El Trono del Rey es una película que se revela como fruto de un proceso de construcción colectiva, que se asume cual comunidad de preocupaciones, angustias y perspectivas del principal núcleo de sus gestores, y no como una “visión” personal y exclusiva de su director, Matteo Faccenda.

Desde que en 2017 se filmara el cortometraje seminal homónimo –el cual se decidió no distribuir en aras de expandir una historia que prometía mayor complejidad discursiva y por ende más tiempo y más personajes–, la gestación de concepciones, ideas, personajes, soluciones estéticas, referencias genéricas y mirada sociopolítica es patrimonio grupal.

El protagonista de la cinta, Rey, toma su nombre del actor Reynier Morales, que lo interpretó en la película corta, y lo repetirá en el largo. Esta decisión no es fortuita ni gratuita, sino que refiere a una simbiosis entre la persona y el personaje, visto este último como proyección de las inquietudes de Morales, quien fue el primero en hablar en una entrevista coral o conversación grupal que hice a Faccenda y a varios de los principales actores que aparecerán en la cinta, en un intento por ser consecuente con el espíritu colaborativo del proyecto todo.

La conversación sucedió en el corte de almuerzo de una intensa jornada de rodaje, en espacio de la Escuela Internacional de Cine y TV (EICTV) de San Antonio de los Baños –donde Matteo se graduó en la especialidad de edición–, de cápsulas promocionales que formarán parte de la campaña de crowdfunding desplegada para conseguir alcanzar la cifra que hará posible finalmente el rodaje de la cinta en Cuba. Luego de finalizada, el grupo regresó a las filmaciones, que se extendieron hasta la madrugada. En el apartamento de la EICTV nos reunimos, además de Reynier y Matteo, los actores Carmen Ruiz, Carlos Massola, y Leonardo Benítez.

De la concepción del proyecto…

Reynier Morales explicó entonces que el cortometraje surgió desde sus mismos inicios de un proceso dialogante.  “Matteo y yo nos sentamos a hablar un poco de lo que nos interesaba y todo iba de escucharnos, de escuchar al otro, ver las ideas que teníamos en común junto con Everlane Moraes, la directora de arte”.

El actor mencionó entre las principales angustias que lo motivaron a pensar la película, la “de no tener la oportunidad de hacer lo que uno realmente desea como actor, poder representar otro tipo de discursos. No simplemente dejarte llevar por lo que te proponen los directores y ya, sino disponer de otro tipo de guiones, de otro tipo de historias, con otra perspectiva, otra mirada, otro enfoque. El tema de la película no me interesaba tanto como sí lo que se quiere hablar sobre la religión yoruba. Fuimos llegando poco a poco a eso”, refiere y añade que “lo otro es la cuestión de la negritud y lo que pasa con los artistas negros en Cuba. Es evidente que cuando te llaman para un trabajo, lo hacen porque creen que es para ti como negro y no como actor. He soñado con un elenco de actores negros, he soñado con actores que además sean los precisos para los personajes y los roles que tienen, y que, además, fueran amigos míos. Parece un poco pretencioso de mi parte, pero era mi idea inicial. Me parece que hasta ahora ha ido muy bien ese plan. El objetivo era que todo el mundo colaborara, que pusieran sus ideas. Algunos actores se fueron incorporando en el camino, pero siempre han aportado”, afirma.

Matteo Faccenda complementa lo comentado por Reynier, y explica que la historia del corto de 2017 “era mucho más minimal respecto a lo que es ahora el largometraje. Teníamos a Everlane, que nos aportó todo el contexto de la religiosidad y la espiritualidad, ya que conoce el mundo yoruba, porque practica el candomblé en Brasil, y ambas religiones tienen la misma procedencia. En principio la historia se enfocaba en el personaje de Rey. Entonces se basó mucho sobre experiencias personales suyas, de ahí empezamos a construir el tipo de personaje que era: un muchacho que salió de la calle, en medio de situaciones de racismo por parte del mismo país, de la policía cubana”.

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La versión expandida del corto inicial, escrito a seis manos entre Matteo, Everlane y Reynier, “pasó a largometraje con la colaboración de Lisandra López Fabé, que trabajó conmigo un año y medio, casi dos, en diferentes temporadas”, explica Matteo, “y se escribió el grueso del nuevo guion gracias a ella. Incorporó dos personajes más que no teníamos en la historia, el de Oscar, interpretado por Leonardo Benítez, y el personaje de la maestra, anteriormente pensado destinado a Yordanka Ariosa, ahora interpretado por Betiza Bismark. Carmen Ruiz y Carlos Massola ya estaban desde el principio”.

