Martica Minipunto presentará ‘No soy unicornio’ en el festival Santiago a Mil

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Fotograma de ‘No soy unicornio’, de Martha Luisa Hernández Cadenas

Martha Luisa Hernández Cadenas (alias Martica Minipunto) (Guantánamo, 1991) es poeta, teatróloga, editora independiente, gestora cultural y performer. Todas estas zonas de creación son entrelazadas por ella a partir de un interés manifiesto hacia la transdisciplina. Por eso, como un gesto transdisciplinar, disidente con respecto a las teatralidades hegemónicas, presentará No soy unicornio en la 28 edición del Festival Internacional Santiago a Mil.

Con base en la capital chilena, el Festival Internacional Santiago a Mil es un espacio híbrido y multimedial que reúne cada año, desde 1994, a creadores escénicos de todo el mundo. Este 2021, bajo el lema #VolverAEncontrarnos, y a partir de las restricciones que ha impuesto la Covid-19, el festival ha preparado, del 3 al 24 de enero, una programación que establece un “cruce entre lo digital y lo presencial, con montajes de teatro, danza, música, ópera, circo, radioteatros y performances para salas, en calle y en espacios no convencionales, además de un contundente programa en línea pensado para distintos escenarios virtuales”, según se acota en su sitio web.

Como parte de la programación en línea del festival, y dentro de la ruta que ofrece el espacio Mujeres Creadoras, Martha Luisa Hernández Cadenas participará, en la semana del 17 al 24 de enero, con el mediometraje No soy unicornio, “una acción política venida de Cuba que activa feminismo y derechos LGBTIQ. Ni performance, ni video, ni charla: es todo eso a la vez”.

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Fotograma de ‘No soy unicornio’, de Martha Luisa Hernández Cadenas

Martica Minipunto expandió una investigación que comenzó como relectura de Unicorn (1970), performance de la artista alemana Rebecca Horn. Con treinta minutos de duración, la conferencia performativa No soy unicornio es un dispositivo transdisciplinar que involucra a Joanna Montero en la realización audiovisual y a Celia Ledón en el diseño de vestuario. La conferencia tuvo en 2019 dos presentaciones en Cuba, en las ciudades de Matanzas y La Habana, respectivamente.

En Unicorn, Rebecca Horn explora, ensaya, experimenta una de sus más grandes obsesiones: el cuerpo imperfecto. A partir de una relación extracotidiana entre el cuerpo y los objetos, el cuerpo y la máquina, el cuerpo y la prótesis, el cuerpo y lo otro, Rebecca configuró una sensibilidad performativa que hacía del cuerpo un paisaje. Fobias, ensueños, frustraciones fueron utilizados por la artista alemana para construir Unicorn, una de sus piezas más conocidas, donde se pasea por un campo de trigo con un cuerno blanco en la parte superior de su cabeza, sujetado a su cuerpo por una serie de correas.

Con este intertexto como piedra basal, la performer cubana expandió esta noción de cuerpo-unicornio. A partir de una sorprendente colección de objetos relacionados al animal mitológico, de la autorreferencialidad y de un ensayo audiovisual sobre el cuerpo colectivo en las fiestas populares de La Habana, organizó un trabajo experimental que, como se enuncia en el sitio web del festival, “explora las relaciones entre la biografía, el poder y la libertad”. Asimismo, “como pieza de video-ensayo muestra la fatiga y la fragilidad de un proceso: ese gran agujero en la frente del pensamiento binario, de la censura, el miedo, la colonización, la violación, la persecución. Es un canto de resistencia ficcional y poético en el que se experimenta con diferentes modos de narrar”.

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Fotograma de ‘No soy unicornio’, de Martha Luisa Hernández Cadenas

“A partir de la documentación de la gramática de las multitudes en La Habana –prosigue la nota–, intervenciones públicas, poemas y una colección excéntrica de objetos, se ensaya la exploración de este animal. La mirada se concentra en el mito del cuerno incrustado o amputado, en lo incensurable de hablar a través de una especie extinta o inventada, en la persecución del toro rojo (que adquiere la forma de todos los poderes dominantes y de todos los miedos).”

Martica Minipunto, quien, además, acaba de recibir una mención en el Premio Jámpster de Poesía, es fundadora de la editorial independiente ediciones sinsentido y coordinadora del Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES). Entre sus creaciones sobresalen las acciones performativas Nueve (2017), Extintos, aquí no vuelan mariposas (2018), junto a las intervenciones La última ópera china (2018) y Las fundadoras (2019). Asimismo, ha ganado los premios David de Poesía por Días de hormiga (2018), la Bienal de Poesía de La Habana por Los vegueros (2019) y el premio Franz Kafka de novela 2020 por La puta y el hurón.

A propósito de su participación en el Festival Internacional Santiago a Mil conversamos brevemente con Hernández Cadenas.

Edgar Ariel

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Fotograma de ‘No soy unicornio’, de Martha Luisa Hernández Cadenas

Martica, ¿cuál fue el principio de No soy unicornio? ¿Cuál fue el principio de la investigación? Aparte del referente, manifiesto, de Rebecca Horn, ¿qué otros resortes te llevaron a construir una nueva gramática del unicornio?

Si tuviera que hablar del inicio me remontaría a lo que dejó en mí un taller que Eleonora Fabião impartió hace unos años en La Habana. Salí de esos encuentros con la necesidad de escribir un poemario que tradujera los conceptos de un “programa performativo” al manuscrito.

