‘Limbo. Hola y Adiós’, una videoinstalación sobre biografía y emigración en Cuba

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Imagen tomada del video promocional de ‘Limbo. Hola y Adiós’, Marcel Márquez, 2020

“Mis palabras nunca son apropiadas, pues mi cerebro se comunica tras imágenes”, me dice Marcel Márquez Martínez (La Habana, 1985) en una conversación que tenemos por WhatsApp. En esta conversación me cuenta que estuvo en el Museo Nacional de Historia Estadounidense y que ahí le contaron, de manera un poco distinta a como se los contaron en Cuba, los sucesos acaecidos a principios de la Revolución cubana –en medio del periodo acuñado por el periodista estadounidense Walter Lippmann como “Guerra Fría”– que condujeron al éxodo masivo, y por lo general solitario, de miles de niños cubanos hacia Estados Unidos.

Entre 1960 y 1962, llegaron a Estados Unidos alrededor de catorce mil niños cubanos en un proceso migratorio conocido como Operación Peter Pan, coordinado por el cura de origen irlandés Bryan O. Walsh, con el auspicio de la Administración de Eisenhower, bajo el supuesto de que el Gobierno de Fidel Castro preparaba una ley mediante la cual quitaría los niños a los padres y los pondría bajo la custodia del Estado.

El artista visual cubano Marcel Márquez no fue uno de esos catorce mil niños, pero enfatiza que los procesos migratorios en Cuba pertenecen a una biografía nacional que, si bien para los cubanos que crecen en la isla está asociada a una inconsciencia fragmentada, dada la parcelación que impone el poder del Estado a la enseñanza de la Historia, sí forma parte de una sensibilidad sistémica que atañe a todos.

Quizá por eso me especifica que Limbo. Hola y Adiós, su última videoinstalación presentada el pasado 6 de octubre de manera virtual en el Espacio Cabrera, es un gesto autobiográfico. El Espacio Cabrera es organizado por la Universidad de Palermo y persigue la “invención de un territorio propio en el mapa cultural de Buenos Aires”, con el objetivo de “captar y fomentar las diversas manifestaciones urbanas que emergen en la actualidad”.

Bajo la necesaria reclusión que ha impuesto la Covid-19, los últimos encuentros semanales del Espacio Cabrera no se han podido realizar en su sede, construida sobre la base de un viejo taller mecánico en Buenos Aires, y se han trasladado al espacio virtual. En este escenario, el artista cubano presentó Limbo…, un registro audiovisual instalativo que explora los procesos migratorios como dispositivos de reconstrucción historiográfica; como pretextos para plantar (para problematizar) un impulso alegórico –la migración– que asume la memoria y la desmemoria en un contexto tan marcado por el éxodo como el cubano.

Conocido como MiniMaxVj (“mínimo de recursos, máxima calidad”), Marcel Márquez empezó haciendo videoperformance y documentando sus acciones de intervención en la ciudad mientras estudiaba en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro (2002-2006). Luego estudió en la Cátedra Arte de Conducta (2005-2007), coordinada por la artista cubana Tania Bruguera, donde la inserción social era casi una condición.

Márquez, además, estudió de manera inconclusa Diseño Escenográfico en la Universidad de las Artes de Cuba (2008-2010). Dentro de su producción creativa en el país podemos destacar, entre otras, Bajo condiciones difíciles (2007-2009); Las pistolas rosadas (2008-2009); e Isla mapeada en Grupo (2012-2014), primer colectivo de video mapping cubano.

Desde enero de 2019 vive en Argentina y se autodenomina, como me dijo hace unos meses cuando lo entrevisté a propósito de Jungla de asfalto, “un productor de sentidos y metáforas de audiovisuales rítmicos”. Especialista en la técnica de video proyección mapping, Marcel estudió Arte y Robótica en la Universidad del Museo Social Argentino y actualmente cursa estudios de Artes Multimediales en la Universidad de Palermo.

Con una mirada crítica, nada complaciente, Marcel construyó Limbo… a partir, sobre todo, de una perspectiva autorrefencial. Aunque en el proceso de investigación utilizó documentos de archivo relacionados con la Operación Peter Pan, epítome del desgarramiento familiar en Cuba, la videoinstalación que presentó en el Espacio Cabrera tuvo como resorte fundante su propia condición migratoria en el país austral.

Por eso prefirió estructurar la pieza a partir de varios arquetipos: el aeropuerto, los ruidos en el aeropuerto, los llamados en el aeropuerto, las despedidas en el aeropuerto, la risa y el llanto en el aeropuerto. Todos estos sistemas significantes se imbrican en Limbo… con un gesto: la mano que se mueve hacia los lados en señal de despedida o de recibimiento: hola y adiós.

“Apuesto por el arte que es capaz de expresarse, de comunicar, de diseñar su puesta en escena para poder comunicar. Limbo… invita a amar y a dejar de un lado y del otro las diferencias”, especifica Marcel cuando le pregunto por su postura como artista en relación al exilio cubano. Marcel es cauteloso. Marcel me escribe que medita en sueños:

“Si recoges cien hormigas negras y cien rojas y las pones en un jarro de vidrio nada pasará; pero si tomas el jarro, lo sacudes violentamente y lo dejas en la mesa las hormigas comenzarán a matarse entre ellas. Las rojas creerán que las negras son las enemigas, mientras que las negras creerán lo contrario, cuando el verdadero enemigo es la persona que sacudió el jarro. Lo mismo ocurre en la sociedad. Antes de ponernos a pelear entre nosotros, debemos preguntarnos ¿quién sacudió el jarro?”

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