James, el más refinado especialista de la literatura anglonorteamericana, debía mirar con desconfianza a ese polaco áspero que escribió obras maestras tan extrañas.
Fernando Ortiz, acaso sin proponérselo, ayudó a legitimar una gnoseología racista que dividirá irreparablemente al negro y al blanco cubanos hasta el día de hoy.
Los instantes oníricos en 2666 aparecen sobrecargados de significados: de la representación literaria y del inconsciente del texto (no el de los personajes).
“Me gustan mucho los primeros años de mi diario porque allí lucho con el vacío total: no pasa nada, nunca pasa nada en realidad” (Ricardo Piglia, Crítica y ficción). Las palabras del escritor argentino son quizás la mejor introducción...
Como Piñera, Herzog asume el cuerpo en su rebeldía que evita ser descodificado; el cuerpo entregado al éxtasis de la verdad, a la ética de los valores táctiles.
Ni la fe ni su negación son suficientes para Sarduy. Solo la escritura misma parece complacerle: su último reducto ante los embates de la enfermedad y la desdicha.
En el proceso de estudiar las figuraciones literarias del andrógino en el imaginario romántico encontré, en el margen de la literatura, las memorias de Herculine Barbin, trágica historia de un hermafrodita fisiológico de mediados del siglo xix. Se trata...