¿Por qué se empeña en recordar la no ficción latinoamericana? Diálogo con la cineasta dominicana Victoria Linares Villegas

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Fotograma de ‘Lo que se hereda’, Victoria Linares, dir., 2022. CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA.
Fotograma de ‘Lo que se hereda’, Victoria Linares, dir., 2022. CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA.

La queja de Sergio en Memorias del subdesarrollo en torno a la fatídica condición del subdesarrollo como productor de individuos apenas dotados para la provisionalidad implica que esta clase de sujeto no sabe o puede producir autoconocimiento, sino apenas reaccionar al estado cambiante de sus circunstancias. Ante la imposibilidad de edificar apegos duraderos, el acto de recordar vendría a ser una actividad que, más allá de cualquier rasgo contemplativo nostálgico, supone dotar de sentido a una trayectoria que dibuje los diseños posibles del futuro a partir de detectar los orígenes del presente. Y, con ello, saber dónde se está para, presumiblemente, atisbar un trayecto.

Cuando el cine latinoamericano contemporáneo, sobre todo su no ficción, insiste en revisar asuntos del pasado (y se nota que esa tarea toca sobre todo a los cineastas jóvenes), uno comprende que la producción de políticas de la memoria tiene que ver con cuestionar la dictadura del presente que nos gobierna. Mirar atrás es en el cine de la región, más que cuestionar las historias oficiales, debatir los imaginarios que nos definen como ciudadanos y hacer que lo provisorio adquiera sentido como acto de conocimiento. Como el propio Sergio, que “ha visto demasiado”, ese creador aspira a saber lo suficiente para ver más lejos.

Pero a la realizadora dominicana Victoria Linares Villegas no le interesan las preguntas más resonantes. Sus interrogantes parten del ámbito privado, de su propia familia, que es la historia más decisiva. El empuje autoetnográfico de su cine propone que entenderse es el primer paso para entender al otro. De ahí que, tras descubrir la cineasta que tuvo como primo lejano a Oscar Torres, un realizador que en Cuba conocimos sobre todo porque dirigió en los primeros años del Instituto de Cine (ICAIC) el filme de ficción Realengo 18 (1961, en colaboración con Eduardo Manet), decidió consagrar su largometraje Lo que se hereda (2022) a indagar en quién fue ese hombre.

Mas, la biografía de Torres es terra incognita. Emigrante, intelectual, homosexual y artista, a Torres se le hizo imposible encontrar patria. Por ello, la presunta hagiografía que emprende Linares acaba siendo una pesquisa magnífica que dice más por las preguntas que formula que por aquello que esclarece. Y lo heredado supone en el caso de Linares más que algo ajeno y remoto, una estación del conocerse. De ahí que, al sumergirse en lo extraño, termine sabiendo más de sí misma.

Sobre ello conversé con la joven cineasta, cuya película acaba de tener su estreno latinoamericano en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI).

Dean Luis Reyes

Fotograma de ‘Lo que se hereda’, Victoria Linares, dir., 2022. CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA.
Fotograma de ‘Lo que se hereda’, Victoria Linares, dir., 2022. CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA.

Te confieso que temí al ver tu película la imposibilidad de obtener información sobre el personaje central, Oscar Torres. Por ello me alegró sobremanera ver cómo usaste eso a favor de tu relato. ¿Cómo fue la construcción del guion y del proyecto de producción, cómo diste con esa estructura final, teniendo en cuenta que tu pesquisa apenas obtiene resultados concretos?

Podría decir que lo que me hizo querer contar esta historia fueron las grandes similitudes que tenemos Oscar y yo. Sobre todo, partiendo desde nuestra sexualidad. Sabía que no contaba con gran información sobre Oscar, que no iba a ser suficiente lo que pudiera encontrar. Todo empezó con la idea de entrelazar nuestras historias yendo a muchos lugares donde él estuvo antes, pero al llegar la pandemia nunca pudimos viajar. A partir de esos baches, empezamos a construir con lo que habíamos filmado en tres semanas de rodaje. Pero la estructura siempre estuvo ahí desde el inicio del desarrollo. También durante el montaje se pensó mucho en el archivo histórico para contar lo que no se podía replicar. Al final, las recreaciones se pensaron para visualizar lo que nunca se recuperó en imágenes.

