Rafael Zarza expone ‘Animales peligrosos’ en el Museo Nacional de Bellas Artes

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Obra de Rafael Zarza (CONSEJO NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS)
Obra de Rafael Zarza (CONSEJO NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS)

El Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba acoge por estos días, en una de las salas transitorias del edificio de Arte Cubano, la exposición personal de Rafael Zarza, Animales peligrosos. La muestra se inauguró el pasado 16 de noviembre como parte de los reconocimientos otorgados al artista por su distinción con el Premio Nacional de Artes Plásticas 2020, y permanecerá abierta hasta el 13 de febrero de 2022.

Integrada por 75 obras, que resumen los múltiples formatos y soportes ensayados por Zarza durante sus más de cuarenta años de trayectoria creativa –grabado, pintura, diseño gráfico, dibujo, instalación–, Animales peligrosos es una suerte de antología que posibilita palpar el devenir estético, las variaciones estilísticas y temáticas, la conformación y reinvención de una poética, en el trabajo legado por el artista durante todos estos años.

Quizás lo más impactante de la exposición resulte su potencia política. Una condición que emana del sentido de contemporaneidad que conserva el imaginario artístico de Zarza. Por una parte, llama la atención la capacidad con que sus obras primeras –realizadas a finales de los años sesenta y durante los setenta–, dialogan con el presente insular, aun cuando a nivel temático están fuertemente atadas a sus contextos de producción. Y eso explica, en cierta medida, la agudeza intelectual de este creador: la atención a problemáticas (históricas, políticas, sociales) específicas, se articula en un corpus estético transhistórico, capaz de dialogar eficazmente con la singularidad de cada temporalidad epocal. Destaca, además, la vitalidad expresiva con que las obras más actuales interpelan el entorno cubano de hoy, al trazar un horizonte de antagonismos cívicos, enfrentamientos políticos y luchas de poder sin lo cual no se comprende la crisis de futuro vivida por el país.

Agarrotado en la punta (2020), Cállate la boca (díptico) (2020) o A´ la Luisette (2021) son contundentes en cuanto al carácter de su operatoria crítica. Zarza registra en ellas los efectos que tiene sobre los cuerpos la violencia política y el abuso del poder –representados en la censura de la voz propia, en la mutilación del sujeto, en el imperio de la autoridad–.

En estas obras y en otras tantas de las que integran Animales peligrosos se recrea un trauma histórico: el cuerpo de la res (toro, vaca, buey) es los cuerpos múltiples (el líder, las subjetividades eróticas, la masa o pueblo) de un país sometido a continuas mutilaciones… La exposición permite constatar el alcance de la autoría del artista al graficar la multiplicidad de tratamientos expresivos y temáticos experimentados por la propia res. A nivel iconográfico, indudablemente, es este motivo el que define la diferenciación de Zarza en el entorno artístico cubano. Su dimensión se palpa allí donde ha sabido sobrevolar las épocas sin agotar el potencial de esta figura. Sometida a variaciones de estilos, matizada con tratamientos de todo tipo, la res reviste todavía una vitalidad estética rotunda. Desde esa perspectiva, ya se explica el que Zarza goce de uno de los corpus creativos más orgánicos del arte cubano.

Lo mismo en el grabado –donde se aprecia una maestría sorprendente en el manejo de las técnicas, la riqueza de las composiciones, la complejidad de la figuración y del relieve temático–, que en la pintura o el dibujo, este creador exhibe una indiscutible consistencia en el tratamiento del lenguaje plástico. Su obra acusa una inteligente negociación con los códigos del expresionismo, el pop, el diseño publicitario, el collage, el comic, la nueva figuración; sin embargo, en ese estilo en el que es posible distinguir tantos referentes trenzados, late imponente una identidad visual intrincadamente personal. El ingenio de Zarza enhebra tradiciones, las metaboliza y las incorpora a una voz propia interesada en dialogar con la Historia.

Todavía la potencia política de Zarza no se explica, como tampoco la solidez de su arquitectura visual, si no se repara en otros dos motivos frecuentes en el recorrido que propone Animales peligrosos: el humor y el erotismo. Uno y otro, en muchas ocasiones entretejidos en una misma obra, sirven al artista para encauzar/perfilar sus continuas remisiones sociales, contextuales… Pertenecientes tanto al plano expresivo como a la tematización, estos motivos impregnan la creación de Zarza de una irreverencia discursiva, de una sensibilidad francamente visceral.

Así como resultan irónicas muchas piezas del autor, irónico resulta que el Museo Nacional de Bellas Artes acoja en esta muestra antológica un grupo de obras que no vieron luz pública por más de veinticinco años, dada la frontalidad con que se proyecta sobre el cuerpo político e histórico cubano. Animales Peligrosos entra a las salas de Bellas Artes sin perder un ápice del ánimo de sanción histórica que motiva sus obras.

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Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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