“Carmen siempre fue Teresa, la madre de Rey, y Massola fue Cano, el policía corrupto. Ellos han aportado mucho desde el momento en que terminamos el guion Lisandra y yo. Todos los textos, los diálogos, fueron revisados por ellos. Antes de la pandemia nos reunimos como cuatro o cinco días, en mi casa, y se trabajaban los textos, se ensayaban, se volvían a escribir. Cuando no les cuadraba alguna forma de hablar, la adaptaron a sus propias formas de expresarse”, agrega.

Massola aseveró sobre el texto que “es un guion que, a pesar del tiempo que hace que Matteo lo está trabajando, ahora tiene más vigencia todavía, por toda la situación que estamos viviendo. Contiene la ferocidad del cubano por tratar de sobrevivir. Y, además, mantener sus raíces, su religión, su vida. En este guion está muy bien plasmado eso”.

Leonardo Benítez
Leonardo Benítez

Leonardo Benítez es de los actores que no inició el viaje hacia El Trono… desde el día 0, pero ya integra la comunidad creativa de la película. Una de las principales motivaciones para participar en el rodaje es precisamente compartir pantalla con Reynier Morales, algo deseado desde “hacía mucho tiempo, y porque la gente me lo ha pedido”, asegura.

En El Trono del Rey, “no somos los hermanos, no somos los amigos, pero sí tenemos muchas escenas juntos. Para mí es uno de los actores jóvenes de este país con una presencia muy fuerte. Ya lo ha demostrado. Puede estar en una escena o en varias sin hablar, o simplemente pasar, y queda. Cuando se acaba el capítulo, o se acaba la serie o lo que sea, los públicos lo recuerdan. Y no lo enmarco como un actor negro. Destaca entre los actores en general”.

Benítez refrenda que cuando ambos aparezcan en pantalla “va a ser muy fuerte”, aunque “en este país muchos cogen miedo cuando ven a dos negros juntos. La gente le tiene miedo a eso”, afirma, y asegura que cuando actúen juntos “van a aflorar un montón de sentimientos”.

Leonardo es una presencia habitual en las pantallas televisivas cubanas, donde aparece en seriales policiacos y telenovelas, lo cual implica que está adaptado a una dinámica de rodaje más inmediata y trepidante, por lo que confiesa que para él es “un proceso nuevo hacer una película así, desde cero. Cuando a veces me llaman para hacer un personaje, es solo «coge el guion y tal día son los ensayos, después empezamos a rodar». Pero aquí estamos desde la cuna.

Crowdfunding El Trono del Rey

“A veces me «fundo», quiero empezar ya a trabajar, y no quiero meterme tanto en este proceso, pero a la vez me siento muy bien porque voy conociendo más a cada uno, voy teniendo mejor relación con Matteo, algo que para mí es importante”, pues aclara que el italiano “rompe como esa cortina, esa pared que a veces establecen los directores con el actor: «yo soy el director y tú eres el actor, eres mi subordinado y vas a hacer lo que yo diga». Él te trata como amigo, como familia, como hermano. Te da libertad para que propongas. Eso es muy cómodo para que el actor se abra, para que pueda hacer lo que le dé la gana dentro de un campo. No es hacer otro guion, sino simplemente aportar, y él me da mucha libertad. Me encanta que le gusta unir a sus actores”.

“No tengo muchas escenas con Massola, ni con Carmen, pero conocerlos cada día más, poder hacer un chiste, poder reírme con ellos, poder compartir con ellos, tomar un trago, comer, le está haciendo un bien muy grande a esta película”, asevera el actor, quien dice haber renunciado otras ofertas de trabajo para que no le impidan trabajar en El Trono… “Hay trabajos que he rechazado por esto, y lo voy a seguir haciendo”.

De los personajes, los actores y los orishas…

Entre los signos visuales de la campaña de crowdfunding son muy relevantes las equivalencias entre los personajes y algunas de las principales deidades del panteón yoruba, archiconocidas entre los cubanos, practicantes o no, negros o no, suspicaces o no, apocalípticos e integrados.

Matteo aclara que “desde el principio del proceso no queríamos absolutamente tratar el tema de la afrodescendencia desde la perspectiva del victimismo; donde los personajes negros son víctimas de algo, estén en dificultades y siempre haya que tenderles una mano por pena. Esa es una visión súper racista, por eso se está trabajando a partir de los orishas, porque queremos trabajar a través de los héroes, de la representación de los héroes de la cultura afrodescendiente”.

