Duchy Man Valderá: “Ser ilustradora es lo que mejor me define”

Damos continuidad a una serie de entrevistas (+imágenes) que busca informar sobre quiénes son los actores de la ilustración y el diseño cubano contemporáneos. Vamos construyendo un mapa actual de la producción gráfica que expande las fronteras físicas y simbólicas del territorio de la isla.

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La ilustradora cubana Duchy Man Valderá

Duchy Man Valderá (La Habana, 1978) es una de las ilustradoras cubanas más reconocida, con una intensidad expresiva que suele mezclar antagonismos: ora entre el cómic y el art nouveau, ora entre las estampas japonesas (ukiyo-e) y el rock gótico. Por eso transita entre el arte simbolista decimonónico, el haiku, el decadentismo, el steampunk, los cuentos de terror cósmico, las miniaturas lacadas rusas, la ópera tradicional china, el imaginario yoruba, el art decó…

Además de ilustradora –disciplina que mejor la define–, la creadora cubana es guionista, historietista, coordinadora de proyectos culturales y diseñadora de vestuario escénico, estudio que cursó en el Centro de Tecnología del Espectáculo de Madrid. En su niñez coleccionaba cómics, hoy reside en Bruselas, ciudad considerada como la capital de la historieta franco-belga.

Duchy tiene ascendencia china: por parte de padre su abuelo era chino, cantonés, y se casó con una cubana nieta de chinos. “Es decir, es doble mi ascendencia asiática”, me confesó Duchy hace ya más de un año en otra entrevista, esa vez relacionada con su exposición Sangre de Sirena, en el Estudio-Galería de Arte Corporal La Marca. En esa entrevista, también, afirmó que “si viviera en Cuba estuviera tatuando en La Marca”.

En 2007 Duchy Man recibió el premio del Diseño del Libro Raúl Martínez, en la categoría de Ilustración. Participó en el laureado álbum colectivo Crónicas urbanas (Maison Autrique, 2010), que obtuviera ese mismo año el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Historietas de Argel. Además, junto al ilustrador Alexander Izquierdo, concibió el guion de Rosa de La Habana (Ediciones Mosquito, 2016), primera historieta enteramente cubana para el mercado francófono.

Para conocer sobre cómo fueron sus inicios en el diseño y la ilustración, por qué decidió definirse como ilustradora por encima de otras denominaciones, en qué proyectos trabaja, cuáles son los planes futuros y qué diseñadores e ilustradores cubanos le llaman la atención, Duchy Man Valderá tuvo a bien concederle a Rialta esta entrevista. A continuación, compartimos el diálogo.

Edgar Ariel

Duchy, aunque has incursionado en la pintura, el diseño de vestuario, la escritura de ficción, la coordinación de proyectos artísticos y la promoción cultural, te defines como ilustradora, ¿por qué?

Porque de todas las disciplinas mencionadas es la que mejor me define y con la cual me identifico más.

A pesar de intentarlo al menos en cuatro ocasiones no pudiste estudiar en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. ¿Pudieras comentarme cómo fueron tus inicios en el diseño y la ilustración?

En algún punto entendí que no podía dejar correr más el tiempo y comencé a “aprender” por mi cuenta, acercándome a artistas a los que admiro mucho (Tulio Raggi, Alexis Lago, Rafael Morante, Carlos Guzmán, Alberto Figueroa) y tomé de ellos todo lo que pude. También tuve un breve paso por la Escuela Elemental de Artes Plásticas y el Taller de Manero, este último es un lugar que recuerdo con mucho cariño. No me gusta decir que soy autodidacta, pues nadie lo es completamente, y porque me resulta indispensable homenajear a mis maestros, recordándolos.

‘Sirènes’ (2019)

¿Cómo recuerdas tu niñez relacionada con los álbumes ilustrados?