Sobre la manera en que abordas la autoetnografía… Poner a actuar a tus propios familiares, ¿lo imaginaste como una forma de abordar el perdón, la memoria familiar y el afecto, o sea, como algo terapéutico, o decidiste obligarlos a entrar en tu mismo proceso de búsqueda?

Sabía que mi familia iba a tener un pequeño espacio dentro de la película, que terminó siendo mucho mayor. Quería interrogarlos sobre la memoria, sobre la falta de importancia que se le da. En un principio íbamos a tener estudiantes de teatro leyendo los guiones de Oscar, pero luego me di cuenta de que el juego tenía que seguir dentro de la familia. Me parecía lógico también ponerlos en mi lugar. Para que entendieran mi oficio, entendieran el valor de las cosas. Algo muy lindo que sucedió después de la filmación es que surgió un sentido de cercanía que nunca había tenido antes con mi familia.

¿Qué reacciones ha habido en tu familia después de ver Lo que se hereda?

De alguna manera, la película ha creado una especie de espejo. Muchos se maravillan en su participación, en verse en los videos y en las fotos. Los más viejos se preguntan, ¿sería yo capaz de borrar a Victoria? ¿Es cierto que cree eso?

Esto de ventilar los fantasmas y zonas oscuras de la historia familiar (toda familia tiene asuntos sobre los que no se habla), ¿te parece una suerte de terapia para hablar de la familia mayor, o sea, el país, la nación?

La película tiene este juego de mirar a la nación desde los ojos de mi familia. De reflexionar sobre cómo el conservadurismo nos afecta.

Dijiste en una entrevista que en República Dominicana “nos educan para mirar hacia afuera, no hacia adentro”. ¿Consideras que hay un problema de carencia de autoconciencia tanto en tu país como en el cine que allí se hace?

No me gusta generalizar, pero puedo hablar de mis propias experiencias. Siempre fui criada y educada bajo esa mentalidad, y haber conocido a Oscar me ayudó a romper con eso.

Fotograma de ‘Lo que se hereda’, Victoria Linares, dir., 2022. CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA.
Fotograma de ‘Lo que se hereda’, Victoria Linares, dir., 2022. CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA.

En los últimos años hay sin embargo cineastas preguntándose por cuestiones que tienen que ver con el pasado, como el homenaje a Jean-Louis Jorge que hicieron Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas en La fiera y la fiesta (2019), o Perejil (2022), donde José María Cabral examina una de las zonas más complicadas de la historia dominicana. ¿Te parece que hay compromiso con la memoria colectiva en el nuevo cine dominicano?

Entiendo que ahora podemos empezar a mirarnos. Como cine nos falta un mundo, pero hay pasos firmes y confío mucho en la nueva generación que se está moldeando. No obstante, algunos trabajos actuales carecen de reflexión propia. Es casi como si les diera miedo el hecho de comprometerse con cierta memoria.

Sé que tu película no quiere agotarse en la pieza final, sino funcionar como proyecto de rescate a largo plazo. ¿Cómo va el proceso para rescatar lo que queda del cine de Oscar Torres? ¿Hay avances? ¿Quiénes te ayudan en esa búsqueda?

Estoy trabajando en conjunto con la Cinemateca Dominicana y el Archivo de Imagen y Movimiento de Puerto Rico para digitalizar algunas de las películas de Oscar para poder proyectarlas acá. Espero que a fin de año podamos hacer una doble función para el Día del Patrimonio Audiovisual.

Contaste a Diario Libre que estás posproduciendo tu segundo largo. ¿Puedes adelantar algo sobre él?

Es una película de no ficción titulada Ramona sobre una actriz que, como método de preparación para un protagónico, organiza numerosas entrevistas con jóvenes embarazadas del país. Y con eso, poco a poco, el drama de sus vidas va tomando el control de la película.

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