‘Kolaj Magazine’ llega a su edición treinta y lo celebra con un artista cubano

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Detalle de la portada del número 30 de ‘Kolaj Magazine’, con foto ‘collage’ de Ricardo Miguel Hernández

Kolaj Magazine, la publicación trimestral canadiense dedicada a “examinar” el collage contemporáneo con una perspectiva internacional, anunció la puesta en circulación de su edición número 30. Para su portada ha elegido una foto collage del artista visual cubano Ricardo Miguel Hernández, a cuya obra además se dedica uno de los artículos recogidos en la entrega.

Publicada en Montreal por la Maison Kasini, los proyectos de investigación, promoción y conservación que se gestan en Kolaj Magazine no sólo quieren dar cuenta del “collage como medio, género, comunidad y movimiento artístico del siglo XXI”, sino demostrar cuán vivo se ha conservado este arte en tanto concepto, episteme y sensibilidad desde que comenzó a modelarse a principios del siglo XX, de manos de Pablo Picasso y Georges Braque, o aun antes, a finales del XIX.

Haciendo un breve recuento, desde sus inicios el collage construyó un nuevo escenario estético que rompía con las formas tradicionales. A partir del cambio en la relación del texto artístico con la mímesis y con los valores y suposiciones del realismo, el collage conformaba redes laberínticas de referencias posibles en un ejercicio de hibridaciones variadas y libres. Un cambio, sobre todo, que operaba en el ilusionismo de la representación –me refiero aquí a la representación como traducción, en el sentido derridiano. Una traducción que, al reunir una nueva y variable cantidad de materiales y discursos heterogéneos, incorporaba las ideas de interrupción y montaje.

Este nuevo escenario estético (téngase en cuenta que me refiero a la estética más allá de su comprensión tradicional, con un significado transartístico: la estética como “ciencia de la cognición sensual”, como la llamó Baumgarten, su padre fundador) propició que el collage se convirtiera en un gesto de intertextualización que impugnaba los presupuestos sobre la clausura, la originalidad, la unicidad y la autonomía artísticas, y las nociones “capitalistas” de posesión, propiedad y “voluntad de verdad”.

El collage vanguardista llevaría a otro nivel “el encuentro fortuito en una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas” –de acuerdo con Lautréamont–, y produjo una nueva estética de la contingencia y de la yuxtaposición. De la contingencia y de la yuxtaposición incendiaria. Produjo un reino de alteridad.

Con el arribo del Posmoderno, en una época posindustrial, posestructural, en la fase del denominado por Fredric Jamesosn “capitalismo tardío” –“Era Atómica”, en palabras de Ihab Hassan–, las cartas de la sensibilidad se volvieron a barajar y los conceptos de collage y montaje se ubicaron como procedimientos centrales de la posmodernidad. El collage dejaba de ser patrimonio de las artes visuales (y no sólo) para convertirse en parte de la sensibilidad de una época.

Es en este cosmos donde se inserta Kolaj Magazine. Cofundada en 2012 por Ric Kasini Kadour, su editor, y Benoit Depelteau, la revista surgió por el interés de revelar cómo se produce, exhibe y comercializa el collage, y su incidencia en la cultura visual contemporánea:

“Nos acercamos al collage de manera amplia y, como tal, hemos incluido en nuestro territorio de investigación el collage tradicional de cortar y pegar, el collage digital, el ensamblaje, el fotomontaje, el arte de fibra cuando tiene un elemento de yuxtaposición y la pintura cuando se usan múltiples lenguajes visuales o cuando se utilizan fragmentos de papel cortados como herramienta compositiva del pintor. Este enfoque nos ha brindado una posición única para observar el collage contemporáneo y establecer conexiones entre la práctica histórica y la actual de artistas, galeristas, museos, curadores, historiadores y críticos.”

Con suscriptores en todos los continentes e impulsada por ellos, la revista Kolaj se imprime bajo demanda y tiene un modelo de publicación y enfoque editorial que garantiza que sus contenidos sean relevantes a largo plazo. Posee, además, un sitio web donde podemos consultar un directorio de artistas y varios subproyectos. Menciono dos: “Taxonomía del collage” busca elucidar, mediante encuestas, el proceloso camino de indefiniciones que ha acompañado esta práctica hasta la actualidad; “Collage Books”, a través de un enfoque inclusivo, se propone documentar y crear un directorio con los esfuerzos editoriales relacionados con el collage, dígase ediciones comerciales, revistas, libros de artista y catálogos.

La edición número 30 de Kolaj Magazine inicia, como es costumbre, con un editorial de Kasini Kadour. Esta vez, el editor-fundador comenta sobre la adquisición de un collage de la artista nativa americana contemporánea Jaune Quick-To-See por parte de la Galería Nacional de Canadá.

En las páginas del número, además de artículos, reseñas, perfiles y noticias, se incluyen portafolios de los artistas estadounidenses Brian Barker, Gisele Olson, Patti Robinson, Steven McCarthy, y de la canadiense Rhonda Barret. También se despliega un estudio sobre el collage en el Museo de Arte del Sur de Ogden, y son comentados un festival de collage en Viborg, Dinamarca, y una nueva plataforma dedicada a la investigación, mediación y difusión del collage en Chile. Asimismo, podemos encontrar un ensayo autorrefencial de Joan Harrison donde reflexiona sobre su amistad con el artista del siglo XX Ray Johnson.

En su portada, Kolaj Magazine presenta una foto collage perteneciente a la serie Cuando el recuerdo se convierte en polvo (2018-2020), del artista cubano Ricardo Miguel Hernández (La Habana, 1984). La obra integra una exposición homónima que fue inaugurada el pasado 1o de agosto en la plataforma the exhibit y se extenderá hasta el venidero 27 de octubre. La curadora de la exhibición online patrocinada por South Florida Latin American Photography (SoFlaFoto), Yenny Hernández Valdés, es también la autora del artículo sobre la obra de Hernández que Kolaj acoge:

“El documento que rastrea y selecciona Ricardo Miguel Hernández para una posterior factura artística presenta un tiempo compartido. Este constituye un material en el que se condensa la memoria de un sujeto anónimo, y luego evoluciona hacia otra dimensión significante toda vez que el artista la asume como material de trabajo. En la disyuntiva que se tensa entre la aleatoriedad de un documento fotográfico determinado como punto de partida para una nueva narración estética, y la sumatoria de diferentes historias.”

Como un palimpsesto enorme y de muchas capas, como archivos provisionales, fluidos, relativistas, múltiples, las fotos collage de Ricardo Miguel aspiran a un tipo de texto que borra las líneas de demarcación entre lo auténtico y lo no auténtico y declara nula la originalidad. La idea de originalidad es una idea en fracaso.

En este sentido, los collages del artista cubano pueden ser descritos como parasitarios de las fotografías/textos originales –en el sentido de originarios. Collages que se componen de multiplicidades, textos saprófitos que se alimentan, como los hongos, de la materia en descomposición, es decir, se alimentan de las ruinas.

Márgenes injustificados, apertura de lo roto, carácter expansivo y predominancia intertextual basada en una concepción policéntrica, rizomática y flexible, hacen de las fotos collage de Cuando el recuerdo se convierte en polvo una mera “cámara de ecos” (Barthes), donde no hay textos sino sólo resonancias entre ellos.

Las fotos collage de Ricardo Miguel son realmente eso: la imposibilidad de vivir fuera del texto ad infinitum.

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