Aunque no se conciben como encarnaciones directas de estos, ni muchos menos la película es una actualización de sus mitos o patakíes, Matteo aclara que “algunos personajes de esta película sí tienen una conexión muy fuerte con determinados orishas. Algunos más que otros. Rey es el hijo espiritual de Shangó y la comunidad lo manda a recuperar la estatua de Eleggua perdida. Teresa, como madre de Rey, podemos identificarla automáticamente como Yemayá, con la madre protectora. Y cuando pensamos a Oscar, la contraparte de Rey, como un ser muy enojado, hallamos a Oggún”.

“Como estamos trabajando con dos o tres orishas desde el principio”, aclara, “decidimos utilizar lo más que pudiéramos del panteón yoruba que más se conoce en Cuba, para generar lo que existe en otros cines, o como en la Commedia Dell’Arte italiana: los tipos. Buscamos llevar los tipos que existen en el mundo yoruba sin darle demasiada connotación espiritual, religiosa, simplemente como el personaje”, y ejemplifica sus argumentos con el principal antagonista de la película, que es interpretado por el actor Raúl Capote Braña, “que no tiene absolutamente ninguna relación con los orishas, no es el hijo de ninguno, pero decidimos trabajarlo a través de la deidad Oyá. Porque su contexto, su historia, su manera de llevar adelante el personaje, se puede relacionar mucho con esta. No será obligatoriamente una identificación más completa como la que tendrá Rey”.

Reynier especifica que “independientemente de las diferentes características de Shangó, la que más me ha sido funcional para mi personaje es el orgullo. Es a la que mejor provecho le he podido sacar, dado que el personaje está siempre luchando consigo mismo. Es lo que más me ha marcado durante el proceso. Ha habido tiempo para trabajar otras características, como el tema de ser un guerrero. Pero el orgullo es algo que está bien puntual en el personaje”.

Carmen Ruiz, que forma parte de la imaginería popular cubana por su personaje humorístico de corte bufo Teresa Prieto, desempeñará en la película un personaje bien alejado de los predios jocosos o cualquier función accesoria como posible comic relief de la cinta.

Carmen Ruiz scaled | Rialta
Carmen Ruiz

Su personaje está anclado en las esencias de Yemayá, la orisha de los mares, y describe a esta otra Teresa, madre de Rey, como alguien “que siempre lo está requiriendo, que siempre le está dando consejos, porque es un hijo muy rebelde. Tiene creencias, pero a veces no cree, y debe regirse por lo que le está diciendo su mamá, siempre tratando de guiarlo por el camino que es. Yemayá, en la religión yoruba, es una santa recta, tranquila, pero cuando se pone brava se revuelve, como sucede con el mar y las olas. Pero trata siempre de mediar entre las amistades del hijo, ver por qué camino va, dándole consejos, ayudándole en la religión para que siente cabeza. Es rebelde. Cree, pero no hace las cosas como tiene que ser. Y ahí aparece de nuevo Yemayá, porque cuando está bien con él, se deja llevar o calla, pero otras veces se enfurece, le dice horrores a Rey. Cuando el mar está tranquilo es un plato, pero cuando se enfurece, cualquiera le coge miedo a las olas”, añade la actriz.

Ruiz abunda sobre las excelencias del trabajo con Faccenda y Moraes, quien fue “muy comprensiva con nosotros. Trataba de entendernos. La religión de Brasil es parecida a la de aquí, pero no es igual. Matteo se esforzó en entender mucho, pues él, como italiano, hay cosas o códigos que no entiende. Yo misma, que soy de aquí de Cuba, hay muchas cosas que no conocía. Pues por ser negra no tengo que saber de religión yoruba. Aunque me ha pasado que se piense así de mí. Tengo creencias, pero no la conozco a fondo”.

Carmen detalla que el proceso de concepción de la película la “ha llevado por un camino muy bueno. He hecho relaciones con todos estos actores, con su equipo técnico, con grandes deseos de trabajar con nosotros, y nuestros deseos de trabajar con el equipo. Desde que esto empezó todo se ha hecho con mucha fuerza, con mucho deseo. Nos deja aportar, colocar ideas frescas, colaborar, entender, preguntar. Y confrontamos cuando nos reunimos muchas veces durante la pandemia, en su casa o en otro lugar. Por eso he seguido en el proyecto”.