Los libros ilustrados forman parte de mis recuerdos más antiguos. Mi papá era bombero, pero le gustaba mucho el arte en general. Por eso escribió un libro para niños, una suerte de manual de prevención y extinción de incendios destinado a los círculos de interés y que fue ilustrado por Ernesto Padrón y Jorge Oliver, destacados historietistas cubanos. El libro tenía algunos pasatiempos y recuerdo haber jugado mucho con él. Al mismo tiempo, me extasiaba con los magníficos libros de la editorial Gente Nueva y las publicaciones infantiles de editoriales soviéticas y otras del campo socialista.

Has dicho que “el dibujo es una cuestión de observación minuciosa”. ¿Pudieras extenderte un poco sobre esta idea?

El dibujo no es sólo una cuestión de observación minuciosa, una buena técnica, una disciplina constante también son indispensables. Sin embargo, hace falta el “ojo”, la capacidad de captar un objeto (un paisaje, una persona) más allá de su mera representación visual. Y no estoy hablando de la creatividad que se pueda tener a la hora de dibujar algo, sino de la capacidad de apropiarse de ello y resaltar ese detalle que tal vez nadie más puede ver. Eso se logra con observación constante y precisa, pienso que con ese “ojo” se nace. La técnica y la disciplina se aprenden, la creatividad se desarrolla, pero el ojo tiene que venir “de fábrica”. Es algo que he podido constatar a lo largo de mi vida, personal y artística.

¿Y la ilustración? ¿Qué cuestiones la dominan?

Según Internet (Arteneo), “la ilustración en el mundo del arte es la estampa, grabado o dibujo que adorna o documenta un libro. Esa es la definición de la RAE, pero una más completa podría ser esta: es un dibujo, pintura u obra impresa de arte que explica, aclara, ilumina, visualmente representa, o simplemente decora un texto escrito, que puede ser de carácter literario o comercial”. Sin embargo, creo que, hasta esas definiciones, bastante completas, son insuficientes para referirse a una disciplina que está en constante evolución, que se apropia de temáticas y soportes cada vez más diversos. Pongamos el ejemplo del tatuaje, que al fin y al cabo es ilustración corporal.

Luego de haber explorado la pintura, el dibujo, la acuarela, el diseño de vestuario escénico, un día decidiste que la ilustración era lo adecuado para ti. ¿Por qué?

Porque me gusta “contar” a través del dibujo y la ilustración me lo permite (el cómic también, pero de otra manera). Además, la ilustración de textos ajenos es como un reto porque tienes que adueñarte del imaginario de otra persona, hacerlo tuyo y dejarle tu impronta sin que pierda su esencia original.

‘Judith, now’ (2018)

Quisiera que me hablaras de uno de tus maestros, Tulio Raggi. ¿De qué manera influyó en ti?

Tulio fue mi Maestro, con mayúsculas, pues mucho de lo que ahora sé y todo lo que aprendí para sentar las bases de mi trabajo me lo enseñó él. Fue mi mayor crítico y mi mayor defensor. Fue quien me introdujo al mundo de la ilustración infantil en Cuba, al presentarme a la editorial Gente Nueva. Era extremadamente culto y contribuyó muchísimo a enriquecer mi acervo cultural y personal, ya que también fue una excelente persona, como un padre.

¿Cómo es vivir en la capital de la historieta franco-belga?

A veces es como “bailar en casa del trompo”, pero al final sabes que vienes de una tradición cultural completamente diferente y eso te hace “peculiar”. Tengo contactos con galerías especializadas en cómics, he realizado proyectos con historietistas de acá, mi esposo es editor de historieta y manga… Estoy realmente dentro de ese universo y me doy cuenta de que mi percepción y la forma en que la gente del medio me ve no es la misma. Tenemos muchas diferencias, pero al final nos entendemos.

Pudieras narrarme, a grandes rasgos, ¿cómo Rosa de La Habana creció de 14 planas a 44?

