Fernando Fraguela
Fernando Fraguela

¿Te consideras un(a) cineasta independiente? ¿Por qué?

Me considero un cineasta independiente. En mi corta carrera como realizador, nunca he trabajado subordinado a una productora, ya sea estatal o privada. Los presupuestos con los que he logrado hacer mis películas siempre han sido a fondo perdido, incluso cuando ha sido presupuesto de una institución como el ICAIC, nunca me pidieron ver la película terminada. En el único caso en que desgraciadamente he sido dependiente, como estudiante dentro de la FAMCA, mi película fue censurada, evidencia esto de una independencia política y temática de la institución.

¿Qué criterios –económicos, políticos, culturales– han condicionado tu autonomía creativa para hacer cine en Cuba?

Mi autonomía creativa no es algo que haya buscado, ese ha sido el camino inevitable al que he llegado como artista. Cuando filmé por primera vez, tenía un equipo de unas 25 personas, en las que tanto la productora como los actores o el editor, por ejemplo, estaban muy compenetrados y, al valorar muchas decisiones, no lo hacía desde una autonomía total, sino que estaban todos ellos, así como el espectador o el “mercado” en mi mente. Pienso que eso fue un fallo para la película y para mí. Desde ese momento he buscado las vías para adueñarme completamente del material, trabajar con equipos reducidos y controlar al máximo los procesos creativos y el resultado final. Aunque parezca un cliché o una quimera, mi meta es hace cine para mí, un cine en el que es tan importante, o más, el camino, dígase el proceso, como el resultado final.

Desde los años noventa, el campo cinematográfico cubano ha experimentado importantes transformaciones, entre ellas, la pérdida de la hegemonía productora del ICAIC. En este panorama, ¿hacia dónde apunta la denominación “cine independiente” en el caso cubano? ¿Tiene sentido hablar de cine independiente hoy?

Creo que tiene todo el sentido, o incluso, el único sentido, hablar de cine independiente hoy, sobre todo con la mirada puesta en el futuro. Porque ahora mismo el debate no se aleja de la teoría y la nube, pero cuando Cuba sea libre y democrática todas estas cuestiones se podrán poner en práctica y es mucho mejor no partir de cero, para no repetir los mismos errores que sufrimos hoy.

Recientemente, el Gobierno cubano ha legislado sobre el cine nacional. ¿Cómo impacta el decreto ley 373 las condiciones de posibilidad de los cineastas? ¿En qué medida responde a los intereses y las demandas del gremio?

El decreto y el Fondo son una falta de respeto para la integridad artística de los cineastas cubanos. En mis pocos años en el medio tengo sobradas experiencias que evidencian la inexistencia de un diálogo con las instituciones estatales.

A más de sesenta años de una política cultural hegemónica, totalmente vertical, que cuando resultas incómodo te catalogan de gusano, mercenario, contrarrevolucionario y toda una sarta de adjetivos que han credo para ello, no entiendo cómo alguien puede aspirar a negociar su arte con un ente así. Nuestra demanda principal, en beneficio no sólo de los cineastas independientes, sino de la propia institución y la historia del cine cubano, era la Ley de Cine; el decreto y el Fondo son una limosna que nos dan para callarnos la boca, para alejarnos de esta meta principal que sabemos no van a legislar o por lo menos no lo van a hacer de manera justa. Si antes la propia institución no sabía dónde catalogar a los cineastas independientes, dejándonos en una “alegalidad” que era un arma de doble filo para ellos y nosotros, ahora con el decreto pasamos a una ilegalidad todos los que no nos ajustemos a sus normas. Es triste que algunos artistas tengan el derecho de filmar mientras otros puedan ser penados por ello.

¿Cómo evalúas el modelo de desarrollo cinematográfico que supone la puesta en vigor del Fondo de Fomento? ¿Cuáles son sus principales beneficios y limitaciones?

El Fondo realmente es ideal, es un sueño hecho realidad, si viviéramos en un país libre, pero en estas condiciones… me gustaría ser optimista, pero mirando la historia, tanto la reciente como la de los primerísimos años del Gobierno revolucionario, sé que no va a pasar. Si antes mencionaba como ejemplo mi primer corto de ficción, realizado con un presupuesto del ICAIC, que el ICAIC ni se molestó en seguir, básicamente porque eran cuatro quilos y un tema alejado de la política y de Cuba, el Fondo no será el caso. Estamos hablando de cientos de miles de pesos para hacer cine, creo que van a estar muy pendientes del resultado y que el más mínimo elemento que no se enmarque dentro de los fines de la Revolución será censurado.

Entonces de qué película estamos hablando. ¿La de los directores y productores, o de la del censor? ¿Es ese el precio por hacer una película? Me parece un precio impagable, al menos para mí. Además, los “fines de la Revolución”… ¿existe palabra más vacía que esta? Una revolución que nació muerta, traicionada, que llevamos sesenta años de un feto muerto. Ahí cabe cualquier cosa, es la ruleta rusa de la censura. Ni autocensurándote estás en paz con la institución porque uno nunca será tan mezquino como ellos para hacer la censura efectiva.

¿Cuáles son los desafíos, los límites y las posibilidades para el desarrollo de una industria audiovisual en la Cuba actual? ¿Cómo será el cine cubano del futuro?

En la Cuba actual los desafíos para el cine y el arte sinceros son enormes, escollos prácticamente inalcanzables, con sus pocas excepciones. Seguir abogando por financiamientos privados, sobre todo foráneos, abogar por ventanas emergentes para las proyecciones, festivales independientes, espacios online, pensar y repensar el cine del futuro, el que queremos hacer desde la total independencia y libertad creativa… Un ejemplo maravilloso es Cine Cubano en Cuarentena, un proyecto único que ha hecho más por salvaguardar la memoria y la historia del cine cubano en menos de un año, que el ICAIC en mucho tiempo, con su archivo que se está perdiendo, monopolizando su deterioro. CCC ha mostrado por primera vez al mundo un cine cubano, no necesariamente independiente, que no posee el ICAIC, que no se ha preocupado por documentar o archivar. Una vez más es evidente que ni los necesitamos, ni los queremos. Si todos cerráramos los ojos y nos imagináramos que no existe, seguro desaparecería, caería por su propio peso, y el cine cubano aún estaría ahí.

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