Quizás el spaghetti Western trascienda hoy como el principal aporte de Italia a la tradición del cine de género. Pero ese país europeo también imprimió una marca singular en el cine policiaco, que rebautizó como poliziesco. Mucho menos difundido entre las audiencias internacionales, el poliziesco tendrá una retrospectiva durante el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Su 72o edición (que tendrá lugar del 20 al 28 de septiembre próximo) ha programado en su sección Klasikoak veintidós títulos aparecidos entre 1943 y 2023. Bajo el rótulo “Italia violenta. El cine policiaco italiano”, esta retrospectiva propone un sólido examen de esa tradición fílmica desde sus albores, cuando todavía no constituía un canon, hasta el uso de sus códigos en películas contemporáneas.
Integrado por obras y autores clásicos del cine italiano en general, “el ciclo ayudará a difundir un género que sirve para realizar un acertado retrato del país y que todavía hoy sigue pendiente de revisión desde un prisma contemporáneo”, destaca en su página web el prestigioso evento español. Las proyecciones estarán acompañadas por un libro monográfico del historiador, investigador, periodista y programador cinematográfico Felipe Cabrerizo, quien coordinó y curó la muestra de la mano de Quim Casas, crítico y miembro del comité de selección del festival. Gracias también al apoyo del Istituto Italiano di Cultura, “Italia violenta. El cine policiaco italiano” promete contribuir a la revalorización de un género menospreciado en ocasiones, si bien asumido como coartada por importantes creadores para dialogar con el país y emprender notables ejercicios estilísticos.
Abrirá el programa Ossessione (1943), el clásico debut de Luchino Visconti en el largometraje, un controversial filme que dio “un pistoletazo de salida a [este] género que será enormemente transitado durante toda la historia del cine italiano”, como bien apuntan los organizadores. Adaptación de la novela El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain, Ossessione despliega un particular uso de los parámetros distintivos del neorrealismo en una trama criminal que no fue bien recibida por las autoridades de la época. El régimen fascista censuró la película, rescatada después de la guerra gracias a las copias escondidas por el propio realizador.
Impulsados por esta película de Visconti, creadores como Mario Soldati y Fernando Cerchio, emprenderán a finales de la década del cuarenta sus propias variaciones del género en filmes que “analizarán las consecuencias que la guerra había dejado en el tejido del país”. Estos últimos, a su vez, motivarán las incursiones unos pocos años después de autores como Pietro Germi o Luigi Zampa. Ya entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta, el poliziesco se vuelve un género corriente en la península italiana. Por esos días se comienza a fraguar un estilo más propio del país, independiente del influjo originalmente recibido de las cinematografías estadounidense y francesa.
Subrayan los organizadores del ciclo que será Pietro Germi, con su filme Un maldito embrollo (1959), el responsable de encontrar “las claves que permitirán al género desarrollar una vida propia [en Italia], desvinculándose de la aún evidente influencia de los referentes extranjeros”. El poliziesco conseguirá “emprender un nuevo camino centrado en tomar el pulso a la sociedad”, tal como se advierte en la producción de otros realizadores incluidos en la retrospectiva: Fernando Cerchio, Umberto Lenzi, Pasquale Squitieri, Alberto Lattuada, Sergio Sollima, Francesco Rosi, Elio Petri o Damiano Damiani.
Los dos últimos desempeñaron un papel esencial en la conformación de un auténtico policiaco italiano, e impulsaron la consolidación de una industria alrededor del género.
Cuando estaba próxima a terminar la década del sesenta, “tras el colapso del boom económico y el estallido de 1968”, el realizador Damiano Damiani “abrirá con El día de la lechuza (1968) un nuevo prisma sociológico sobre el problema de la Mafia”, mientras que Elio Petri “llevará esta vía política a su punto culminante con Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1969)”. La película de Petri, centrada en los ardides de un alto oficial de policía que asesina a una amante y manipula el proceso de investigación del crimen, fue aclamada a nivel internacional, sobre todo después de recibir el Oscar a Mejor película extranjera, así como el premio FIPRESCI y el Gran Premio del Festival de Cine de Cannes.
La sistemática incursión en este género resultó “en un panorama que fue enriqueciéndose hasta convertir al poliziesco en un pilar fundamental de la industria cinematográfica italiana, capaz incluso de estructurar todo un star system en el que tendrán particular relevancia actores como Tomas Milian, Franco Nero, Fabio Testi, Gian Maria Volonté, Maurizio Merli, Claudia Cardinale o Giuliano Gemma”, se recuerda tambiénen la página del festival. Los años setenta constituyen el periodo de su mayor esplendor, al punto de que apareció un subgénero denominado poliziotteschi, el cual tomaría fuerza tras La policía agradece (1972), una obra de Stefano Vanzina galardonada con la Concha de Plata al Mejor director en San Sebastián. El poliziotteschi es valorado como una “revitalización del policiaco desde parámetros de género puro que se erigirá en auténtico hito del cine B”.
Además de Ossessione (Luchino Visconti, 1943), la selección incluye, de los años cuarenta, Fuga in Francia (Mario Soldati, 1948) y In nome della legge (Pietro Germi, 1949); de los cincuenta, Nacido en el odio (Fernando Cerchio, 1951), La città si difende (Pietro Germi, 1951), Processo alla città (Luigi Zampa, 1952) y Un maldito embrollo (Pietro Germi, 1959), y de los sesenta, El poder de la mafia (Alberto Lattuada, 1962), Bandidos en Milán (Carlo Lizzani, 1968) y El día de la lechuza (Damiano Damiani, 1968).
Por supuesto, la mayor cantidad de obras programadas proviene de los setenta: Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (Elio Petri, 1970), La policía agradece (Stefano Vanzina, 1972), Milano calibro 9 (Fernando Di Leo, 1972), Revolver (Sergio Sollima, 1973), Milano odia: la polizia non può sparare (Umberto Lenzi, 1974), Excelentísimos cadáveres (Francesco Rosi, 1976), Roma a mano armada (Umberto Lenzi, 1976) y La fuerza del silencio (Pasquale Squitieri, 1977).
Y el ciclo cierra con una película de los años ochenta: El caso Moro (Giuseppe Ferrara, 1986); más tres incursiones emprendidas en este nuevo siglo: Buenos días, noche (Marco Bellocchio, 2003), Gomorra (Matteo Garrone, 2008) y Última noche en Milán (Andrea Di Stefano, 2023).
Después del enorme éxito del poliziesco durante los setenta, su popularidad menguará considerablemente. En tiempos más cercanos, señalan los curadores, “resurgirá brillantemente con Gomorra, la película que lo devolvió a una primera línea que se antoja clave para el cine italiano”. El filme de Garrone, adaptación de la novela homónima de Roberto Saviano, no solo revitalizó los códigos del género, sino que ensayó nuevas posibilidades para el mismo. Ganador del Gran Premio del Jurado de Cannes en 2008, Gomorra se exhibirá en San Sebastián remasterizado en 4k y en un nuevo corte del director.