Rosa… nació como una historia corta que se publicó en ese formato y que llamó la atención de un editor francés. La historia era demasiado breve para un álbum completo y el editor nos propuso escribir otra historia para completar o desarrollar más la trama existente. Yo, como guionista, me decidí por la segunda opción pues me quedaron muchas cosas por decir en la primera versión.

Un periodista belga definió a Rosa… como un “drama musical en historieta”. ¿Por qué crees que la catalogó de esta manera?

Puede ser porque la verdadera protagonista es la música. Hay fragmentos de canciones que sustituyen los textos a la hora de contar la historia. Es una tragedia sobre música, narrada con y desde la música, e incluso está acompañada por una playlist que incluye las canciones que la inspiraron y otras que escuché durante su gestación.

A veces me gusta imaginar a Rosa… como un musical en toda regla, como una ópera contemporánea… Y es que la música la inunda, la habita, es su razón de ser. Al final Rosa… es más espectáculo que libro, así es como la siento, ojalá llegara a publicarse en Cuba y que algún artista del patio se embulle a convertirla en musical. Soñar no cuesta nada.

‘La Nuit d’après’ (2020)

Rosa… es el primer cómic enteramente cubano publicado en francés. ¿Qué relevancia pudiera tener este hecho?

Rosa… fue publicada por una editorial muy prestigiosa pero muy modesta, que para salvar su singularidad tiene que competir con una industria monstruosa, que satura el mercado con títulos que cambian cada semana y que al final terminan en las trituradoras de papel antes de ser sustituidos por otros que en su mayoría desaparecen sin pena ni gloria. Por esa razón el libro no contó con una campaña publicitaria agresiva que lo resaltara entre el maremágnum de novedades editoriales. Sin embargo, Rosa… tiene su público, discreto pero fiel, y lo he constatado en los festivales de cómics, donde las editoriales organizan ventas autografiadas por los autores. Además, conozco a algunos coleccionistas que han adquirido las planchas originales, magníficas, de Alexander Izquierdo. La verdadera relevancia de Rosa… sólo podrá determinarla el paso el tiempo. Sigo pensando que es muy lamentable que el público cubano no la conozca.

El cómic posee una doble narración: gráfica y literaria. Eres narradora e ilustradora, ¿el cómic es una consecuencia natural en tu trabajo?

Absolutamente. Aunque debo confesar que todavía le estoy cogiendo el ritmo, es un género difícil y que puede demandar bastante tiempo. La ilustración es muchísimo más rápida de hacer, obviamente.

Duchy, ¿es cierto que, al lado de tu cama, en la mesita de noche, nunca falta un cuaderno donde, al despertar, apuntas los sueños?

¡Sí! Ya voy por el segundo “volumen” de ese diario onírico, comenzado en 1997. Sueño casi todos los días, con olores, sabores, sensaciones térmicas, con música… Hace poco mi esposo me escuchó hablar dormida, ¡en inglés! Tomo mucho material de ese diario para mi trabajo, el día que inventen una máquina que pueda “grabar” los sueños, como si fuesen películas, voy a ser la persona más feliz del planeta.

Ilustración de 2019

Por eso muchas de tus ilustraciones e historias de ficción poseen un principio onírico…

Sin duda, y por eso una de mis mayores influencias artístico-estéticas es el Simbolismo, que hurgaba en lo dionisíaco, más allá de lo onírico…

De hecho, el conflicto argumental de Rosa… se resolvió durante un sueño. ¿Es así?

Así mismo, tenía todo el guion casi listo, incluso el final, pero no lograba concretizar el punto de inflexión… y lo soñé, completo, hasta los diálogos. Fue como un relámpago que me despertó de golpe, agarré mi cuaderno y el resto es historia.

En una entrevista dijiste: “Allí donde un buen cartel es un puñetazo, el cómic es una paliza dilatada, un nocaut dosificado”. ¿Pudieras argumentar esta idea?

Voy a hablar estrictamente desde mi punto de vista y como gran admiradora de los carteles, ya que no soy diseñadora gráfica ni cartelista. Un buen cartel expone de golpe y de manera muy concisa el mensaje que contiene, algunos carteles incluso podrían parecer un cuadro sacado de un cómic, por el nivel de síntesis de su discurso, que te deja literalmente KO.

