Blanchot, más que un agonista o un trágico, como a veces se le cataloga, es alguien que escribe y piensa dentro de esa tradición: la de Montaigne y sus seguidores.
Recién salido de su internado, Artaud descarga su odio a las religiones y su desapego a la moral. Era un escritor blasfemo, castrado por la cultura occidental.
“Un corazón bajo la sotana”, de Rimbaud, es una señal jocosa de la futura rebelión que arrasaría –en lo literario– con los cimientos de la cansada cultura europea.
En el proceso de estudiar las figuraciones literarias del andrógino en el imaginario romántico encontré, en el margen de la literatura, las memorias de...