En esta segunda entrega de la columna presentamos el proyecto Futurologías latinoamericanas, cinco microensayos que nos recuerdan estéticamente los primeros videoartes de los setenta, con un proceso de edición muy cercana al machinima, mediante el uso de videos encontrados en Internet. En la actualidad el concepto de futurología se encuentra en un punto intermedio entre ser entendido como arte o como ciencia. Este proyecto, en particular, se posesiona justo en ese difuso intersticio para luego, desde la poesía, establecer vínculos entre la memoria y la historia, así como dilucidar lo que el futuro depara para el contexto latinoamericano, teniendo en cuenta patrones de comportamiento del pasado.

El proyecto reflexiona acerca de la idea del “progreso”, espacio-tiempo, algoritmo, corporalidad, multidimensionalidad, hiperrealidad, historia, cuerpos-tecnologías y tecnologías-naturaleza. Analiza de manera crítica la interpretación que adquiere la noción de desarrollo tecnológico en el contexto de la modernidad, comprendido como única vía para un mejoramiento de las condiciones de vida per se.

Portada del catálogo del proyecto, 2018

¿O es este avance de la tecnología sólo el principio, un ingrediente más entre otros tantos? En ese sentido, existen otros caminos: la creatividad social, el impulso al desarrollo local a través de fenómenos informales y actualizar tradiciones que podrían cambiar dinámicas del presente. Con la pandemia COVID-19, los seres humanos han modificado sus estados y relaciones sociales de manera abrupta, sin saber hasta cuándo, o si habrá conductas que permanecerán para siempre. Cada vez más dependemos de las máquinas y de las redes digitales monopolizadas por las grandes corporaciones.

Acción tipográfica ʽLetteringʼ, Mauricio Astete Concepción. Remodelación Paicaví, (FOTO A. Santilli)

Estas futurologías llegan en una etapa de transición, en un momento de espera marcado por el distanciamiento social, donde los humanos tenemos una corporalidad en tiempo cíborg; cuerpos entrelazados con el mundo digital, las tecnologías y la naturaleza en un ecosistema de sobrevivencia. ¿Tenemos una sola identidad dentro de todos estos lugares físicos y digitales? Pareciera que habitamos varias dimensiones; en algunas decidimos lo que somos y en otras pretendemos ser.

Charla de Juliana Gontijo en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, 2018

La incertidumbre es el impulso/pulsión de estas reflexiones; el futuro como lugar en un espacio-tiempo que adquiere otros nombres, o que, sin otra explicación, no existe. Estos videos muestran fragmentos de memoria de la historia latinoamericana, experiencias personales, el dominio de las redes como una segunda colonización digital. El único camino parece ser “actualizar” nuestras conductas sociales en torno al universo digital.

Concierto TTU, Espacio Garúa, Jucsay, 2017

Este proyecto fue creado por Toda la Teoría del Universo (TTU), un colectivo y centro cultural que intercambia conocimientos y experiencias en torno a las artes y tecnologías en Latinoamérica. Desde 2015, en la ciudad de Concepción, Chile, investiga áreas híbridas del hacer y conocer cultural, desarrolla festivales, organiza encuentros, talleres y residencias e incentiva el diálogo abierto entre artistas, gestores, colectivos, comunidades y audiencias, para profundizar en el intercambio transdisciplinar. TTU concibe la tecnología como una herramienta de uso humano con la capacidad de acercarse a los fenómenos que componen los territorios de su interés. Entiende que los sistemas de educación oficiales han eliminado toda conexión con el desarrollo y sabiduría de los pueblos ancestrales en Latinoamérica. Como respuesta, promueven la teoría y la práctica, atribuyéndole importancia a saberes no-académicos, en tanto son un caudal de información libre y no especializada. Surgió dentro del ex Laboratorio Cultural Singularity Sur para luego formarse de manera independiente como TTU.

Acción túnel Punta de Parra (Tomé), Graciela Muños Farida, 2015

En sus propias palabras, TTU entiende “la precariedad, la degeneración entrópica, la estética ciberpunk y la baja tecnología como poéticas de liberación del imaginario tecnofuturista elaborado por países del Norte. Con el código binario y la imaginación a la deriva, una «tecnofagia» del arte que posibilita «hackear» el futuro y remixar los usos de los dispositivos. La búsqueda por promover una futurología ancestral y reposicionar el tiempo en espiral permite crear nuevas perspectivas para un contrafuturo que reúna tecnología y mito, colectividad y poder político, saberes tradicionales y científicos”.

¿Cuáles son nuestras propias futurologías?

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