El calambur político en la última exposición de Arturo Cuenca

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Arturo Cuenca retratado por Geandy Pavón

La teoría trae sus sufrimientos.
WittgensteinAforismos

Arturo Cuenca es uno de los artistas cubanos más importantes de la generación de los ochenta. La teoría hecha carne, Cuenca es performativo, testarudo, jovial, curioso y musical. Específicamente, Cuenca es un discutidor nato, al punto de arriesgarlo todo por su verdad. Después de una larga hibernación, reaparece con The Facebook Work, en Art@work, la galería dirigida por Arturo Mosquera en Miami.

Fotosofía y calambur

Comencemos con la fotosofía,[1] esa invención cuenquista que funge como “razón teórica del arte”. En la fotosofía la imagen puede parecer –como señalara un estudioso de fines de los años noventa– “fuera de foco”. Observación fácil. No exactamente. La fotosofía es una amplificación de la imagen, toma y daca entre tipología y grafología, representación y dialecto, imagen y morfema, impresión y polisemia.

A continuación, les presento dos ejemplos (que no forman parte de la exhibición).

‘The Ontology of Kitsch’, Arturo Cuenca, 1983

En The Ontology of Kitsch vemos el logograma en forma de K superpuesto sobre la imagen de un oso pardo. La figura es ambigua. ¿Por qué un oso pardo? Respuesta al vuelo: animal carnívoro, valiente, de grueso pelaje, que hiberna… y portador de la K. ¿Qué es la K? Puede ser símbolo del potasio, unidad de Kelvin, número de Knudsen, o simplemente ese grafema griego oclusivo y sordo que suena como la C, por ejemplo, K de Kitsch o de Kuenca. Ahora bien, lo anterior no pretende sino ilustrar la ambigüedad misma de la fotosofía.

‘This isnʼt Havana’, Arturo Cuenca, 1991

El texto en inglés “this isnʼt Havana” –en la obra homónima– aparece sobre la foto borrosa de un edificio de corte neoclásico con jardines. Cuenca nos recuerda la paradójica Ceci n’est pas une pipe (1929), de René Magritte, que a su vez le hace un guiño al cuento de Denis Diderot (1772) titulado: “Ceci n’est pas un conte” (“Esto no es un cuento”). Esto no es significa exactamente lo contrario.

En el calambur la palabra y la imagen se trocan y equivocan mutuamente. Calambur (pun, en inglés) viene de calamo burlare, que es burlarse con la pluma; es asimismo un “recurso lingüístico de errores sintácticos y equívocos, generadores de hilaridad”.[2] La fotosofía cuenquista además lleva otros nombres: jeux de mots o Sprachspiel.[3]

Ideología y propaganda

La teoría para Cuenca es una preocupación estética entendida en el sentido más general. Cuenca creció con la ideología y la usó como herramienta desde el principio de su carrera. Sin embargo, aunque su arte fuera ideológico, no era político en el sentido de tomar partido por la derecha o la izquierda. Lo ideológico y lo político no son la misma cosa. Aquí me apoyo en un punto de Paul Ricoeur que entiende la ideología a la vez como deformación y legitimación. Es decir, estamos discutiendo ideas, no fenómenos. La foto de una manifestación no significa manifestarse con la foto. Crear un lenguaje político auténtico es difícil y traicionero, pues lo político es una esfera de exageraciones e hipérboles (de ahí la diferencia entre arte y propaganda).

El arte no es argumentación sino ambigüedad. Lo político, tanto de derecha como de izquierda, es contextual y manipulador. ¿Quieren la prueba? La mayoría de los artistas cubanos contestatarios de la generación de los ochenta dejó de producir arte de tipo político luego de su emigración generalizada a los Estados Unidos. Lo que despistó y alarmó a esos artistas fue descubrir que el arte de protesta contra el castrismo era recibido como una forma de propaganda enemiga por la izquierda norteamericana (la misma izquierda que al fin y al cabo domina las instituciones culturales en Estados Unidos). La opción era clara: o seguir protestando y no vender, o buscarse un lenguaje diferente.

De ahí lo inusitado de este show. Si bien Cuenca ha estructurado un lenguaje directo, inmediato y tipográficamente accesible, The Facebook Work resulta políticamente incorrecta en grado superlativo. ¿Por qué?

Lo políticamente incorrecto

Cualquier cosa que atente contra la doctrina política y estética del sistema del arte es, ipso facto, políticamente incorrecto.

En una reciente entrevista para Babelia con motivo de Arco 2020, el comisario estrella del mundo del arte, Hans Ulrich Obrist, presenta lo que él llama “sistema del arte”, maquinaria teleológica con un programa político y ecológico. La ampulosa retórica globalista y mesiánica del Überkurator suizo circunvala lo gubernamental, en lo que se refiere a las pautas a seguir dentro del sistema. Nunca antes se había definido el sistema del arte como “plataforma del pensamiento” con el poder de “dar forma al futuro” y a la vez “enfrentar los problemas más graves del mundo con honestidad y esperanza”.

Pero Ulrich Obrist miente.

