Liliam Dooley: “El cartel como herramienta puede ser poderoso”

Continuamos una serie de entrevistas (+imágenes) que busca informar sobre quiénes son los actores de la ilustración y el diseño cubano contemporáneos.

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Liliam Dooley.
Liliam Dooley.

La diseñadora cubana Liliam Dooley (La Habana, 1971) redimensiona la noción tradicional de autoría. Quizá este desplazamiento sea el que transversalice todo su recorrido como diseñadora gráfica y de vestuario. Sus piezas textiles marcan una visualidad relacionada con el cuerpo precario (como epistemología de creación) y sus carteles (quizá sus creaciones más visibles en los últimos tiempos) dilatan, sobre todo, eso que entendemos por autor(idad). Son imágenes que eliminan al “autor” como figura que posee el dominio de originalidad y finalidad. Son imágenes que devienen un reciclaje material de significados. Son imágenes que asumen también la protesta como un gesto de pertinacia ciudadana. Estas ideas y otras son sólo un extracto de la siguiente conversación.

Edgar Ariel

Liliam, en los últimos meses tus carteles en torno a las protestas sociales en Cuba han servido para visibilizar acciones que reivindican la subalternidad. Quisiera que comentaras algunos de estos carteles.

Sucedió a partir del 27N. Yo estaba fuera de Cuba, pero lo viví con intensidad. La angustia que me quedó después de todo lo que había sucedido con Luis Manuel [Otero Alcántara], el zarpazo contra el MSI [Movimiento San Isidro] y el desprecio del Ministerio de Cultura frente aquellos trescientos muchachos y destacados artistas, me hizo pensar que debía apoyar de alguna manera.

Frente a todos estos sucesos, lo primero que pensé fue en las “Palabras a los intelectuales” de Fidel Castro, que estaban siendo muy celebradas por el discurso oficial en esos días en Cuba. Quise subvertir sus palabras en favor de la libertad de expresión. El cartel como herramienta puede ser poderoso y puede llegar a mucha gente mediante las redes sociales, por eso decidí intervenir de esta manera.

Cartel original de Ernesto Ferrand (1994), intervenido por Liliam en 2020.
Cartel original de Ernesto Ferrand (1994), intervenido por Liliam en 2020.

A raíz de esta primera idea escogí el cartel de Fresa y chocolate, de Ernesto Ferrand, porque quería una imagen reconocida, ya probada y querida por los cubanos. La imagen del abrazo, en este caso reconciliador, me funcionó porque todavía había entre algunos una gota de esperanza ante la posibilidad que se produjera algún diálogo entre la sociedad y las autoridades. Lo más importante era que llegara el mensaje. Si era o no original, diseño o no, rediseño, apropiacionismo o no, era lo menos importante.

Por ese tiempo había surgido ya el proyecto Carteles por la Libertad, que me pareció una buena idea para reunir a los diseñadores en función de una causa común a favor del pueblo. Ya que nos formamos y hemos trabajado para el Estado y sus intereses, ahora nos tocaría también poner nuestras capacidades en construir un país mejor, ¿no? Casi todos los carteles los he enviado para ese proyecto.

Cartel original de René Azcuy (1981), intervenido por Liliam en 2020.
Cartel original de René Azcuy (1981), intervenido por Liliam en 2020.

Luego de hacer ese cartel se me disparó la idea de repetir el gesto de rediseñar carteles, que fuesen reconocidos, muchos de ellos emblemáticos y admirados en el mundo entero, a favor de visibilizar las horribles situaciones que se están viviendo en Cuba. Así rediseñé luego el de Rita, de René Azcuy, que se convirtió en “Grita”; Besos robados, también de Azcuy, se convirtió en “Derechos robados”: Niños desaparecidos, de Bachs, Moncada, que es anónimo, Canción Protesta, de Rostgaard, entre otros. Muchos otros diseñadores han hecho lo mismo, no hay nada nuevo en esto de rediseñar clásicos.

