La Manigua de Rainy Silvestre: un espacio para conversar sobre fotografía y arte

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De la serie ‘Little Havana’, Rainy Silvestre

Rainy Silvestre fue un niño “terrible”. Me confiesa que en la escuela se la pasaba de bronca en bronca. Se la pasaba fajándose. Tan terrible que enloquecía a su madre; pero un día que paseaba con ella vio, en cierto mercado, “una camarita plástica, de esas que son medio juguetes pero que hacen fotos de verdad”. Era una cámara con cuerpo de plástico negro y letras rojas. Una cámara soviética pequeña, barata, simpática. Era la cámara analógica del proletariado. Eran los años ochenta. Era la Smena 8M.

Su madre se la compró, pero Silvestre no sabía usarla. Le regalaron, entonces, un libro de fotografía que aún conserva. Dice que no logró buenas imágenes, “excepto algunas”. Pero el “bichito” se le quedó adentro y después de dar “muchos tumbos” y de “muchos intentos fallidos” fue aprendiendo. Aprendió, por ejemplo –“porque la parte técnica de la fotografía es fascinante”–, a revelar en el cuarto oscuro. “Tengo interés en que la fotografía analógica sobreviva”, enfatiza.

Aunque comenzó su devenir fotográfico como autodidacta, Rainy Silvestre (Matanzas, 1975) se graduó del Instituto de Fotografía de Nueva York y ha expuesto en galerías de México, España, Argentina y Estados Unidos. “Es curioso –refiere Silvestre– porque donde más aprendí de la parte teórica, a nivel artístico, no fue en esa academia que mencionas. Tuve la suerte de hacer un diplomado en Página en Blando con la tutela de Juan Antonio Molina Cuesta y varios profesores invitados. Es una experiencia que recomiendo a todos los jóvenes que buscan orientar sus carreras profesionales. El haber salido de «la maldita circunstancia del agua por todas partes» me ha proporcionado, como fotógrafo, la posibilidad de desarrollar una carrera que antes no pude soñar.”

Desde 1998, el fotógrafo cubano vive en Miami, donde tiene una réplica de aquella primera Smena 8M a la que de vez en cuando le pone un rollo, “para recordar”. Vive “en una zona muy apartada y llena de lagos donde hay tortugas, varios tipos de peces, mangle, iguanas” y hasta cocodrilos ha visto. “Parece una manigua”, comenta, pero no se queda ahí, en lo aparencial, y busca la definición de manigua en Google y me la envía: “Terreno pantanoso y cubierto de maleza: abriéndote paso entre la manigua, inaugurarás caminos y atajos”:

“Esto resonó en mí. Hace tiempo vengo pensando que el mundo del arte se ha convertido un poco en eso, en una manigua. Un lugar pantanoso y lleno de maleza. No pretendo tener la solución, pero sí la determinación para proponer un cambio, ofrecer visibilidad y abrir nuevos caminos.”

Por eso creó, dentro de su página web personal, la sección de entrevistas La Manigua, no con la acepción de “lugar pantanoso y lleno de maleza”, sino como su contranarrativa, para inaugurar “caminos y atajos”. Hasta ahora, Silvestre ha publicado once entrevistas a fotógrafos, artistas viuales y cineastas: Jorge J. Pérez, Alexander González Delgado, Luna Tristá, Juan Arístides Otamendiz, Willy Castellanos, Damaris Betancourt, Lissette Schaeffler, Sebastián Elizondo, Viviana Zargón, Tria Giovan y Héctor David Rosales.

Edgar Ariel

Quisiera que me contaras con qué objetivo creaste La Manigua. Sé que es una plataforma en la que promueves tu trabajo, pero no se queda ahí, sino que, además, promueves el trabajo de otros fotógrafos.

La Manigua surge a partir de una broma con mi buen amigo y colega Jorge J. Pérez. El 4 de julio de este año salí a Little Havana a probar una nueva cámara, mi primera cámara digital en más de cinco años. De regreso, pasé por la casa de Jorgito y mientras conversábamos le hice un par de retratos muy sencillos. Cuando me iba le dije a modo de chiste que iba a subir las fotos y a decir que eran retratos para su entrevista.

