Fotógrafo Raúl Cañibano, segundo invitado de la muestra ‘Itinerarios’ en la galería habanera El Apartamento

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De Raúl Cañibano (IMAGEN Instagram / José Manuel Mesías)
De Raúl Cañibano (IMAGEN Instagram / José Manuel Mesías)

Para el fotógrafo cubano Raúl Cañibano (La Habana, 1961), la fotografía es, sobre todo, una emoción. Así lo confesó este viernes 29 de julio en el segundo encuentro paralelo a la muestra Itinerarios, de José Manuel Mesías, en la galería independiente El Apartamento, ubicada en la calle H, esquina a 15, en El Vedado habanero.

Esta serie de charlas tuvieron su punto iniciático el pasado día 14. En esa ocasión fue el propio José Manuel Mesías el encargado de relatar sus itinerancias hasta la más reciente muestra en El Apartamento, donde exhibe una “taxonomía” de “objetos encontrados”; un mapa poroso donde todos los cuerpos están desmembrados. Itinerarios, comisariada por Liatna Hernández, abrió al público en abril y se podrá ver hasta septiembre.

En este lapso, cada jueves en la tarde –hasta el cierre de la exhibición– serán invitadas personas que de alguna manera recoloquen sus trayectorias en relación a los Itinerarios convocantes: “encuentros con amigos, creadores e investigadores”. El pasado jueves 21, por ejemplo, pudimos conocer las derivas del crítico de arte, curador, antropólogo, fotógrafo y poeta Orlando Hernández. Charla que dio paso a la última del mes de julio, con el fotógrafo Raúl Cañibano como protagonista.

En conversación con la curadora Claudia Arcos, Cañibano presentó, anécdotas mediante, varias decenas de sus fotografías más icónicas. Así también recorrió sus series más representativas. Se detuvo en Tierra guajira, un ensayo fotográfico que inició a finales de los noventa y que aún continúa. “No termino ninguna serie. Les añado nuevas imágenes constantemente. A veces me doy cuenta de que necesito fotografiar elementos, momentos, situaciones particulares, y regreso al campo. Creo que en el campo es donde mejor me siento”, afirmó quien es uno de los más elocuentes fotógrafos cubanos.

Otras de sus series, Ciudad, Fe por San Lázaro, Ocaso, dejan ver su marcado interés antropológico. “A mí lo que me interesa”, explicó, “es el ser humano en su contexto. Me gusta hablar con la gente. He recorrido toda Cuba. Detrás de todas mis fotografías lo que está es una idea de Cuba. Son fotografías influenciadas por todo lo que he visto, por toda la historia del arte. Hay quien dice que algunas de mis fotografías son surrealistas. Una vez, viendo una imagen que había tomado, me di cuenta de que tenía mucho que ver con Magritte, pero no era consciente. Parto siempre de la intuición”.

La fotografía documental de Cañibano es reconocida no solo en Cuba. Allende los mares, sus imágenes esbozan el sino de la nación.

Su mirada escarba allí donde sería imposible ver a otros. Su mirada encuentra dramaturgias insospechadas. Su mirada (dilatada) y su intuición enmarcan a un país y lo dejan a la intemperie. “A veces hago fotografías bonitas”, dice y sonríe.

Prefiere intervenir lo menos posible la imagen tomada. Aspira a que el clic sea definitivo. A veces, mínimamente, utiliza Photoshop. A veces, mínimamente, construye lo que está frente a la imagen. Inevitablemente construye la realidad. La fotografía construye realidades múltiples. Múltiples son las lecturas de sus fotos. Hace hincapié en esto. En la polisemia. Casi todas sus imágenes tratan de contar historias múltiples. Casi todas muestran, en sí mismas, cápsulas que componen un cuadro total, inmarcesible.

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Supimos que ama los perros. Ama también fotografiarlos. Reveló que siente una presencia insuficiente de las mujeres en sus imágenes. “Hay, pero faltan”.

Actualmente, trabaja con cámaras digitales en una nueva serie sobre las costas de Cuba. “Un bojeo”.

Según él, en unos pocos años Cuba será el país más envejecido del mundo. Por eso no deja de fotografiar a los ancianos. Mostró fotografías de su madre a modo de resumen de lo que significan las personas de la tercera edad. Es un tema que lo conmueve, asegura.

Extraña el mecanismo analógico. “Aquí en Cuba es muy complicado, escasean mucho los recursos. Quisiera, pero no puedo”. Por mucho tiempo trabajó con cámaras analógicas, casi siempre de segundas “y terceras” manos. Le costó mucho empezar a manipular cámaras digitales, pero se acostumbró. Con nostalgia recuerda el momento del revelado, su impotencia frente a lo desconocido.

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