Con el mismo objetivo he rediseñado, entre otros, la publicidad de la XIV Bienal de La Habana, un cartel de Hamlet [Lavastida], el logo del PCC, o una cuquita (de la teniente coronel Kenia) para recortar.

Cartel de 2021.
Cartel de 2021.

Es usual que en estos carteles adoptes el apropiacionismo como método de creación y resignifiques sus propuestas originales. ¿Cómo pudieras “justificar” esta metodología?

Eso que llamas “apropiacionismo” yo lo veo más en la dirección contraria. Para mí es como decir: “esto no lo he hecho yo”. Es una posición ante la creación que intento mantener en todo lo que hago. No es fácil, es casi un boicot contra mí, porque en el campo del diseño si no eres original no tienes valor. Intento desplazar los valores de los elementos que constituyen un resultado creativo, y dentro de ellos hacer que el autor pase a un segundo plano. Algo así como que no importa quién lo hizo o de quién parece, lo que importa es para qué sirve.

En el caso específico de estos carteles rediseñados, el valor lo han puesto todos estos reconocidos autores originales, yo sólo intento poner un cono que voltee ese talento hacia una necesidad social actual. Y que me perdonen los maestros, no sé si hubiesen estado de acuerdo. La Revolución cubana sedujo y aprovechó el talento de grandes creadores en muchas ramas para construir su relato y venderlo al mundo. Creo que también por esa razón me interesa intervenir estas imágenes, para usar sus mismos recursos, pero en reparar la imagen de Cuba.

Cartel original de Félix Beltrán (1971), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Félix Beltrán (1971), intervenido por Liliam en 2021.

¿Cómo te relacionas con la tradición del grafismo en Cuba?

Mi relación con la tradición del grafismo en Cuba es de admiración y respeto. No me considero cartelista y quizás hasta se piense que lo que hago es un sacrilegio. Pero como creadora, para dejarlo en un sentido más amplio, no reparo en disciplinas, todo lo que me sirva de herramienta puede ser válido.

Esta necesidad de subvertir ideas, piezas, prendas, objetos, te acompaña desde tus estudios en el Instituto Superior de Diseño (ISDi). Antes habías estudiado en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, ¿verdad?

Sí, estudié el nivel elemental de Artes Plásticas en una escuela ubicada en 23 y C, luego en San Alejandro. En mi año estaba la mayoría de los integrantes del grupo Artecalle, ese fue mi contexto. Nunca me interesó el ISA [Universidad de las Artes de Cuba], tenía muy claro que quería estudiar diseño. También he tenido la oportunidad de experimentar el diseño de vestuario, en el teatro, la televisión y el cine dentro de la EICTV [Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños].

Cartel original de Julio Eloy (1967), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Julio Eloy (1967), intervenido por Liliam en 2021.

Me gradué en el ISDi de la especialidad de Vestuario, aunque en los primeros años estudié diseño gráfico o informacional, como le llaman en la escuela. No sé si desde el ISDi, pero cuestionar, subvertir, pensar siempre han sido constantes en mis creaciones. Recuerdo un ejemplo: un evento que realizó la UNEAC [Unión de Escritores y Artistas de Cuba] en el 2002 de un proyecto llamado “Palomas”.

El evento consistía en una pasarela de artistas reconocidos cubanos: cantantes, actores, etc. Ellos vestirían ropas creadas por varios diseñadores. La idea era que estos grandes artistas pudieran acceder a una ropa nueva. La verdad es que era penosa la situación, porque los diseñadores, muchos de ellos consagrados, tampoco tenían recursos para regalar. Yo, junto a tres diseñadores más del ISDi, Yohosory Cardo, Ivette Corcho y Robertiko Ramos, formamos un equipo y decidimos hacer nuestra parte con ropa reciclada. Le pusimos a nuestras piezas LQA, que significaba Lo Que Aparezca, y reunimos donaciones para fabricar las piezas. Entre nuestros modelos recuerdo a Bárbaro Marín. Ellos nos apoyaron, pero no fue algo bien visto. Nosotros queríamos mostrar la dura realidad de cualquier producción en Cuba. A una de las piezas, un t-shirt con gráfica institucional cubana que tenía un dibujo de la isla de Cuba, le agregamos unas lentejuelas. Los artistas no quisieron mostrarlo por miedo a represalias.

