Cuando se habla de las publicaciones que hoy tratamos de origenistas, las que gestaron el grupo poético encabezado por José Lezama Lima desde la temprana Verbum hasta la consagratoria Orígenes, la revista Poeta (noviembre, 1942 – mayo, 1943), fundada por Virgilio Piñera, resulta un documento ineludible. Con sus escuetos dos números de sólo ocho páginas, sin portada ni contraportada, sin atisbo de colores y con una caja que constriñe una fuente de muy poco puntaje, Poeta emergió con una identidad propia y removió los sillones confortables de la literatura cubana del momento.

Una tradición en las letras cubanas que el propio Virgilio, mucho antes que Cintio Vitier,[1] advierte y legitima como genealogía y generación, a la luz del paso de Juan Ramón Jiménez por La Habana y la atracción de poetas y artistas plásticos hacia las revistas dirigidas por José Lezama Lima: “El desarrollo es como sigue: del síntoma (Verbum) se origina el sentimiento (Espuela); de este surge el disentimiento (Clavileño, Nadie Parecía y Poeta). El resultado es, por riquísimo, no mensurable. Pero con todo se puede ir hablando ya de esa «excepcional generación de 1936».”[2]

Poeta nace de la fragmentación y la exclusión. Se autoinscribe en una genealogía de revistas lezamianas sólo para discutir con ellas, definirse en las antípodas y reclamar la familiaridad “por el disentimiento, por la enemistad, por las contradicciones”.[3] En la segunda entrega de 1941 de Espuela de Plata −sería también la última−, Cintio Vitier, Gastón Baquero, Justo Rodríguez Santos y otros escritores habían desaparecido del consejo asesor, mientras que el sacerdote Ángel Gaztelu, amigo cercano del autor de Paradiso, ascendía de consejero a la lista de directores. Días antes, una discusión entre Piñera y uno de los responsables, Guy Pérez Cisneros, en la que se había decretado el carácter eminentemente católico de la publicación, habría estimulado el reacomodo del equipo de redacción unilateralmente.[4] Lo siguiente fue la emergencia de tres revistas distintas: Nadie Parecía, bajo el subtítulo “Cuaderno de lo Bello con Dios”, de Lezama y Gaztelu; Clavileño, editada por Gastón Baquero, Cintio Vitier, Eliseo Diego y otros; y la exigua Poeta.

En principio, Poeta es la revista de Virgilio Piñera. De los diecinueve textos que la componen, nueve lo involucran, ya como autor, ya como traductor. En el primer folio de cada número, una estampa de su firma manuscrita indica quién está a cargo. Aun así, quizás por convención al uso, los sendos textos editoriales que hacen de umbral, bajo la misma inscripción “Terribilia meditans”, aparecen suscritos por la denominación “El Director”. En ningún caso, la razón podría ser el ocultamiento de la figura empírica Virgilio Piñera Llera.

De hecho, algunos estudiosos aseguran que con esos textos nace a la vida pública ese constructo de lenguaje y carne, obra y performance, que en la tradición literaria cubana se identifica como el modo Piñera. Asimilando sus propias furias a los pronunciamientos de la revista, Poeta nace como manifiesto de una secta de un solo miembro que avista un enemigo en la poesía de Lezama Lima y una amenaza igual de peligrosa en su prosa crítica, cuya mayor expresión estaría en el “Coloquio con Juan Ramón Jiménez” (1938). A él y lo que representaba en la ciudad letrada parecen apuntar varios de los textos que se publican.

Si Poeta no atrajera la atención por la presencia de firmas que ciertamente gozan de más esplendor y espacio en otras publicaciones contemporáneas (María Zambrano, Baquero, Vitier, el argentino Adolfo Fernández Obieta, par de líneas en atención a una pregunta a Roger Caillois y Charles Stonehill), es casi irresistible por la manera en que interactúa con varios escritores y discursos, poéticas y actitudes del mundo literario habanero de la década del cuarenta.

La traducción de “Oración y poesía”, un fragmento extraído de Foyers d’Incendie (1938) de Nicolás Calás –así escrito–, intenta minar la comunión entre poesía y catolicidad que se respira en Nadie Parecía. El libro de Calas, uno de los seudónimos del poeta, crítico y curador grecoestadounidense Nikos Kalamaris, mostraba sus vínculos teóricos con el trotskismo y el surrealismo, movimiento al que perteneciera en París junto a Breton y del que fuera activo difusor en su exilio en Nueva York. A este trabajo se le une la traducción de un poema de Aimé Césaire, para muestra de las afinidades surrealistas de Piñera, algo que Cintio Vitier demonizará toda la vida.