La historieta es lo mismo, pero con un ritmo más lento, el mensaje se va destilando a cuentagotas, un poco sádicamente, pero al final del recorrido el espectador / lector termina igualmente apaleado. Si lo llevamos a la poesía, un cartel sería como un haiku y la historieta como un soneto o una décima.

Duchy, ¿cómo te relacionas con el mapa del diseño cubano contemporáneo?

Muchos de mis colegas ilustradores son también diseñadores gráficos. Desde Bélgica, he organizado exposiciones con diseñadores cubanos y belgas que se han presentado en Bruselas o en La Habana. El último proyecto en conjunto se llevó a cabo durante la Semana Belga 2018 en el espacio de diseño gráfico de la Fábrica de Arte Cubano, con la colaboración de Nelson Ponce. Fueron dos exposiciones conjuntas, una sobre los cómics del belga François Deflandre y la otra, Panorámicas: Arte en el Arte, organizada por la galería Huberty & Breyne, que contó con la participación de historietistas belgas y cubanos.

Dentro de ese mapa, ¿qué posición ocupa la ilustración?

Siempre un puesto primordial, de una u otra manera. Incluso cuando hago historietas o escribo ficción, la mirada es siempre desde la ilustración.

Parte de la exposición ‘Sangre de sirena’, en el Estudio-Galería de Arte Corporal La Marca

¿Quisieras nombrar a los diseñadores e ilustradores cubanos que más te interesan, a los que más sigues?

En esta ocasión quisiera resaltar a las ilustradoras / diseñadoras cubanas que sigo, fundamentalmente en Instagram: Arassay Hilario (wcloud07), Gabriela Chang (chang.illustration), Elís Milián (elis_lamilian), Rocío Morejón (rociomorejon.ia), María Esther Lemus (maryestherlemus), Chabeli Farro (chabeli_farro), Karla Ruiz (_karlotik97_), Belén (espermatozoide_fuerte_design), Garambaina (garambaina_art), Yuliet Rubiños (y.rubigonzal), Mei-Lai C. Fong (mei_lfong), junto al trabajo de las tatuadoras cubanas y otras tantas cuyos nombres no logro recordar ahora. Son mujeres en su mayoría muy jóvenes, con un talento indiscutible, un lenguaje estético muy personal y un imaginario impresionante. Ojalá a su edad yo hubiera tenido ya una obra tan expresiva y concreta. He incluido sus nicks de Instagram para que los lectores puedan acceder a sus portafolios en línea y constatar la calidad de su trabajo.

En el caso de los hombres, mi ilustrador cubano favorito ahora mismo es José Ángel Nazabal y también Mayo Bous, Wimar Verdecia, Elvis Corrales, Nelson Ponce, Ermitis Blanco, Ramsés Morales, Irán Hernández con su serie Hablando con gato, los tatuadores Leo Canosa y Roberto Ramos Mori… La lista siempre me parece arbitraria porque nunca llega a ser exhaustiva.

¿En qué proyectos trabajas? ¿Cuáles son los proyectos futuros?

Recién terminé una colaboración con la revista La Tinta, sobre una serie de dibujos a plumilla, de tema erótico. Ahora mismo estoy colaborando con Magazine AM:PM, ilustro la columna “Ruido y furia” de Wendy Martínez, que tiene una frecuencia mensual. Además, llevo ya algunos años trabajando en un proyecto de novela gráfica basado en un texto de Arthur Machen, gran escritor de la literatura fantástica anglosajona. También trabajo en una relectura en historieta del mito de Tristán e Isolda, y estoy “armando” una historia que vendría a ser como una precuela de Rosa de La Habana, aunque se trata de una trama independiente.

Duchy, ¿qué ilustración te ha hecho más feliz?

La que aún está por hacer. Siempre.

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