Un hombre que pinta: Miguel Alejandro Machado expondrá en Alemania

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‘Cuerpo y alma’, 2019 (díptico, óleo sobre lienzo, 210 x 220 cm)

Imaginemos a un hombre cuyo statement fundamental desestima la posibilidad de definirse como algo más que un hombre. Un hombre en primer lugar y la existencia como medida de todas las cosas. Luego el resto, lo accidental. Imaginemos, entonces, que para “ser”, ese hombre necesita pensarse dentro de una dimensión específica; la pintura, por ejemplo. No hablamos de un pintor –aquí las etiquetas nada tienen que ver–, hablamos de un hombre que pinta, y que sólo puede entender el mundo y generar sentidos desde ese sitio, desde la pintura. Alberto Caeiro, maestro de los heterónimos de Fernando Pessoa, escribiría: “Ser poeta no es una ambición mía. / Es mi manera de estar solo”. Miguel Alejandro Machado es más conciso en su enunciación, aunque la naturaleza de lo dicho sea básicamente la misma: Yo soy, sostiene Miguel Alejandro, y ya sabemos de qué va cuando lo hace: pintar es su manera de ser y de participar del ahora.

A partir de esta premisa, polisémica y metafísica, toma cuerpo su próxima exposición personal en la galería alemana Bode Projects. La muestra Yo soy, que ha sido curada por Liatna Rodríguez y cuya inauguración está prevista para este 5 de marzo, propone un recorrido heterodoxo por el trabajo del artista. Proyectada como un viaje a través de sí mismo, vida y obra, pensamiento y oficio, van trenzando la madeja enrevesada de su realidad pictórica, un territorio mestizo y transtemporal que, no obstante, tiene su anclaje esencial en el presente.

El presente de Miguel Alejandro debe ser leído como una condición de la permanencia en la medida en que el tiempo, para él, no tiene una direccionalidad precisa. Una suerte de circularidad ilimitada permite la coincidencia –a veces antagónica– de referentes de todo tipo: de la pintura histórica al imaginario pop, del subjetivismo romántico al extrañamiento surrealista, de los recuerdos de infancia a la indagación, ya madura, en torno a la ontología humana. Y es que la gran fortaleza del proyecto se halla, precisamente, en su habilidad para desdibujar las fronteras entre el hombre que pinta y el resultado de esa experiencia visceral.

Miguel Alejandro Machado. Octubre Dionisio 2019 Oil on canvas 200 x 200 cm | Rialta
‘Octubre (Dionisio)’, 2019 (óleo sobre lienzo, 200 x 200 cm)

Podemos pensar la obra de Miguel Alejandro como una criatura viva en búsqueda permanente de aquello que él mismo denomina “el misterio” o “la luz”, ambas categorías inefables en las que todo cabe y a las que sólo es posible llegar si no se les encuentra nunca. La curadora Liatna Rodríguez ha planteado este ejercicio de exploración reiterada como una pulsión irracional, lo que viene a homologarse, de algún modo, al estado de “nonsense” en el que no se tiene el dominio íntegro de la creación propia, en el que se cede el control del proceso creativo a una fuerza ciega que empuja, empuja, empuja. Cuando Miguel Alejandro habla de esa fuerza lo pone en términos mucho más serenos: “Para mí uno de los atractivos de pintar es tener la posibilidad de no pensar para hacerlo. Para mí es algo natural, necesario y vital”. De nuevo, la pintura como un destino inevitable en el que se cae, y cuyas reglas generales resultan ser, a la larga, un ticket de acceso, el boleto de tránsito hasta la primera de incontables estaciones. Porque de ahí en adelante se está sólo frente a lo desconocido, y no bastan las certezas para encontrarle la punta a ese laberinto imposible que es la pintura.

La inevitabilidad del acto pictórico para Miguel Alejandro condiciona su movimiento continuo por la disciplina. Ello también queda expresado en la exposición, que transita diferentes etapas dentro del trabajo del artista (incluyendo piezas de Cordón de plata, La buena vida y otras que no se corresponden con ningún conjunto en particular). A pesar de la identidad bastante delineada de las obras, el músculo de un lenguaje reconocible se filtra con irrefrenable empuje entre la especificidad de las narrativas y las soluciones técnicas. El reciclaje de imágenes de procedencia diversa es una de las obsesiones de Miguel Alejandro de las que dan cuenta las piezas presentes en el proyecto.

Miguel Alejandro Machado. Diciembre la evolutión de las especies 2019. Oil on canvas 200 x 280 cm | Rialta
‘Diciembre (la evolución de las especies)’, 2019 (óleo sobre lienzo, 200 x 280 cm)

Una buena parte de sus personajes proviene del reservorio inagotable del arte y la cultura occidentales, sin embargo, lo más perturbador será el modo en que esas imágenes normalizan sus vínculos con otras de estirpe pop –dibujos animados, juguetes, superhéroes y figuras mediáticas de la cinematografía y la música–. Incluso en sus piezas más despejadas en términos visuales, fundamentalmente las de Cordón de plata, esta tensión entre elementos de orígenes contrapuestos genera una extrañeza de tipo cognitivo que Miguel Alejandro se encarga de llevar al límite en su pintura (pienso en la cebra quebrada de “Cuerpo y alma” que se pasea, enigmáticamente, por una playa desierta rumbo a ninguna parte). En este sentido, resulta sintomático que el pistoletazo de arranque de su obra se diera, allá por el 2015, con una serie centrada en las batallas (“Los Unos & Los Autómatas”). El subgénero de las batallas le permitiría a Miguel Alejandro penetrar la multiplicidad y tirantez que habitan la pintura, y se convertirá, con el tiempo, en la piedra basal de su quehacer.

