Cubai, Cubai, a ti te gustan los yumas: El Portazo en el Festival de Teatro de La Habana

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En escena, los personajes leen, sin comprender, el ‘Proyecto de Constitución de la República de Cuba’, en la puesta ‘Cuban Coffee by Portazo’s Cooperative. La República Light’

Como parte del Festival Internacional de Teatro de La Habana 2019, dedicado al director Vicente Revuelta, se presentó la tercera temporada de la obra Cuban Coffee by Portazo’s Cooperative. La República Light (CCPC), del grupo matancero El Portazo.

La presentación tuvo lugar en el Café Teatro Bertolt Brecht el 19 y 20 de octubre. Durante esos dos días la esquina de 11 e I, en el Vedado habanero, acogió una manifestación de personas inquietas por alcanzar entradas para la función; la obra, definitivamente, convocaba a la gente a discutir y pensar en asuntos de la actualidad cubana que otros espacios y medios desoyen con total silencio y apatía.

Teniendo como muestra esta euforia compartida entre los espectadores fieles puede afirmarse que CCPC continúa dando de qué hablar luego de sus dos primeras temporadas. El abordaje de la historia de Cuba desde una tribuna nada convencional y la combinación del cabaret, el teatro bufo, la décima cubana, entre otras modalidades, son la vía para llenar un vacío de incertidumbres no sólo políticas, sino también identitarias, que pone a debate la pregunta sobre qué ha significado ser cubano a lo largo del tiempo.

Los puntos de contacto entre generaciones tan distantes como la de Martí, Villena o cualquier joven de este siglo, se dejan claros tanto en el discurso, conformado por textos de varios autores (en su mayoría jóvenes cubanos de distintas épocas), como en la puesta en escena. En CCPC parece llevarse como una suerte de herencia el hecho de que sus personajes, equidistantes en el tiempo, se vean movidos por un ideal que defiende cambios necesarios para salir de la inercia y la enajenación impuesta por “los de arriba”, entes tan lejanos a esa masa compacta y caliente que deviene pueblo sufrido.

CCPC es una muestra del concepto work in progress al proponer una obra dividida en varias temporadas. Las tres primeras han mantenido un mismo hilo conductor: la historia de Cuba y su realidad más actual, la emigración como una cruz iluminada para un país castigado por “la maldita circunstancia del agua por todas partes” y, esencialmente, un sentirse cubanos y cubanas, un amor infinito por esta tierra. No en balde la tesis de la obra descansa en la idea de que “¡Cuba va!, pero ¿pa’ dónde?”

Es válido recalcar que la obra ha variado en cada una de sus temporadas, en principio, por una necesidad natural de hacer una entrega novedosa, pero también porque los contextos en los que sus distintas versiones han sido concebidas, aunque no lo parezca, en algo difieren. Por ejemplo, en CCPC 3 se hace alusión al reality cubano de RTV Comercial La Colmena TV.

Uno de los aspectos más provocativos de esta última puesta es la escenografía: el tabloncillo estaba conformado por varias urnas de votación, aunque el espectador no se percata de ello hasta el final, cuando todos los actores comienzan a leer el Proyecto de Constitución de la República de Cuba, aprobado este año 2019. Las expresiones de los personajes son de incomprensión. Sin decir palabra alguna, ponen el documento de todas las formas posibles: al derecho, al revés, incluso, se lo intercambian entre ellos creyendo encontrar algo distinto en el ejemplar de otros. Aun sin saber qué leían, cada uno se ubicó frente a una urna y diligentemente votó.

Los actores de CCPC pudieran definirse como “todo en uno”. La capacidad con que cuentan para volverse bailarines, cantantes, transformistas y, especialmente, héroes de esta hora resulta de gran valor para el teatro contemporáneo cubano. Claro está que una inmensa parte de ese mérito descansa en el trabajo de sus directores, Pedro Franco y María Laura Germán, esta última también una de las principales actrices dentro de la puesta.

María Laura Germán, además, es dramaturga y crítica teatral. Ejerce como asistente de dirección y actriz en Teatro de Las Estaciones de Matanzas con un trabajo muy distinto al que realiza en El Portazo, ya que aquel es un grupo de títeres con espectáculos mayormente para niños. Recibió el Premio Caricato 2019 en la categoría de Actuación Femenina en Teatro para Niños y Jóvenes por su papel en Un niño llamado Pablo, recientemente llevada a la escena bajo la dirección de Rubén Darío Salazar en Las Estaciones.

Mientras que Pedro Franco egresó de la Escuela Nacional de Arte en la modalidad de Actuación. Fundó en Matanzas el grupo El Portazo, por el que ha obtenido un gran reconocimiento dentro del gremio teatral cubano. Recibió en el año 2013 el primer premio en el Festival Elsinor, convocado por el Instituto Superior de Arte (ISA). Además, fue galardonado con el premio Aire Frío a la mejor puesta en escena del 2012, con la obra Por gusto.

En 2015, Pedro Franco y María Laura Germán (al igual que todo el elenco de la obra) habían recibido los Premios Villanueva por la primera temporada de CCPC, y este año se repitió el éxito dentro del certamen con su tercera versión.

En una entrevista realizada a Franco, explica que, a partir de una notable influencia de Brecht en su obra, y de la premisa de “enseñar divirtiendo”, “pretende comunicarse directamente con el espectador, con un espectador que no sea pasivo, sino participativo. La intención es provocarlo, moverlo de su zona de confort para que entienda la recepción del producto cultural.”

Es así que la obra está concebida para que exista un diálogo con el público a través del propio formato del cabaret. No apela a la convencional disposición de butacas y escenario de las salas teatrales, sino que desordena y transforma el espacio, de manera que el espectador pueda disfrutar de la representación sentado en mesas que sirven los propios actores, que hacen a la vez de camareros.

En ese espacio donde confluyen y se entreveran los códigos del teatro y el vaudeville habita la idea de un cabaret político en el que Cuba, representada en el personaje de un trans mulato llamado Yunai, se vende al mejor postor. En una escena aparece Yunai-Cuba mientras de fondo suena la canción popular de reguetón cubano: “Yunai, Yunai, a ti te gustan los yumas / ¡Ay! A mí me gustan los yumas”. En ese momento, Yunai (o Cubai) se halla en la disyuntiva de a quién le dará su amor: al gallego (personaje en la obra), a un extranjero tomado al azar entre el público asistente, o al personaje de un chino, con el que finalmente decide irse. Para más señas, estamos ante una clara alegoría del modo en que el gobierno cubano ha conducido su política exterior en los últimos años.

Para los que han vivido la experiencia de este fenómeno que es CCPC, se vale quedarse con el sabor de un revoltijo de emociones encontradas. Un retumbar en las ideas de una sigla rítmica y contagiosa que realmente mueve montañas, a paso lento, casi invisible, y sin embargo, de que las mueve, las mueve.

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