De camino a casa, esa idea de la entrevista no se me iba de la cabeza. Me senté en mi sofá y de pronto empezaron a salir preguntas muy sencillas y sin pretensiones, con la idea de informar y dar a conocer un poco su trabajo. De pronto fue tomando forma y se convirtió en mi blog.

¿Cuál es el principal objetivo de La Manigua?

El principal objetivo es promover la obra de otros artistas. No quiero que La Manigua se encasille sólo en la fotografía, quiero incluir otras formas de arte. Me interesa mostrar diversidad, inclusividad y creatividad.

Aunque mencionas que en La Manigua promuevo mi trabajo, la promoción viene dada con un sentido colateral. Empecé La Manigua en mi página web personal por una cuestión de necesidad de cambio. En estos momentos me encuentro diseñando un sitio web independiente para el blog. Por supuesto, siempre habrá una conexión conmigo, pero intentaré distanciar ambos espacios.

La Manigua continúa creciendo. Me propongo diseñar un espacio para mostrar un artista cada mes, donde, además, se integren textos críticos y de historia del arte, talleres de fotografía analógica y hasta algunos recorridos con personas interesadas en conocer un poco más de Miami y de la Pequeña Habana.

Los fotógrafos que invitas a La Manigua tienen procedencias muy diversas. ¿Cómo los escoges? ¿A partir de qué requisitos los seleccionas? ¿Partes de algún criterio curatorial específico?

No soy curador ni pretenderé serlo, al menos no en el futuro inmediato. Me la paso estudiando porque me gusta estar informado. Me rodeo de personas con conocimiento, soy curioso y disfruto aprender. Desde niño, soy así, incansable e insaciable de conocimiento.

La diversidad en el blog viene, en gran medida, de mi gusto personal, me siento con esa libertad de elección. Observo algo y me gusta o no me gusta, me despierta sentimientos o no. A pesar de esto, no elijo las obras a modo de “dictadura” artística. Creo que hay cosas muy buenas y, aunque no me gusten, merecen ser vistas por los demás.

Llevo años siguiendo lo que sucede en el mundo del arte contemporáneo, viendo mucha fotografía, incluso en una época en que guardé las cámaras por motivos de prioridades económicas. Nunca me alejé del todo. He tenido muy buenos mentores desde muy joven y a ellos culpo y agradezco por mi forma de seleccionar.

Tu imaginario fotográfico es bastante amplio. Imbricas personas, objetos, espacios…

Fachadas, macetas con plantas, una silla rota, un sofá abandonado, un cartel lumínico… Son elementos que están en mi memoria y los utilizo como herramientas.

Mis fotos tienen una especie de equilibrio visual entre la inquietud y la pausa.

El ser humano entre la inquietud y la pausa…

Mi obra depende mucho del ser humano y de su ausencia, su huella. Me interesan los espacios y mi relación con ellos. No te voy a meter la muela “autorreferencial” que está tan a la moda. No considero mi obra como conceptual, aunque hay quienes argumentan que sí. La describo más bien como un archivo histórico social. Documento espacios, lugares, edificaciones, y gran parte de ella emerge de mi memoria: de lo que traje conmigo de Cuba en la mochila sentimental.

Ahora que la mencionas, ¿qué es, para ti, la fotografía cubana contemporánea?

La respuesta a esta pregunta podría devenir en un ensayo. Si vamos a hablar de fotografía cubana contemporánea, hay que empezar por la segunda mitad del siglo pasado. Existe una especie de antes y después marcado por la Revolución cubana. La fotografía posrevolucionaria fue transformativa.

Hasta 1959 había sido una fotografía marcada por cánones estéticos muy similares al resto del mundo e incluso imitando un poco el estilo visual norteamericano, características que se transformaron paulatinamente con la llegada de jóvenes generaciones. Se comienza a desarrollar un trabajo documental extenso. Hay muchos fotógrafos con una trayectoria relevante dentro de la historia de este género. Podría mencionar nombres, pero temo dejar a alguien fuera y no sería justo

En la actualidad hay muchos fotógrafos haciendo una obra exquisita que debe incluirse, sin dudas, en eso que se conoce como fotografía cubana contemporánea. Te puedo garantizar que hay muchos trabajando prolíficamente, creando imágenes potentes.