Miguel Alejandro Machado. El día que nací 2020. Oil on canvas 200 x 280 cm | Rialta
‘El día que nací’, 2020 (óleo sobre lienzo, 200 x 280 cm)

El otro ámbito de referencias en el que se debate su obra, y que la curaduría insiste en señalar, está relacionado con las soluciones técnicas y los manejos más o menos heréticos de la tradición pictórica. Una voluntad eminentemente subjetivista, unida al gusto por la pincelada expresiva, desenvuelta y, en general, la espontaneidad de las escenas, lo posicionan en los márgenes de un romanticismo estético de signo contemporáneo; no obstante, este no es más que un marco meta bajo el cual se despliegan variadas experimentaciones y corrimientos estilísticos.

Contrario a lo que los detractores actuales de la pintura suelen sostener, el ejercicio de la disciplina sólo puede tocar tierra en la dimensión procesual. De ahí que las decisiones técnicas no sean meros ceremoniales hedonistas sino el corazón, a veces ferozmente esquivo, de lo que la pintura es, en esencia. Miguel Alejandro Machado se desplaza con idéntica soltura por variantes domésticas y personalísimas del postimpresionismo, el expresionismo, el surrealismo, el diseño gráfico, el naturalismo histórico y, recientemente, por aquello que Liatna Rodríguez acuña como “simbolismo”, manifiesto con énfasis en el proyecto de animación “El Centauro Cebra” en el que está inmerso desde hace cuatro años.

Miguel Alejandro Machado. Junio The end 2019. Oil on canvas 200 x 200 cm | Rialta
‘Junio (The End)’, 2019 (óleo sobre lienzo, 200 x 200 cm)

Volvamos, pues, a la declaratoria absoluta y contundente que sobrevuela la exposición, volvamos al Yo soy. ¿Qué hace que este enunciado mínimo cobre sentido más allá del ego y de la autoafirmación creativa? ¿Cómo sortea Miguel Alejandro los vicios del aspiracionismo moderno, el deseo de permanecer? La clave, creo, está en su rechazo, consciente o no, a inscribirse dentro de una tesis trascendente, el rechazo a la neurosis provinciana de toparse con algo nuevo, cuando el único descubrimiento verdaderamente importante está en el reencuentro con lo que ha estado siempre. El misterio, que no el enigma; la pintura (la creación toda) como un acto que sólo puede aspirar a más misterio. Miguel Alejandro Machado entra y sale de la tradición de la misma manera en que entra y sale de la realidad que le circunda. La historia de la pintura es apenas el laberinto hiperpoblado que habita el hombre que pinta, y dentro de ese laberinto Miguel Alejandro se sume en la batalla por penetrar la luz, por entender al hombre fuera del tiempo positivista.

Miguel Alejandro Machado. Río Santa Cruz 2020. Oil on canvas 200 x 170 cm | Rialta
‘Río Santa Cruz’, 2020 (óleo sobre lienzo, 200 x 170 cm)

Estas palabras de Gertrude Stein referidas a Sherwood Anderson definen a Miguel Alejandro del modo en que me hubiera gustado hacerlo a mí (salvemos, claro, las lógicas distancias entre ambos autores): “Sherwood es auténticamente grande […], porque en realidad no le preocupa saber qué es, no se ha parado a pensar que pueda ser nada distinto de un hombre, un hombre que puede desaparecer y ser poca cosa a los ojos del mundo, aun cuando quizá sea uno de los pocos americanos que han alcanzado una perfecta frescura en la creación y la pasión, sencilla como la lluvia cayendo sobre una página, una lluvia que brotaba de él y caía ahí milagrosamente, y era toda suya”.

Yo soy estará abierta hasta el 17 de abril y puede visitarse en el espacio físico de la galería o en el sitio web de Bode Projects.

Miguel Alejandro Machado. Canasí 2020. Oil on wood 200 x 170 cm | Rialta
‘Canasí’, 2020 (óleo sobre lienzo, 200 x 170 cm)
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Daleysi Moya (La Habana, 1985). Crítica y curadora de artes visuales. Licenciada y Máster en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Se ha desempeñado como curadora en las galerías habaneras La Casona, La Acacia y Servando Cabrera. Actualmente trabaja en el proyecto de arte contemporáneo El Apartamento. Además de su labor curatorial, desarrolla la crítica de arte de modo sistemático. Ha colaborado con publicaciones impresas y digitales sobre cultura y artes plásticas. En el año 2015 obtuvo mención en la categoría Reseña del Premio Nacional de Crítica Guy Pérez Cisneros, en La Habana, Cuba.

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