'No puedo ni quiero definir mi obra. Sería estéril. Mi obra nunca ha sido más auténtica que ahora, que estoy tratando de pintar como un pintor chino o japonés'.
Flavio Garciandía no siente como tragedia el peso de la modernidad, sino que se transforma en ese ojo cínico capaz de copiar malévolamente a sus maestros.