No soy unicornio se inspiró en la pieza Unicorn de Rebecca Horn, se dispersó el referente inicial en relatos familiares, en lo mítico y lo erótico de unicornios (sexo-disidencias y excesivo rosa kitsch) por todas partes. Desde Lady Amalthea hasta una escena de Harmony Korine, globos, suovenirs, un toro rojo que acecha, narvales, tráfico de cuernos y cuerpos en cautiverio. Estos son los imaginarios, el libro permanece inédito y lo he reescrito a la par que ha ido mutando el proyecto; la última versión la tiene el poeta Javier Marimón.

En el 2019, Celia Ledón, Joanna Montero y yo presentamos una “conferencia performativa” al fondo para proyectos culturales de la Real Embajada de Noruega. Esto nos permitió producir la pieza que se presentó como work in progress en el Festival de Teatro Rosa, festival LGTBIQ de la provincia de Matanzas, y luego como conferencia performativa en el Festival de Cine de La Habana.

Agradezco al Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES), al proyecto 3 escaleras y a todos los que apoyaron estas primeras devoluciones del proceso, que siempre imaginé como una exploración transdisciplinar. Para su última etapa, fue definitoria la escucha de las hermanas Jorge Díaz y Ernesto G. Orellana (Colectivo Utópico de Disidencia Sexual, CUDS), quienes impartieron un taller que fue una voladura de cabeza, como parte de Las Impuras. Unidad de contagio, INSERVI, residencia del LEES.

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Fotograma de ‘No soy unicornio’, de Martha Luisa Hernández Cadenas

¿Qué diferencias, añadiduras, prótesis “nuevas” podemos encontrar en el mediometraje que presentarás en Santiago Mil? ¿Qué diferencias con respecto a aquella devolución que vimos hace más de un año?

No prótesis, no añadidura. Diría que se ha pulido, aunque lo pulido me suene a obra canónica. Prefiero decir que se esfumaron todos sus ornamentos, todo el decorado. Esto se refiere a la propia noción de conferencia performativa, que fue el formato que activamos en el 2019.

Había que suprimir el tono didáctico o espectacularizado y concentrarnos en los elementos fundamentales. De ahí que quedaran los poemas y los gestos físicos marcados por la amputación e invención de un cuerno en la pieza de video. La visión de Joanna Montero como realizadora enriqueció muchísimo el material en esta última etapa, ella hizo un remontaje de aquella película exhibida el 10 de diciembre de 2019, in medias res, con el sosiego que da la distancia temporal sobre los materiales.

Quedaron las documentaciones de las ferias populares por el 500 aniversario de La Habana y los recorridos con una máscara de unicornio por las calles de Centro Habana. De la pieza de video que se exhibirá rescataría estos momentos: el prólogo, que consiste en planos cerrados, mientras se infla un salvavidas de unicornio; la secuencia del unicornio dando vueltas en un estadio mientras un grupo de niños rodea a un hombre en una feria de atracciones, el hombre coloca a una rata dentro de una caja de madera, la hace girar, y la rata sale mareada y se cuela en alguna de las cajas que la rodean y que contienen premios por los que han apostado esos niños, círculos concéntricos y tristes; rescato toda una secuencia de la feria popular en la calle Galiano con el tema de Marien Fernández Castillo, Você é un perrito chino y una película silente contada a través de tarjetas.

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Fotograma de ‘No soy unicornio’, de Martha Luisa Hernández Cadenas

¿Cómo asumes tu participación en el Festival Internacional Santiago a Mil? ¿Cómo pudiéramos asumir la visualización de No soy unicornio en el contexto cubano actual?

El Festival Santiago a Mil responde al contexto crítico de la pandemia. En primerísimo lugar, es una proposición curatorial que se articula a partir de las limitantes y protocolos pertinentes. Por supuesto, el desasosiego ante la actual crisis ha definido mucho nuestros intercambios y cualquier idea o alternativa sobre el cómo estar juntos otra vez. Creo que el 2020 ha definido o (des)dibujado un horizonte mediado por la tecnología y las estrategias de escucha. Me atrae muchísimo la organización del festival, la respuesta sensible que da a tanta angustia, las estrategias ficcionales y de presentación que propone.

Agradezco a Cecilia Kuska, a quien conocí en el Havana Art Weekend, a propósito de una colaboración con Baladita Tropical, y a la curadora Gretel Medina, por proponer un diálogo con mi trabajo para la ruta de #MujeresCreando, en la que se encuentra programada No soy unicornio.

A su vez, en nuestro país se viven días de mucha tensión política por la incapacidad de diálogo del gobierno. Hay un estallido ligado al Movimiento San Isidro y el 27N que ha sacudido muchas zonas sensibles de lo político, ha despertado solidaridad y civismo. No soy unicornio está atravesada por preguntas sobre la libertad y los derechos, la pensé como un manifiesto, entre aquellas noticias de la tracción animal, los derechos LGTBIQ y la urgencia de una Ley Integral Contra la Violencia de Género. Obviamente, esta reescritura no guarda relación directa con los hechos sucedidos en los últimos meses, hurga, desde mi cuerpo, en ciertas angustias que tienen que ver con el sistema heteropatriarcal, la censura y la violencia de género.

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