Veinte filmes de nueve países latinoamericanos compiten en los Cinema Tropical Awards

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Fotograma de ‘Esquirlas’, Natalia Garayalde, dir., 2020
Fotograma de ‘Esquirlas’, Natalia Garayalde, dir., 2020

Cinema Tropical publicó su selección anual de las Mejores películas latinoamericanas. La rigurosa agenda de esta organización, dedicada a la promoción de autores y obras vanguardistas de la escena fílmica del subcontinente a través de ciclos de proyección, entrevistas, reseñas críticas, participación en eventos, ha consolidado su prestigio. Gracias a ello, la lista elaborada cada año, con las que selecciona las Mejores películas de América Latina, ha devenido una referencia para el público, sobre todo para cinéfilos y miembros del gremio, a la hora de pulsar el camino de la creación cinematográfica de la región.

Restringida a largometrajes estrenados entre el 1ro de abril de 2020 y el 31 de marzo de 2021, la selección incluye veinte producciones, procedentes de nueve países (Argentina, Brasil, Chile, República Dominicana, Colombia, Costa Rica, México, Paraguay y Perú), que competirán además en la 12a edición de los Cinema Tropical Awards. Este galardón, inaugurado en 2010, tiene como propósito reverenciar “la enorme, y en constante crecimiento, producción creativa del cine latinoamericano, y demostrar su gran calidad y diversidad”.

El grupo de filmes escogidos por Cinema Tropical en su lista de este año da fe, en efecto, de la audacia narrativa y la riqueza expresiva alcanzada por la cinematografía latinoamericana. Las películas –varias realizadas por mujeres, otras por autores debutantes, y muchas procedentes de países que apenas comienzan a tener una industria nacional propia–, ejemplifican con elocuencia por qué la filmografía de la región resulta una de las experiencias estéticas más aventuradas del audiovisual contemporáneo.

Para hacer más agudo (y diverso) el diálogo con la realidad de América Latina, nuestros realizadores están ensayando osadas experimentaciones con el montaje escénico, los códigos de representación de las minorías, la dramaturgia y las convenciones estructurales de la ficción y el documental, por sólo poner algunos ejemplos latentes en la selección de este año.

En el caso de los documentales incluidos, estos abrazan un amplio rango de proposiciones estéticas que explosionan los límites radiocanales del género, para continuar hurgando en los conflictos y las problemáticas del área. En 499 (Rodrigo Reyes, México), el personaje del conquistador Hernán Cortés es injertado en el presente mexicano para dar cuenta de la supervivencia del brutal legado colonialista. Como el cielo después de llover (Mercedes Gaviria, Colombia) expone una inteligente subjetivación del plano narrativo, resuelto con material de archivo destinado a diseccionar el yo de la propia realizadora. El trabajo con archivo se aprecia también en películas como El cielo está rojo (Francina Carbonell, Chile), donde los documentos audiovisuales de la investigación policial sirven a Carbonell para recrear el brutal incendio ocurrido en la cárcel de San Miguel en el 2010; y en Esquirlas (Natalia Garayalde, Argentina), se exponen grabaciones caseras de la infancia de la realizadora para denunciar la corrupción del gobierno de Carlos Menem.

A última floresta (Luiz Bolognesi, Brasil), Apenas el sol (Arami Ullón, Paraguay), El otro (Francisco Bermejo, Chile) y Cosas que no hacemos (Bruno Santamaría, México), son el resto de los documentales presentes en la selección, ejercicios fílmicos que descubren nuevos horizontes estéticos desde los que sumergirse en el cuerpo, el imaginario y la realidad de los sujetos latinoamericanos obligados a la otredad.

Apenas el sol –registro de los testimonios de Mateo Sobode Chiqueno sobre el pueblo ayoreo del Gran Chaco paraguayo– y A última floresta –revisión de las tradiciones de la tierra yanomami en el Amazonas– constituyen sendos alegatos sobre los valores de las culturas originarias y los embates que sufren por parte de las instancias tenidas por civilizadas en Occidente.

Documentación de la cotidianidad marginal de un anciano condenado a la soledad en las costas de la región de Valparaíso, El otro es una contundente evidencia de la lateralidad y la exclusión sufrida por las personas de la tercera edad en la sociedad actual. Mientras Cosas que no hacemos emprende una potente argumentación de la tragedia que supone para una persona trans salir del closet en ambientes extremadamente machistas.

Entre los largos de ficción que conforman la lista se encuentran algunas de las películas más galardonadas de este año a nivel internacional. Entre ellas destacan especialmente cuatro títulos de la nación azteca en los que se explora, desde diversos códigos estéticos y a diferentes niveles (personal, social, histórico), la violencia que lacera tanto la sociedad mexicana.

Nuevo orden, de Michel Franco, es una de ella. Esta película acusa, manejando ciertas pautas de la distopía, las repercusiones del abismo clasista que divide al país. También está Fauna, donde Nicolás Pereda emprende un arriesgado experimento narrativo que intercambia los niveles de realidad y ficción para describir las fracturas ocasionadas por el narcotráfico en el ámbito familiar. Aparece, además, Una película de policía, de Alonso Ruizpalacios: un filme que muestra las oscuras entrañas del mundo policial mexicano. Y Selva trágica, de Yulene Olaizola, mira al pasado colonial de México en un intento por explicar el origen de un conflicto racial que no acaba todavía. De México se encuentra, además, el segundo largometraje de Pablo Escoto, Toda la luz que podemos ver, una narración de tintes épicos que pretexta una historia de amor para recrear pasajes de la historia del país.

Dirigida por la costarricense Paz Fábrega, otro título especialmente significativo de la selección es Aurora: un relato que reflexiona sobre el aborto y la dominación del cuerpo femenino a partir de la prístina relación de amistad entre Lucía, una arquitecta que rebasa los cuarenta años, y Yuliana, una adolescente que se descubre embarazada y está condenada a ocultárselo a su familia. La realizadora argentina Ana Katz es otra mujer que está prestigiando la creación dentro de la producción cinematográfica del subcontinente. Con El perro que no calla vuelve a demostrar el vigor artístico de su autoría, al recrear un universo enigmático, resuelto con un expresivo trabajo fotográfico en blanco y negro y una arriesgada apuesta narrativa.

Completan la selección de Cinema Tropical cinco óperas primas: Liborio (Nino Martínez Sosa, República Dominicana), Madalena (Mariano Marcheti, Brasil), Casa de antigüedades (João Paulo Miranda Maria, Brasil), A nuvem rosa (Iuli Gerbase, Brasil) y Samichay: en busca de la felicidad (Mauricio Franco Tosso, Perú).

Un jurado internacional, integrado por prestigiosas personalidades de la industria audiovisual, el mundo del arte y la crítica especializada (Isabel Fondevila, Giulia D’Agnolo Vallan, Haden Guest, Jaie Laplante, Ignacio M. Sánchez Prado y Josh Siegel) será responsable de otorgar los premios de esta 12a edición de los Cinema Tropical Awards. Los ganadores –se concursará en las categorías de Mejor película, Mejor dirección y Mejor ópera prima– serán anunciados en una ceremonia especial en línea el jueves 18 de enero.

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