Pero me pregunto: ¿estamos incluyendo en la fotografía cubana contemporánea a todos los fotógrafos que no residimos en Cuba?

¿Puedes responder tú mismo a esta pregunta?

La cantidad de talento fotográfico que vive en la diáspora es enorme. Mi opinión es que la fotografía cubana contemporánea atraviesa un buen momento. Es cierto que hay mucha gente con cámara que se hace llamar fotógrafo, pero las personas que saben reconocer una obra fotográfica buena de una mala pueden discernir.

Considero también que hay un problema grave: las redes sociales. Estas plataformas le brindan un stage a cualquiera y eso es lamentable, específicamente en el sentido cuantitativo y no cualitativo. Pero me mantengo positivo y con fe en el éxito de los que se esfuerzan, se sacrifican y se superan.

Parecería una pregunta trivial, pero ¿qué es la fotografía para Rainy Silvestre?

La fotografía es una forma de vida, de observar e interpretar el mundo en sus diversos ángulos. Me levanto y desayuno fotografía, almuerzo, meriendo y ceno fotografía. Es una obsesión, no puedo negarla. Estamos liados. Siempre estoy pensando en imágenes y por eso me considero afortunado. Los fotógrafos tenemos una especie de “don divino” y podemos redescubrir el mundo con una mirada distinta a la mayoría de las personas.

Para mí la fotografía es una necesidad vital.

Actualmente, en medio de una pandemia y de sus consecuentes restricciones sociales, y teniendo en cuenta que utilizas mucho en tu trabajo el espacio público, ¿cómo te enfrentas al hecho fotográfico? Por consiguiente, ¿cómo te enfrentas, hoy, a la ciudad, a la ciudad como concepto, como noción, tan notable en tu obra?

Creo que lo principal es adaptarse. La ciudad se transforma constantemente. Es como un ser viviente que respira y se mueve. Mi función es documentar y mantener este archivo fotográfico en constante crecimiento, intentar seguirle el ritmo a la ciudad y transformarme con ella.

No he dejado de fotografiar en la pandemia. Por suerte casi siempre trabajo solo y me voy, principalmente en las noches, a Little Havana, a continuar mi proyecto. También hice una serie, Ausencia, documentando el aeropuerto de Miami completamente vacío en esos primeros meses de la Covid-19.

Además, una selección de mis fotos de la serie Little Havana conforman una edición especial de un libro producido y diseñado por la editorial independiente Peanut Press Books. El fenómeno de la gentrificación afecta, en gran medida, una zona como Little Havana. Fue una zona olvidada, abandonada por mucho tiempo. A veces regreso a lugares previamente fotografiados para descubrir que ya no existen.

En tu página web podemos leer un texto que publicaste el 1ro de mayo donde dices que pasaron treinta días sin que pudieras “abrazar” y que esperaste diez “largos días” por los resultados de la prueba tras entrar en contacto con un enfermo del virus… ¿Afectó de algún modo tangible esta experiencia a tu fotografía?

A principios de la pandemia, cuando todo cerró de golpe, fue un shock total. Tengo un hijo de diez años del que nunca me había separado por más de una semana o dos, cuando se iba de vacaciones con su mamá. De pronto, tuve que hacerme pruebas y esperar resultados por mucho tiempo. Estuve un mes sin poder abrazarlo. Lo fui a ver en varias ocasiones, pero no me acercaba nunca a menos de los seis pies recomendados y usando máscara.

Fue una situación muy difícil. Los niveles de ansiedad subieron, y, buscando salidas, me dediqué a caminar por las mañanas con una cámara en la mano. Ya tengo la costumbre de caminar varias millas en la mañana, pero esta vez agregué cámara y rollos. Durante ese mes fotografié los alrededores de mi barrio, lagos y canales, específicamente. Surgió una serie de carácter poético llamada Relatos del Silencio.

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