Leonardo Benítez encarna un personaje antagónico que se identifica con el herrero Oggún, orisha del monte profundo donde trabaja en su solitaria fragua. “La relación que existe entre Oscar y Rey es de amor y odio”, explica Benítez. “Y hay una «pieza» entre nosotros dos que se me va de las manos. Pienso que ese es el dolor más grande que tiene Oscar. Si mal no me equivoco, Oggún tiene un pasaje en que se vuelve loco. Y pienso que durante casi toda la película está traumado. Por eso pienso que Oggún es el orisha que más le encaja a este personaje. Es el dueño del hierro, el dueño de la guerra, es temerario, y no hay otro orisha mejor, al menos no tan conocido. Hay personas que no son religiosas que saben que Oggún es un tipo duro, y la única persona que creo sacó a Oggún del monte fue Oshún con una jícara de miel. Aquí también hay un personaje que es representación de Oshún, y está también muy ligada a estos personajes”.

Oscar “lleva mucho odio adentro, tiene mucho dolor”, describe Leonardo a su personaje, y explica que inicialmente, estaba concebido con una cicatriz que le marcaba el rostro, algo que él propuso obviar, porque incluso recientemente interpretó en la telenovela a alguien con una cicatriz semejante. “Vamos a quitarle esa cicatriz, que se vea como un tipo que está «bien puesto», pero que, a su vez, lo que resalta en él es la envidia, el dolor que siente por un amigo de la niñez, que es el personaje de Rey”, y se decidió “que no sea el malo con la cicatriz”, para no caer en estereotipaciones facilistas, y que la negatividad del personaje sea una fuerza que emane puramente desde sus entrañas.

Carlos Massola describe sardónicamente a su personaje como un “buen” policía “que tiene sus intereses, como todo ser humano. Y lo voy a defender a capa y espada. Y, además, le encanta la ópera”, añade sobre este agente que es identificado en la campaña de crowdfunding con el orisha Eleggua, quien en la mitología yoruba es el que abre y cierra los caminos, y tiene una fuerte arista pícara, astuta.

“Eleggua es el que abre los caminos, y este personaje mío lo que quiere es que se le abran los caminos, de una forma o de otra”, explica el actor, considerando que esto es muy importante “a la hora de plantear la religiosidad suya, pues viene con un interés. Así es como lo veo. La fuerza de su fe está en que se le abran los caminos para lograr su objetivo. Para mí es un egoísta, pero él cree que está pensando bien, que va por el camino correcto. Si hay otro que se quiera meter en su camino, lo quita. Si tiene que cambiar de palo paʼ rumba cambia, por tal de lograr su objetivo”, detalla el principal rasgo y motivación del policía.

Carlos Massola
Carlos Massola

De la película, los géneros y el futuro cercano…

El Trono del Rey se anuncia como una amalgama genérica que mixtura elementos del thriller, el policiaco, algo de neo noir, ciencia ficción, fantástico y hasta spaghetti western. Matteo me comenta: “como ves hemos repasado varias etapas de la construcción de la película. Es como cualquier proceso de creación artística. Hemos hablado del contexto, de los personajes-tipo, de la construcción del perfil psicológico de cada uno. Ahora, todo eso tiene que ser una película que queremos mostrar al público y la gente la vaya a ver. Inscribirla en un género permite movernos a través de un camino que amo, porque me gusta el cine de género, pero queremos al mismo tiempo incluir elementos ajenos a estos.

“El investigador en el policiaco cuenta solo con su capacidad intelectual, pero aquí vamos a incorporar el mundo de los orishas, pues Rey, el personaje que investiga, es ayudado por un elemento mágico, por los orishas que se le manifiestan de alguna manera y le indican los caminos. No es el típico investigador. No solo confiará en sus capacidades, también debe escuchar lo que le llega de este otro mundo”, detalla.

Cuando filmamos el cortometraje en 2017, fuimos a filmar en el Callejón de Hamel en un día de fiesta, y durante la celebración pusimos a Carmen y a Rey a actuar entre los presentes. No pudimos rodar lo que queríamos porque estaba la fiesta en el mismo espacio. Y decidimos: mientras tanto, tirémonos adentro y vamos a interactuar con la realidad”.

El relato de El Trono… es futurista, por lo que también pendula sobre este, aunque muy discretamente, la ciencia ficción futurista. Las peripecias de Rey sucederán en un futuro cronológicamente cercano, quizás incluso más trágicamente cercano para Cuba, justo “a dos días del levantamiento de las sanciones económicas de los Estados Unidos en 2030”, explica el director.

