‘La mesa herida’ de Frida Kahlo, encontrada y perdida

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‘La mesa herida’, Frida Kahlo, 1940 (FOTO El Universal)

En noviembre de 1939, Frida Kahlo y Diego Rivera firmaban un acta de divorcio. La separación efectiva de la pareja no duraría demasiado, y poco menos de un año después Frida y Diego volverían a contraer nupcias ante notario.

El hecho es que, durante ese lapso de unos once meses y pico, Frida Kahlo, una artista asidua a los formatos más bien pequeños, ejecutaría una de sus obras de mayores dimensiones. Con más de un metro de ancho y dos y medio de largo, La mesa herida representa una abigarrada composición presidida por un autorretrato de la propia Kahlo, rodeada de figuras que evocan a las representaciones de la muerte en los rituales populares mexicanos. Hay quien habla de convenciones pictóricas precolombinas, pero hay también quien recomienda –tal vez no sin razón– que más vale no ir tan lejos.

El destino de este cuadro ha sido particularmente azaroso, incluso dentro de una obra de destino tan azaroso como la de Frida Kahlo, entre la que se calcula que más de cien originales han sido aniquilados –esto es, reducidos, literalmente, a la nada– por motivos aún por precisar.

Expuesta en la Muestra Internacional de Surrealismo que tuvo lugar en 1940 en la capital mexicana, La mesa herida fue donada por la propia Frida Kahlo en 1945 a la Unión Soviética, que le deparó un sitio privilegiado en la sala dedicada a México del Museo de Arte Occidental de Moscú. Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial, los comisarios culturales soviéticos –graduados con esos mariscalatos o almirantazgos que los soviéticos sabían calificar, sin rubor, de “políticos”– deben haber admitido esa pieza de arte vanguardista con similar grado de voracidad con el que sus soldados rasos rapiñaban piezas horológicas suizas o virgos teutones en Europa Occidental.

Pero el fariseísmo cultural estalinista tenía vida larga. Más larga incluso que la del propio Stalin. Stalin, quien, por cierto, fuera nombrado Mariscal en Jefe sin haber tirado nunca un tiro en trinchera de guerra. Stalin, al que sus más íntimos secuaces dejaron agonizar plácidamente asfixiado en sus propias flemas. (Entre ellos el camarada Jruschov, quien consiguió hacerse con el Primer Secretariato del PCUS).

En 1955, el camarada Jruschov decidió que La mesa herida iba de gira. Una gira que la llevó tan lejos que la hizo llegar más allá de esas Columnas de Hércules que fueron, a la sazón, la Cortina de Hierro. Varsovia fue la última estación oficialmente consignada del cuadro de Frida.

Después de eso, nada más se supo de la pintura, hasta que hace cosa de un año el marchante español Cristian López aseguró tenerla bajo su custodia en un almacén londinense, y propuso su venta al mercado del arte internacional al precio de unos cuarenta y cinco millones de dólares.

Sin embargo, recientemente se ha hecho público el consenso entre los especialistas: el cuadro que ofrece en venta a tan razonable precio el astuto comerciante López es una copia en lienzo de un original ejecutado en temple sobre madera, según la usanza de los maestros del Renacimiento temprano.

Todavía hay hoy, no obstante, quien confía en que el original de La mesa herida sobrevive en alguna anónima colección privada, que eventualmente será expuesto en algún museo de alguna parte del mundo.

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