Este 500 aniversario de La Habana ya me parece interminable. Y, aunque el que sería su punto climático transcurrió bastante silencioso, cada espacio --institucional...
'La primera vez que entré al Hermitage y vi a Leonardo, La Madona –yo nunca lloro, soy una mujer que no llora, no me salen las lágrimas–, lloré', confiesa la pintora.
¿Por qué el ojo ve en esos espacios de Linet Sánchez, en esas maquetas que no son cajitas, a Lorenzo, a Simic y a Cornell? Todo reducido para ver bien de cerca.