El año pasado el sistema del arte contemporáneo ganó mil novecientos millones de dólares, lo que corresponde a un incremento del 22 por ciento sobre 2018. El sistema del arte contemporáneo es realmente una maquinaria de mercado con pingües ganancias, fundamentada en una ideología políticamente correcta, administrada por un férreo consenso político, un espectáculo mediático y la apertura de nuevos mercados.

El consenso refleja la adhesión política de comisarios estrellas y la élite de directores de museos y galerías. El espectáculo consiste en una prensa manipulada por publicistas y comisarios de segunda y tercera categoría que legitiman las políticas dictadas desde arriba. Ambos grupos se apoyan en una poderosa maquinaria de ganancias, montada sobre un programa global de bienales, trienales, ferias de arte y subastas.

Entonces hace su entrada la corrección política. El mercado que mueve la maquinaria del arte deberá ser condenado a toda costa: decir mercado es anatema.

The Facebook Work de Cuenca

Ir contra el sistema del arte significa desaparecer como artista. Arturo Cuenca se ha estrellado y perdido más de diez años de carrera en esa lucha desigual. La muestra así lo demuestra.

‘JFKlinton. A Composite Mug Shot of Democratic Party Rapesidents’, Arturo Cuenca, 2016-2020

JFKlinton. A Composite Mug Shot of Democratic Party Rapesidents combina las caras de dos presidentes: John F. Kennedy y Bill Clinton, esbozando una sonrisa cuestionable. JFKlinton preserva las iniciales del presidente treinta y cinco, seguido del apellido del presidente cuarenta y dos de Estados Unidos. El neologismo rapesidents es ácido (rape y presidents) en unidad lexicográfica virulenta.

‘Fbillary Mug Shot’, Arturo Cuenca, 2016-2020

FBIllary Mug Shot combina concepto y logograma de manera paralela: el acrónimo FBI y el nombre de la primera dama cuarenta y dos de Estados Unidos, significados por el escudo del FBI (Federal Bureau of Investigations) superpuesto sobre la cara en forma de mueca de Hillary. La foto nos remite a la controversia del servidor de correo de la contendiente del partido demócrata durante las elecciones presidenciales de 2016. La obra transmite reportaje, confabulación y hermetismo.

‘Chavstro or the Bolivarsheviks’, Arturo Cuenca, 2016-2020

Chavstro or the Bolivarsheviks recoge el momento almidonado en que el presidente Hugo Chávez condecora al recién estrenado presidente Raúl Castro con la Orden Gran Libertador de Venezuela en 2009. Chavstro y Bolivarsheviks son términos léxicos aledaños nunca antes mencionados ni asociados.

‘Holocastro or The Grand Dictraitor’, Arturo Cuenca, 2016-2020

La foto manipulada de Castro con la boca entreabierta mirando hacia arriba, cual San Pedro arrobado de una pintura de José de Ribera, lleva por nombre: Holocastro or The Grand Dictraitor. El manido vocablo holocausto deviene Holocastro y Great Dictator, título de la película más comercial de Charlie Chaplin (1940), deviene Dictraitor (dictador/traidor). Son, sencillamente, cuenquismos para el futuro.

‘The Democrimetic Partum’, Arturo Cuenca, 2016-2020

The Democrimetic Partum, sin embargo, no es tan exitosa. Suficiente con el título, no así las dos oraciones siguientes, fungiendo como razones para apuntalar el calambur. No hay peor enemigo de la fotosofía que traicionar sus propias reglas de ambigüedad.

‘The Populocratic Rapesident Bill Leftwingski’, Arturo Cuenca, 2012-2016

The Populocratic Rapesident Bill Leftwingski implica a Bill Clinton (con sonrisa postiza en contubernio con la izquierda norteamericana). Cuenca lanza el lexema –ingski por Mónica Lewinsky, la joven interna de la Casa Blanca y partícipe del escándalo sexual con el presidente cuarenta y dos (que termina con el segundo impeachment presidencial de los Estados Unidos). Ideológicamente hablando, la foto es un artefacto explosivo improvisado.

‘Bill Che Blasio, A Double Interchangeable Mugshot’, Arturo Cuenca, 2016-2020

¿Bill Che Blasio? (Bill De Blasio es el actual alcalde de Nueva York y fervoroso admirador del Che): ¡InimiCHEeable!

The Facebook Work es una muestra de arte gráfico directo, inmediato y cáustico, que hubiera hecho feliz a ese maestro de la propaganda John Heartfield (incluso sin estar de acuerdo con Cuenca, el dadaísta alemán le daría una A). La exhibición auspicia una nueva fase del arte de Arturo Cuenca. ¡Enhorabuena!

Arturo Cuenca, The Facebook Work, noviembre 29-marzo 15, 2020, Art@work, 1245 SW 87th Ave, Miami.


Notas:

[1] “Soy un fotósofo” (en conversación con Cuenca durante la charla sobre la muestra).

[2] “La fecha de nacimiento del calambur entendido como figura inventariable en la retórica es relativamente reciente (siglo XVIII) […]. Se atribuye su origen a François Georges Maréschal, marqués de Biève” (Mario García Page: “El calambur, una propuesta de definición”, Moenia, n.o 16, 2010, p. 167).

[3] Sprachspiel es, para Wittgenstein, un juego retórico, conceptual y filosófico.

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