Alrededor de la revista se exorbita una polémica que se sostiene en varios flancos. Con toda intención, “Terribilia meditans…” garantizó “el delicioso proceso” de “las caras alargadas, de los portazos en la cara, de la mano izquierda, de los abusos telefónicos, de las extensas epístolas”.[5] Cintio Vitier se sentirá de algún modo saeteado cuando Piñera mide Cavileño con el mismo barómetro de Espuela, y la considera una revista “para la amistad”, cuya calidad podría resentirse por la excesiva discreción y el congenio de sus editores.[6] Con toda la ironía del mundo, otros de los interpelados fueron los “Sres. Directores de Nadie Parecía”, a quienes el autor de Electra Garrigó envió un ejemplar con la invitación a colaborar. Como colofón de la carta les espeta: “Poeta es para los poetas de verdad”.[7] De Jorge Mañach consigue Piñera al menos una contestación, tal vez una inmerecida, que no deja pasar por alto y contraataca.

El momento cumbre de semejante estado de combustión tiene fecha el 16 de junio de 1943. Según testimonio del propio Piñera, en los salones del Lyceum de La Habana, José Lezama Lima estalló por las provocaciones que contenía “Terribilia meditans… (II)”. La agresión, al parecer, fue física y verbal. El padre tutelar del origenismo lo acusaba de plagiarle versos enteros en el poema “Los desastres” con que cierra ese segundo número, de pretender “hundir su reputación literaria” y le exigió excluir su nombre de cualquier otra entrega de su “revista de mierda”.[8]

En la última página de esa emisión, unas letras muy pequeñas al borde inferior del folio no se ahorra un coloquial: “Este número de Poeta se acabó”. Sin saberlo, sentenciaba también el fin de la vida de la revista.


Notas:

[1] Cfr. Dainerys Machado Vento: “El disentir piñeriano”, Cuadernos Americanos, vol. 3, n. 153, 2015, p. 22.

[2] Virgilio Piñera: “Terribilia meditans…”, Poeta, n. 1, noviembre, 1942, p. 1.

[3] Ídem.

[4] Así cuenta Cintio Vitier el cisma en Espuela de Plata: “Por uno de esos avatares, en el que no tuve participación personal y cuya causa concreta desconozco hasta el día de hoy, mi nombre desapareció de los que supuestamente aconsejaban, en el último número de Espuela de Plata […]. Quizá la tensión creada por las discrepancias surgidas con Baquero y Piñera hizo pensar a Lezama que nosotros –quiero decir los más jóvenes de entonces, Eliseo Diego, Fina García Marruz y yo, que todavía no éramos sus amigos– cerrábamos filas con alguna facción de sus reales o supuestos enemigos.” (Cintio Vitier: “De las cartas que me escribió Lezama”, en Cristina Vizcaíno y Eugenio Suárez Galbán (eds.), Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima, t. 1, Poesía, Centro de Investigaciones Latinoamericanas de la Universidad de Poitiers / Fundamentos, Madrid, 1984, p. 280.)

[5] Virgilio Piñera: ob. cit., p. 1.

[6] Cintio Vitier: [“Carta a Virgilio Piñera. 7 de diciembre de 1942”], en Virgilio Piñera, Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, Ediciones Unión, La Habana, 2011, p. 42.

[7] Virgilio Piñera: “[Carta a los Sres. Directores de Nadie Parecía. 14 de noviembre de 1942]”, Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, Ediciones Unión, La Habana, 2011, p. 42.

[8] Virgilio Piñera: “[1947]”, Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, ed. cit., p. 47.

Poeta, N. 1, noviembre, 1942

Hommage à Mallarmé (1842-1942) (Traducción al francés de Charles Standerwell)

    • Gastón Baquero: “Les guitares du ciel” [poesía]
    • Ángel Gaztelu: “Sonnet” [poesía]
    • José Lezama Lima: “Ah! Puisses-tu t’échapper [poesía]
    • Virgilio Piñera: “Elegie lente” [poesía]
    • Cintio Vitier: “Vénus” [poesía]

Poeta, N. 2, mayo, 1943

Encuesta para las Esfinges

    • Roger Caillois: [“Una cultura…”] [encuesta]
    • Charles Stonehill: “[El mundo comienza a hundirse]” [encuesta]
    • María Zambrano: “[Lo que hoy se espera]” [encuesta]
Poeta, n. 1, noviembre, 1942
Poeta, n. 2, mayo, 1943
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