Festival Internacional de Cine de la UNAM proyectará una retrospectiva de Larisa Shepitko, figura cardinal del cine soviético

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Larisa Shepitko
Larisa Shepitko

Larisa Shepitko (1938-1979), uno de los nombres esenciales del renacimiento del cine soviético durante las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo, será honrada con la proyección íntegra de su obra durante la 12da edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM), que tendrá lugar entre los días 10 y 20 de marzo de 2022.

La retrospectiva, titulada “Imposible adiós: el cine de Larisa Shepitko”, se presentará en las salas del Centro Cultural Universitario y en la Cineteca Nacional, con los objetivos de rescatar y visibilizar a esta creadora de una filmografía singular y de notorios hallazgos estilísticos; sin embargo, prácticamente desconocida.

El programa abrirá con el primer largometraje de la directora, Calor (1963), película con que se graduó de la Escuela de Cine estatal de Moscú, oasis de libertad e inventiva artística en medio de una Rusia totalitaria y dictatorial. También se proyectarán las imprescindibles: Alas (1966), segundo filme de Shepitko, en el que confirmó su temprana maestría y procaz talento; Inicio de una era desconocida (1967), cinta dirigida junto al realizador Andrei Smirnov y prohibida hasta finales de los años ochenta; En la hora trece de la noche (1969), experimento musical para la televisión, espacio en el que intentó encontrar refugio tras ver censuradas sus obras anteriores por parte del Estado soviético; Tú y yo (1971), drama matrimonial que fue su segunda incursión en el cine a colores; y La ascensión (1976), su último largometraje, premiado con el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín y su consagración internacional definitiva.

La muestra exhibirá, además: Adiós a Matriona, película en que trabajaba Shepitko cuando fue sorprendida por la muerte a causa de un accidente automovilístico, y finalizada por su esposo Elem Klimov, otra figura cimera del cine soviético; asimismo, podrán verse los homenajes Larisa (1980), cortometraje de veinticinco minutos realizado por el propio Klimov con el propósito de recordar la obra de su compañera, y Poema del mar (1959), producción de Yulia Solntseva que recupera un trabajo inconcluso de Shepitko.

“Para el FICUNAM es imprescindible dedicar una retrospectiva a esta directora que trabajó en tiempos en los que la realización cinematográfica era un oficio casi exclusivamente ejercido por hombres, al final de la era Kruschev en la Unión Soviética. Consideramos de mucho valor el legado que dejó y nos ilusiona compartir con el público esta mirada femenina, entendida como la mirada de la otredad sobre el acontecer humano, en el contexto de una zona del mundo en permanente coyuntura social y política”, se explica en el comunicado de la página oficial del evento para anunciar la celebración del homenaje.

Perteneciente a la misma generación que Andrei Tarkovski, Sergey Parajadnov, Andrei Konchalovski, Marlan Juciev –por mencionar sólo los nombres más conocidos–, Shepitko se destacó temprano entre este grupo tan heterogéneo y revolucionario de autores. Ella contribuyó decisivamente a la modernidad cinematográfica de su país, en gran medida gracias a su sensibilidad femenina –un signo de su creación apenas estudiado y sobre el que la retrospectiva del FICUNAM pone acento–, pero sobre todo a su convicción de hacer un cine personal, distante de las pautas dictadas por el realismo socialista que todavía abrazaba el paisaje creativo soviético de su época. Como los filmes de sus colegas, los suyos fueron constantemente silenciados, unas veces por sus incisivos abordajes de las circunstancias sociohistóricas que atenazan la individualidad y otras veces por sus niveles de experimentación, demasiada vanguardia en un ámbito controlado por el conservadurismo y el autoritarismo.

Acerca de la sensibilidad femenina que defendió en su trabajo, la propia Shepitko comentó, dando cuenta de lo revolucionario que fue su pensamiento: “Les aseguro que no hay nada, ni un sólo cuadro en mis películas, ni uno sólo, que no venga de mí como mujer. Nunca me puse a copiar, nunca traté de imitar a los hombres, porque sé muy bien que todos los esfuerzos de mis amigas, más viejas o jóvenes que yo, de imitar el cine de los hombres, no tenían sentido, eran secundarios. Pero yo hago una distinción entre el cine de las mujeres y el de los hombres. […] Los hombres pueden imitar perfectamente bien el cine de las mujeres, su sensibilidad. Pero una mujer, como mitad del género humano, puede revelarle al mundo algunas cosas asombrosas. Ningún hombre puede discernir tan intuitivamente ciertos fenómenos de la psique humana, en la naturaleza, como puede una mujer”.

El cine de Shepitko desafió todos los órdenes dictados por el campo oficial soviético y su principal productora Mosfilm. Contrario al tipo de películas que demandaba el poder político soviético, ella apostó por obras de carácter existencial, en las que emergieran las contracciones interiores y los conflictos de pensamiento de individuos muy particulares. Los personajes de la realizadora están siempre enfrentados a una realidad opresiva, que figura como la principal causante de los debates y contiendas que experimentan. “La añoranza, la resiliencia y fortaleza ante la diversidad, tanto en circunstancias naturales como sociales (incluyendo hechos en el mundo socialista), el inconformismo ante el presente, la convivencia del mundo onírico con la Historia [y] la espiritualidad […], se convirtieron en los leitmotiv de su breve pero vital obra, revelando, en todo caso, una postura sensible y esperanzadora de la existencia”, comentaron los organizadores del FICUNAM a propósito de la particular mirada humanista de la artista.

Ese interés por el ser antes que por la Historia condujo a Shepitko a ensayar una expresión cinematográfica más subjetiva, distante del falso realismo escénico y narrativo exigido entonces en la URSS; un estilo de tintes poéticos y documentales –resuelto en una precisa caligrafía formal– que heredó, como ha señalado en ocasiones la crítica, del director Alexander Douzhenko, quien fuera su principal mentor en la Escuela de Cine.

La voz creativa de Shepitko además de auxiliar en el entendimiento raigal de un periodo, contribuye a la compresión del ser humano. Para confirmarlo sólo basta recordar o ir a ver la desilusión y el aislamiento experimentados por Nadiezha Petrovna, la protagonista de Alas, cuando el peso de su pasado como piloto durante la guerra golpea su presente; o las contrariedades internas vividas por los dos condenados en La ascensión, mientras recorren el intransigente paisaje nevado bielorruso de 1942…

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