Matías Montes Huidobro, autor fundamental del teatro y la literatura cubanos

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Matías Montes Huidobro (1931-2022) (IMAGEN YouTube / Wenceslao Cruz)
Matías Montes Huidobro (1931-2022) (IMAGEN YouTube / Wenceslao Cruz)

Matías Montes Huidobro es una de las figuras fundamentales de la diáspora literaria cubana. Junto a su notable producción dramática, poética y narrativa, destaca una enciclopédica labor ensayística que ha contribuido a demostrar que las letras cubanas pueden trascender los determinismos geográficos e históricos. Aunque su obra se encuentra ampliamente publicada, y ha merecido importantes reconocimientos en el ámbito latinoamericano, Montes Huidobro y su corpus literario continúan siendo vagamente conocidos y difundidos en el campo intelectual de la isla.

Tras ser internado a consecuencia de una embolia, el escritor, dramaturgo y profesor universitario falleció en la madrugada del viernes 6 de mayo de 2022, en el hospital Kendall de Miami, a sus noventa y un años de edad. No hay mejor homenaje póstumo para este imprescindible autor, comprometido con la creación hasta sus últimos días, que sopesar su legado y colocar su nombre en el justo lugar que merece dentro del panorama de la literatura cubana.

La muerte de Montes Huidobro ha impactado a buena parte de la comunidad intelectual cubana del exilio. Más allá de su bibliografía, la labor intelectual del escritor incluyó la docencia universitaria y el emprendimiento de proyectos como la Editorial Persona (1987-1991) y las revista Caribe (1976) y Pro Teatro Cubano (2000), mediante los cuales investigó y difundió la creación escénica producida en “ambas orillas de la cultura cubana”. Ese activo compromiso le proporcionó un considerable prestigio, y un amplio número de amigos y colegas que desde hace algunos días lamentan su deceso.

“Triste noticia la partida de mi querido Matías”, escribió la actriz Julie de Grande en su perfil de Facebook. “Pero no nos deja del todo, porque el legado de su fructífera carrera literaria seguirá vivo por mucho tiempo”. En tanto, el dramaturgo José Abreu Felipe manifestó: “Era incansable, siempre que conversábamos me hablaba de lo que estaba escribiendo, siempre grandes proyectos que requerían mucha investigación. Su muerte deja un gran vacío, ya no quedan investigadores como él”. Rolando Morelli, narrador, poeta y editor cubano también exiliado, comentó por su parte: “Matías deja un gran vacío. Su obra ha sido esencial y ha resaltado la cubanía a lo largo de su extensa y fructífera carrera como todo lo que fue, profesor, escritor, dramaturgo, ensayista y un gran amigo”.

Residente en Estados Unidos desde 1961, Montes Huidobro contribuyó, con su prolífica obra, a trascender la etiqueta de “escritores cubanos del exilio”. Su práctica intelectual defendió la cultura y la creación artística cubanas como una totalidad; el dramaturgo sabía del peligro implícito en tal denominación. Sin embargo, es imprescindible que se vuelva sobre su condición de emigrante, no sólo porque el corpus más significativo de su trabajo se produjo fuera de Cuba, sino porque la experiencia misma del exilio impactó de modo esencial los vectores conceptuales y la sustancia temática de su obra, que orbita casi íntegramente, de una forma u otra, alrededor de su país de origen.

El abandono de la isla y el choque cultural y lingüístico que supuso la llegada a una nueva geografía, condicionaron una suerte de crisis en el imaginario y la subjetividad creativas de Montes Huidobro que se transparentaría en el mundo y los conflictos representados en su literatura. Obras como la pieza teatral Exilioy la novela Desterrados al fuego, ambas celebradas por la crítica, resultan emblemáticas no sólo por su relevancia estética, sino también por ser valiosos documentos sobre la condición de “otredad”, psicológica, existencial, en el individuo expatriado. Sin dudas, una parte considerable del legado de Montes Huidobro permanece como signo del lugar del exilio en la configuración de la cultura cubana (post)revolucionaria.

Montes Huidobro nació en Sagua la Grande, Cuba, en 1931. Su primer texto conocido data de 1951: el poema “La vaca de los ojos largos”. Durante toda la década del cincuenta se volvería asiduo en las publicaciones periódicas cubanas: su cuento “El hijo noveno” se publicaría en Bohemia, y sus primeras reflexiones aparecerían en Nueva Generación, revista de la que fue fundador. A sus veinte años, en el mismo año 1951, mereció el Premio Prometeo por su pieza teatral Sobre las mismas rocas, hecho que llamó la atención del gremio sobre su prometedor talento como dramaturgo. Después de 1959, en La Habana se estrenaron varias de sus obras, entre ellas Los acosados, Gas en los poros y Las vacas; esta última recibió el Premio José Antonio Ramos (1960), que por entonces figuraba como uno de los galardones más prestigiosos del ámbito literario cubano. En esos primeros años del periodo revolucionario, y antes de partir a los Estados Unidos el 27 de noviembre de 1961, colaboró como crítico teatral en las páginas de Revolución, y en su suplemento literario, Lunes de Revolución.

Una vez fuera de Cuba, se estableció inicialmente en Meadville, Pennsylvania, Estados Unidos, donde ejerció como profesor en centros de enseñanza media, hasta que en 1964 pasó a trabajar en la Universidad de Hawai, institución donde llegó a ser profesor emérito y donde permaneció hasta su jubilación en 1997. Su labor académica incluyó también asistencias, como profesor visitante, a la Universidad Estatal de Arizona, el Swarthmore College y la Universidad de Pittsburgh.

