaje protagónico determina las cualidades del plano expresivo, Alice Júnior (Gil Baroni, Brasil, 2019), una película que narra las experiencias de una adolescente trans que acaba de mudarse a un pequeño pueblo del sur de Brasil donde su padre ha conseguido un contrato de trabajo. Allí debe enfrentarse a una cotidianidad conservadora incapaz de comprender su “diferencia”. El estereotipo trans constituye un sujeto esencial en la forma de este filme, manipulado con conciencia en calidad de relato cultural que nutre el discurso en su tributo a la legitimación de la identidad defendida por el protagonista.

Otra obra de particular interés es Aconchego da tua mãe (Adam Golub, Brasil, Estados Unidos, 2020), un documental –abiertamente de denuncia–, que registra la lucha emprendida por Indianara Sequeira, una trabajadora sexual y activista política trans, fundadora de la comunidad LGBTIQ+ Casa Nem de Río de Janeiro. La impactante personalidad de Indianara –que la llevó a postularse como gobernadora local de Río de Janeiro y que enfrenta en el presente el régimen transfóbico impuesto por Jair Bolsonaro–, es retratada en Aconchego da tua mãe en sus perfiles más insospechados. La estructura fundamentalmente retórica del documental consigue argumentar con elocuencia los desafíos y presiones enfrentados por Indianara y la comunidad de Casa Nem.

También se incluyen filmes admirables por la sola instrumentación del repertorio formal, como es el caso de Vento seco (Daniel Nolasco, Brasil, 2020). La asunción de códigos del policiaco, la integración de juegos visuales de laboratorio con una puesta en escena que estetiza acertadamente el espacio que se abre entre la clase media y las periferias sexuales de la ciudad, y la construcción del cuerpo masculino como un constante detonante del deseo, hacen de esta película un ejercicio de estilo considerable.

El argumento de Vento seco se ocupa de la vida de Sandro, un trabajador de una fábrica de fertilizantes que pasa sus días jugando al fútbol y compartiendo con sus amigos, hasta el momento en que conoce al motociclista Maicon. Entonces su cotidianidad se verá trastocada, envuelta en una serie de fantasías erótico-sexuales que impregnan la atmósfera misma de la cinta; la mirada de la cámara deviene la consumación del deseo del protagonista, su cuerpo y el de los otros son la mejor expresión de sus turbulencias emocionales. Vento seco es una espléndida película en la medida en que asume las identidades eróticas de los personajes sin hacer concesiones comunicativas de ningún tipo. De este modo, logra impugnar los modelos tradicionales de masculinidad y reorganizar su sistema de códigos en favor del deseo homo.

Otras tantas películas latinoamericanas pueden verse online en esta edición del NewFest. Por ejemplo, el largometraje chileno Los fuertes (Omar Zúñiga Hidalgo, 2019), o los cortometrajes Breakwater (Cris Lyra, Brasil, 2019) y Screenshot For a Goodbye (Ruth Caudeli, Colombia, 2020). Pero me gustaría reparar, sobre todo, en La nave del olvido (Nicol Ruiz Benavides, Chile, 2020).

¿Qué hace particular a este filme? La construcción de una aventura amorosa entre dos mujeres de la tercera edad. Aunque en los años recientes el panorama ha cambiado favorablemente, no deja de ser cierto que la homosexualidad femenina tiende a ser mucho menos visibilizada que la masculina. Si bien muchas películas incluyen pasajes específicos vinculados al lesbianismo, este ha merecido mucho menos atención y análisis que las relaciones entre hombres. Mas en La nave del olvido resulta fundamental otro factor: en ella la consumación del deseo sexual tiene lugar entre dos mujeres que han entrado ya en la vejez. La vejez es en sí mismo un motivo sumamente complejo, un periodo etario con problemáticas puntuales que marcan la vida de un individuo, no sólo desde el punto de vista fisiológico, sino también desde una perspectiva social y emotiva. Por tal razón, una de las virtudes inmediata del filme de Nicol Ruiz es la inteligencia con que se entrecruzan sexualidad y vejez en el marco de una relación lésbica.

El guion relata la experiencia existencial de Claudina –una señora de setenta años– tras perder inesperadamente a su esposo. Este suceso la coloca en un momento de replanteamientos, puesto que el matrimonio parecía ser el centro de su vida. Al pasar a residir con su hija y su nieto en un pequeño pueblo llamado Lautaro, Claudina conoce a Elsa, una vecina despojada por completo del conservadurismo que se respira en la atmósfera del lugar. Desde el instante en que conversan por primera vez, ambas comienzan a involucrase hasta consumar una singular relación amorosa ante los ojos de los demás. Es entonces cuando la protagonista, luego de tantos años consagrada a una alianza en la que no era precisamente feliz, siente recuperar el sentido de la existencia.

La puesta en escena se la ingenia para explicar al nivel del entorno físico el movimiento interior que experimenta Claudina. El ambiente conservador del pueblo, en contraste con el bar gay que se encuentra en su periferia –en el cual Elsa trabaja como cantante–, metaforiza la repulsión que el vínculo recién surgido entre estas dos mujeres produce entre los residentes del lugar. Mientras camina por las calles de Lautaro, Claudina se siente angustiada, perdida, sin embargo, en la atmósfera trémula del bar, se descubre plena, realizada. Así mismo, la presencia de los ovnis en el pueblo, con los que todos están obsesionados (y que a ella le resultan simpáticos) constituye otra parábola de la incomprensión que ella sufre.

Mas nada es tan apreciable en la película como el diseño del personaje protagónico y el trazado de su trayecto dramático. Esta señora, que a sus setenta años se aventura en una historia sexual con otra mujer, transgrediendo los más mínimos valores tradicionales, es un personaje excelente. Elsa es una rebelde, no obstante, cuando su esposo regresa de viaje, ella no duda un instante en acogerse a las pautas que demanda la norma. Claudina, entre tanto, dinamita el mundo de Lautaro y se pasea vestida de verde entre una multitud de personas en luto. Ella está convencida de que en su diferencia está su felicidad. No duda ni siquiera en alejarse de su hija, tan retrógrada cuando se esfuerza por reprimir a su madre, quien ya ha dejado atrás su vida de renuncias y vejaciones.

NewFest resulta un dispositivo político, su programa asume el cine como un medio de gestión cívica que busca eliminar la discriminación sexual, así como incentivar el reconocimiento social y promover políticas de igualdad. En el tipo de programación que propone, las películas devienen, además de objetos estéticos, estrategias de reafirmación ideológica y de producción de identidades, destinadas a derogar tanta cultura de la segregación, y la supremacía de las relaciones heterosexuales.

En plena sintonía con los tiempos que corren, David Hatkoff, director ejecutivo del NewFest, ha comentado: “With the Presidential election right around the corner and a Supreme Court seat now open, it is more urgent than ever that queer stories be told and celebrated […] We have created an 11-day event that will meet and speak to this moment, delivering a thought-provoking, inspiring and joyful look at the LGBTQ community and the unique challenges it faces, while also paying homage to the incredible queer legacy that exists in NYC”.

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ÁNGEL PÉREZ
Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.
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