Cartel original de Faustino Pérez (años setenta), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Faustino Pérez (años setenta), intervenido por Liliam en 2021.

De ahí surge el proyecto de diseño marginalia, fundado, junto a la también diseñadora Ivette Corcho, a principios de 2017. He podido leer que marginalia “elabora vestimentas que, además de su uso práctico, tienen un carácter comunicativo”. De la misma manera, “cada resultado es único, pero no elitista, es económico, inclusivo”. ¿Pudieras extenderte un poco más en estas ideas?

El origen fue un proyecto que llamé X, un par de años antes de marginalia. Fue el momento donde decidí que me interesaba la ropa de segunda mano a desarrollar como proyecto personal y no la fabricación de piezas nuevas. Esas primeras piezas, que eran todas negras, vestidos diferentes picados y empatados entre ellos, fue el punto de partida. Tuve la dicha de exponerlas en Factoría Habana como parte de la exposición D’disegno. Respuesta cubana! que reunía a casi cincuenta diseñadores.

Las próximas piezas de X, en formato de fotografías, formaron parte de la 1ra Bienal de Diseño de La Habana, en el 2016. Ya yo no vivía en Cuba desde el 2006, por tanto, tuve que viajar para participar, y fue cuando mi amiga, la diseñadora Ivette Corcho, me propone que, a partir de la idea del proyecto X, hiciéramos algo juntas en La Habana. Así surgió marginalia. Se inauguró con una exposición en La Marca gracias a Robertiko Ramos. Luego ellos se han mantenido comercializando muchas de nuestras piezas. En marginalia compartimos los principios, pero cada quien realiza su propio trabajo.

Cartel original de Félix Beltrán (1976), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Félix Beltrán (1976), intervenido por Liliam en 2021.

marginalia resume mi interés en transformar vestimenta (usable) para producir inquietud y reflexionar sobre nuestra realidad. La ropa de segunda mano te permite poner en segundo lugar la autoría, como te decía al principio, sobre todo si la usas casi tal cual, con un mínimo de intervención. También te permite crear resultados únicos a bajo costo, por eso no es elitista y es exclusivo-inclusivo.

El proyecto también está inspirado en el movimiento marginalia de Brasil de los setenta, que vino después de Tropicalia, y que fue mucho más radical y anti-dictadura. marginalia, por supuesto, es “nota al margen”, es también, como lo veo, el estado natural al que el pueblo cubano ha sido sometido. Nos han arrinconado en una isla y nos han arrebatado todos los derechos. En Cuba los marginales somos mayoría; somos una clase social.

Cartel original de Alfredo González Rostgaard (1967), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Alfredo González Rostgaard (1967), intervenido por Liliam en 2021.

La última presentación de marginalia fue en el 2019 en Factoría Habana, en la exposición Conexiones, donde veinticinco t-shirts de segunda mano fueron regalados al público a cambio de que escribieran sobre la pared un hashtag que incluyera la palabra “Cuba”. Estos t-shirts, comprados en Miami con gráficas variadas, estaban transformados. Les corté un cuadrado a cada uno de aproximadamente 40×40 cm, y estos fueron intercambiados y vueltos a coser con la intención de hacer referencia a la obra de Malévich Blanco sobre blanco, y a la idea de comenzar de nuevo, que es otra constante que me interesa.

La gráfica dentro del proyecto nace de las propias gráficas de segunda mano que vienen con las prendas y, por ende, también son transformadas. También la utilizo como herramienta de apoyo para complementar las instalaciones, en forma de carteles, encuestas, aclaraciones, textos informativos, etc. Pero me mantengo al margen, intento no poner un texto o una imagen mía dentro de las prendas.

Cartel original de Eduardo Muñoz Bach (1985), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Eduardo Muñoz Bach (1985), intervenido por Liliam en 2021.

En medio de todo esto, quisiera que te refirieras al proyecto TurnOver.