Su teatro es, sin lugar a dudas, la zona más aclamada de su creación, y la que ciertamente más ha marcado el paisaje literario cubano, por la profusa experimentación que la anima y la profundidad con que aborda la historia. Toda la producción del dramaturgo está determinada por una indagación sobre las líneas de fuerza que signan las sensibilidades en los periodos históricos que le tocó vivir.

En las “Palabras preliminares” que el propio Montes Huidobro escribió para su Teatro completo, publicado por la editorial Hypermedia gracias al cuidado del investigador Ernesto Fundora, se lee a manera de declaración de principios: “Este cuerpo teatral cubano que es mi persona cubre a través del teatro el vórtice huracanado que es la historia de Cuba en un péndulo que para mí ha sido muy difícil, y que me ha recorrido de arriba abajo, en el intento de superar todas las dificultades gracias a una voluntad férrea, que es el único modo de superar barreras y fronteras que parecen infranqueables, y tratar de hacer algo. El teatro para mí ha sido un ejercicio técnico del intelecto en contra de la adversidad de la historia”.

En La crueldad en el teatro de Matías Montes Huidobro, uno de los varios volúmenes dedicados a estudiar su producción, Arístides Falcón Paradí divide la obra dramática del autor de Exilio en tres etapas, atendiendo precisamente al anudamiento entre el creador y su tiempo, y el modo en que este último atraviesa la escritura de aquel. La primera recoge obras nacidas entre 1950 y 1959, años de iniciación de Montes Huidobro, marcados por las coordenadas epocales del régimen batistiano: Sobre las mismas rocas y Acosados, son dos ejemplos característicos de ese momento. La segunda reúne aquellas concebidas entre 1959 y 1961, en las que se evidencia ya el desencanto por ciertos rumbos emprendido por la Revolución: Las vacas, La botija y El tiro por la culata, que integran la llamada “Trilogía de la breve esperanza”, destacan en ese lapso. Y la tercera comprende las piezas escritas ya en Estados Unidos, hijas de la turbadora experiencia de la emigración: Exilio, La navaja de Olofé y Su cara mitad pertenecen a esta última etapa.

El propio Falcón Paradí, como otros investigadores, se ha encargado de subrayar la manera en que la escritura dramática de Montes Huidobro recibe y redimensiona las influencias del teatro del absurdo, el existencialismo y el teatro de la crueldad, lo cual imprime a su obra un carácter vanguardista que no abandonaría jamás. En los años iniciales de la Revolución, Montes Huidobro se distanció del por entones tan importante influjo brechtiano, y por vía de una lúcida experimentación se acercó a las prácticas de creadores nacionales tan importantes como Virgilio Piñera o José Triana.

Entre sus estudios de la producción escénica cubana, faceta imprescindible de su obra, es necesario destacar especialmente, por su carácter iniciático en cuanto a integrar la creación estrictamente insular con la diaspórica, Persona, vida y máscara en el teatro cubano (Ediciones Universal, 1971). A ese título se unirían más adelante otros como El teatro cubano en el vórtice del compromiso y Cuba detrás del telón, obra editada en cuatro volúmenes por la propia Ediciones Universal entre 2008 y 2010. Esas páginas dedicadas al estudio del teatro resultan de un valor incalculable debido a su cualidad enciclopédica y su agudeza analítica.

Matías Montes Huidobro (1931-2022) (Foto www.miamibookfair.com)
Matías Montes Huidobro (1931-2022) (Foto www.miamibookfair.com)

Al caracterizar esta franja de la creación de Montes Huidobro, el estudioso Antonio J. Aiello, escribe: “[Su] titánica y épica labor ensayística por reconstruir y salvar del olvido la verdadera historia del teatro cubano, la historia del otro silenciada y tratada de borrar por el régimen oficial actual de la isla y su séquito, […] se desenvuelve en un estilo que a priori pudiera parecernos el de la ensayística de Montaigne, […] por el fluir desenfadado de sus ideas y juicios respaldados por sus profundos conocimientos sobre el tema, pero que claramente se asocia al de Bacon […] más cerca de la investigación científica por su escrupulosa documentación, su rigurosa revisión de las fuentes literarias empleadas y el alto nivel de las teorías artísticas y literarias manejadas”.

La obra dramática de Montes Huidobro continúa circulando entre las nuevas generaciones, como deja ver la inclusión de una pieza suya en la antología Teatro cubano de Miami (Editorial Silueta, 2010), por mencionar apenas un ejemplo. Y, por supuesto, hace ya varios años que su quehacer constituye objeto de reconocimiento, no sólo en los círculos literarios, sino también en el ámbito académico. Matías Montes Huidobro. Acercamientos a su obra literaria (1997), libro coordinado por Jorge M. Febles y Armando González Pérez, y Matías Montes Huidobro: su obsesión por la escritura (2007), editado por Yara González Montes, esposa del escritor, son muestras del rango de acercamientos que ha generado la actividad creadora de este intelectual. Tales aproximaciones no se ocupan sólo de su teatro: atienden también su poesía, que incluye títulos como La vaca de los ojos largos, Nunca de mí te vas, Un salmo quisiera ser y Bilongo; su narrativa, en la cual despuntan libros como Segar a los muertos, Cartas de Cabeza, Parto en el cosmos, Concierto para sordos, Un bronceado hawaiano y Esa fuente de dolor, y su ensayística, que comprende otros volúmenes como El teatro cubano en el vórtice del compromiso, La narrativa cubana entre la memoria y el olvido, Itinerario del deseo y El discurso femenino: conducta de Eros.

La desaparición física de Montes Huidobro resulta más bien un nuevo recordatorio de que su amplia y valiosa obra, indudablemente una contribución esencial a la cultura cubana, debe ser mucho más atendida y estudiada.

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