“Probablemente el sistema se ha estancado aún más, y esté como petrificado en este futuro, no ofrece ninguna posibilidad ya. Lo que la película plantea entonces para el personaje es volver a sus raíces afrodescendientes y a su espiritualidad. Es la manera de reconocerse, de defenderse, de moverse en este mundo. Ninguno de los dos sistemas políticos funciona, pues los Estados Unidos no levantará las sanciones por nobleza, sino por intereses económicos, quizás fundar una nueva Las Vegas en La Habana. Lo que funciona es la trascendencia personal, lo que está detrás de cualquier constructo económico, político y social”, asevera Matteo, pues aparte de las problemáticas específicas de la afrodescendencia cubana, “lo que me interesa mucho es el legado espiritual. Sobre todo el que me ha dejado mi padre, que siempre me ha empujado a reconocer las tradiciones antiguas de las culturas lejanas, ligadas a la espiritualidad. Cosa que en el mundo moderno se va perdiendo cada vez más.

Matteo Faccenda
Matteo Faccenda

¿Por qué la campaña de crowfunding?

A diferencia de muchas películas y proyectos en general que lanzan campañas de crowdfunding, El Trono… no está partiendo de cero en cuestiones de producción, no es una posibilidad remota, con visos de imposibilidad. Según explica Matteo Faccenda, ya está asegurado el 70% del presupuesto.

“Desde 2018 tengo la oferta de un productor dominicano para filmarla toda en República Dominicana. Me lo encontré en Guadalajara, le enseñé el material que filmé con Rey, Carmen y Carlos, y me pidió le dijera qué necesitaba para hacerla. Pero él trabaja a través de la Ley de Cine dominicana, la Ley 36, que le permite solamente utilizar su dinero en territorio dominicano para pagar principalmente protagónicos y mano de obra dominicanas. Entonces su oferta es que vaya allá y filme con un equipo casi todo local”, explica Matteo, “¿Y esto para mí que significa? Después de los años que llevo construyendo esta película, no puedo girar la espalda e irme a filmarla en otro lado. Es una cosa que hemos construido en familia, con personas que están desde el principio, con otras que se han añadido, y perder a uno de ellos no me dejaría dormir. Imagínate plantearme hacer toda la película en Dominicana sin ninguno de ellos”, me dice.

“Entonces tenemos que alcanzar estos 50 000 dólares para poder filmar dos semanas en Cuba. Porque el plan de rodaje es filmar en lugares específicos de La Habana como el Callejón de Hamel, el Malecón y la misma noche de la ciudad, que no se pueden reconstruir allá. Después, filmaríamos tres semanas en Dominicana, en los megaestudios que tiene el productor, Francis Disla, El indio. La Aldea Estudios, cuenta con mil metros cuadrados, comprende todo, sets, catering, vestuario, transporte. Es una pequeña Cinecittà la que existe ahí”, explica.

“Con este crowdfunding podré filmar en Cuba y llevarme a mis actores a Dominicana. Utilizaré dominicanos en roles secundarios, pero a los cubanos protagonistas me los llevo. Por eso es importante este crowdfunding, porque a la película le falta esta última parte para poder realizarse. Es muy difícil encontrar algún productor o empresa privada que pueda gastar dinero en Cuba”, comenta Matteo, por lo que el crowdfunding, como modo completamente independiente, “nos permitirá tener una libertad artística y creativa sobre todo el proyecto. Y poder seguir con los actores. Porque de otra forma no voy a aceptar hacer la película allá. Trataría de hacer otra, pero este proyecto, o se hace con ellos o no se hace”.

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Antonio Enrique González Rojas (Cienfuegos, 1981). Periodista y crítico de arte. Textos especializados suyos aparecen en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Cine cubano: La pupila insomne, El Caimán Barbudo, Hypermedia Magazine, Altercine (IPS Cuba), Cine Cubano, Esquife, Noticias de Arte Cubano, Bisiesto (Muestra Joven ICAIC), Enfoco (EICTV), la revista del Festival de Cine de La Habana, y otras. Ha sido guionista de varios programas televisivos especializados en audiovisual como Lente Joven, Banda Sonora e íconos del celuloide. Ha integrado jurados de la prensa en eventos como el Festival de Cine de La Habana. Ha publicado libros de ficción y crítica de cine, entre los que se encuentran: Voces en la niebla. Un lustro de cine joven cubano (2010-2015) (Ediciones Claustrofobias, 2016) y Tras el telón de celuloide. Acercamientos al cine cubano (Editorial Primigenios, 2019). Un tercer volumen titulado “Críticas, mentiras y cintas de video” está en proceso de edición.

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