TurnOver, que significa algo así como “voltearse”, “rotación”, “un circuito”, fue la propuesta para la AIM Bienal que se realizó en el 2020 durante el confinamiento en Miami, curada por el artista William Córdova. Participamos cerca de setenta artistas alrededor de la idea de incidir físicamente de alguna forma en la ciudad. En este caso compré diez t-shirts de segunda mano, que fueron originalmente diseñados en su mayoría para campañas de apoyo a grupos sociales, eventos para diabéticos o comunidades. Son muy baratos y un poco despreciados. En la intervención usé la técnica tie-dye, que era nueva para mí. La tienda de reciclaje Goodwill, donde compré los t-shirts, es muy reconocida en los Estados Unidos y les da empleo a muchas personas. Quizás mi intención fue hacerles un updated a estos t-shirts con los tonos azules y rojos, llamar la atención sobre las comunidades y las necesidades que hay dentro de los Estados Unidos. Luego, los volví a donar a la misma tienda para que siguieran circulando.

Cartel original de Alfredo González Roostgaard (1965), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de Alfredo González Roostgaard (1965), intervenido por Liliam en 2021.

Has dicho: “Estimulada por el proceso vernáculo de reinvención y reparación de la costura, hice ropa experimental con materiales de bajo costo. Más tarde abandoné la producción de objetos «nuevos» y me interesé definitivamente por transformar la ropa de segunda mano con un enfoque crítico”. Este enfoque crítico ha estado muy relacionado con insertar mensajes gráficos sobre la prenda. ¿Hoy cómo entiendes esta relación?

Al principio me interesé por los procesos de decoración, reparación, y la ropa que se hacía de forma casera en Cuba. Exploré y confeccioné materiales como el satín, la guinga, los encajes, las telas de cortinas de nylon, etc., entre otros experimentos más radicales, como pintar con vinilo blanco diez blusas de segunda mano para unificarlas. El enfoque crítico está en el resultado de cualquiera de las prendas, en su estructura, en su mutilación, o a veces en forma de instalaciones dentro de espacios expositivos.

Siempre tengo en cuenta la gráfica que ellas traen y también juego con eso. Pero evito poner mi propia mano o texto como solución. Cuando hay un texto, este ha sido extraído de otra prenda. El mensaje no se inserta, sale de las propias transformaciones, del rehúso de los propios elementos de las prendas que uso.

Cartel original de René Azcuy (1970), intervenido por Liliam en 2021.
Cartel original de René Azcuy (1970), intervenido por Liliam en 2021.

Aunque has vivido en Miami, actualmente resides en Saint Etienne. ¿Qué se siente vivir en Francia y crear carteles como ese que dice: “Derechos Robados”, ese donde pones sobre los labios de Azcuy un rectángulo rojo?

Te das cuenta que sientes lo mismo donde quiera que estés. Cuba es mi lugar en el mundo, y vivir en otras partes te da una mirada desde la distancia, que a veces es más aguda que cuando estás dentro. Y ese deseo, que también es rabia y frustración ante el deseo de ver a Cuba crecer como cualquier otro país, con derechos, donde no falte la leche, ni el agua en los hospitales, y donde ningún menor vaya preso, son las cosas que te hacen robarte el beso de Azcuy para convertirlo en un grito de ¡basta!

En estos momentos, ¿qué proyectos desarrollas?

Se acaba de imprimir un libro sobre la obra del artista Tomás Esson que he diseñado con el ICA [Institute of Contemporary Art] en Miami. Ha sido un privilegio para mí, por supuesto. Uno de los carteles que rediseñé en contra de la XIV Bienal de La Habana se encuentra en estos momentos como parte de una exhibición en Miami, en el Museo Americano de la Diáspora Cubana. Estoy terminando un curso en tecnología textil en Lyon, para experimentar las nuevas tecnologías (láser, fabricación 3D, etc.) junto a la ropa de segunda mano. marginalia es un proyecto permanente, donde quiera que esté. Y espero poder seguir contribuyendo a visualizar la situación de Cuba.

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