El mayor impacto del 11J estriba en la aparición de la protesta como parte del repertorio de acciones posibles. Hoy en día, la gente sabe que puede protestar y está dispuesta a hacerlo.
El autor responde a una entrevista al sociólogo chavista Reinaldo Iturriza, aparecida en la revista 'Jacobin', que intenta justificar, de manera sofisticada, el más grotesco desconocimiento de la voluntad popular ocurrido en la Venezuela contemporánea.
Si la comunidad internacional permite que el madurismo se salga con la suya, el precedente quedará ahí para quienes deseen desconocer a toda costa el resultado de los procesos electorales.
El abuso, el delirio discursivo, la fanfarronada a voz en cuello, y sobre todo las ansias verbales de mostrarse a la altura de su mentor, Hugo Chávez, es lo que hace de Maduro un Ubú ultraparódico.
Es esa magia de muerte, que habita en la maquinaria de la imposición dictatorial, con todo y sus símbolos, lo que quiere ser derrocada con la destrucción de sus fetiches.
La izquierda actual, convencida de que el liberalismo es un sistema fallido en el que la libertad personal convive con la opresión colectiva, pretende re-ligarnos de nuevo en una comunidad moral que no deje a nadie fuera.
Lo que vemos hoy en el escenario cubano no son defensas ponderadas y racionales de temas políticos o morales sino opiniones no razonadas basadas en fanatismos y refractarias a la argumentación y al debate y la polémica.
Si lo político atañe a la toma de decisiones colectivas, entonces las manifestaciones en Cuba son políticas siempre como expresión de la participación en la vida colectiva que tiene en la disputa por el poder un sustrato ineludible.