La izquierda actual, convencida de que el liberalismo es un sistema fallido en el que la libertad personal convive con la opresión colectiva, pretende re-ligarnos de nuevo en una comunidad moral que no deje a nadie fuera.
Lo que vemos hoy en el escenario cubano no son defensas ponderadas y racionales de temas políticos o morales sino opiniones no razonadas basadas en fanatismos y refractarias a la argumentación y al debate y la polémica.
Si lo político atañe a la toma de decisiones colectivas, entonces las manifestaciones en Cuba son políticas siempre como expresión de la participación en la vida colectiva que tiene en la disputa por el poder un sustrato ineludible.
La élite política cubana consolida sus bases de explotación extractivas, garantiza cuotas de legitimidad autoritarias y reproduce las bases conceptuales que distinguen la opresión de clase.
Un grupo de imágenes posibles de Cuba han comenzado a emanar, a la vez, desde sitios, diferentes y describen una realidad que aparece como salvajemente disruptiva.
El socialismo mágico es la oportunidad revolucionaria del presente, en tanto la nigromancia tributa hacia el sendero de los espíritus, que anhelan la Revolución.
Que terminemos discutiendo y reclamándonos unos a otros la falla en reconocer que todas las vidas humanas tienen el mismo valor, es también un logro de las políticas de la muerte.